Calma cambiaria de largo plazo depende del acuerdo con el FMI

21 de junio, 2021

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En los últimos años, el tipo de cambio estuvo en el centro de escena económica, debido a la fragilidad estructural que presenta nuestro país en la acumulación de divisas. El impacto económico de cada devaluación terminó siempre en una disparada de los precios y la pérdida generalizada del poder adquisitivo. Más pobreza, más indigencia y menos empleo, han sido las contracaras de esos procesos.

Un informe de la consultora Ecolatina señaló que el horizonte cambiario parecería estar controlado en el corto plazo, incluso hasta la llegada a las elecciones. Mirando un poco más allá de ese horizonte corto, un nuevo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), aparece como necesario para evitar posibles presiones en el tipo de cambio oficial.

Según Ecolatina, “actualmente el dólar oficial parece tan calmo como controlado”. En 2021, con el afán de utilizar un ancla cambiaria para reducir la inflación, el Banco Central redujo sensiblemente la tasa de depreciación del peso: entre marzo y mediados de junio, el dólar avanzó poco más de 6%, mientras que la inflación acumularía 16% en el período.

El trabajo consignó que, en términos históricos, la competitividad del tipo de cambio se encuentra en línea con el promedio de los últimos 25 años. Tal como detallaron, esto implica que es 50% más caro que en el cierre de la convertibilidad, 30% mayor a los meses previos al salto de 2018 y 2019 y 20% más competitivo que en la media del período 2012-2015.

“Teniendo en cuenta la volatilidad de esta variable y su tendencia a correrse fuertemente entre extremos, mantener un tipo de cambio estable en un valor cercano al promedio, evitando en simultáneo un salario en dólares deprimido y una pérdida de competitividad de nuestros productos, podría ser una alternativa deseable. Sin embargo, algunos motivos podrían hacernos pensar que una comparación histórica no alcanza para afirmar que el tipo de cambio seguirá estable en el mediano plazo”, consideró Ecolatina.

Los números macro

El año pasado, Argentina tuvo un resultado externo positivo. El informe consignó que ese saldo fue producto de un superávit en el comercio de bienes, un saldo de servicios muy acotados y un saldo de rentas disminuido por la reestructuración de la deuda privada, además de las restricciones al giro de utilidades y dividendos de las empresas.

Si bien el balance externo respondió a “factores transitorios”, el resultado de cuenta corriente presentó un ingreso de divisas por US$ 3.000 millones. “En 2021, esperamos que este saldo vuelva a ser positivo, en una magnitud que dependerá de la continuidad del precio de las commodities (que siguen en valores altos pese a la baja relevante en los últimos días) y la recuperación económica local e internacional”, proyectaron los especialistas.

En cuanto al panorama global, Ecolatina espera que los socios comerciales de nuestro país crezcan en 2021, incrementando su demanda por nuestras exportaciones. “Por el lado de nuestras compras externas, aunque crecerán respecto del año pasado, no alcanzarán valores que pongan en riesgo al superávit comercial luego de tres años de recesión”, resaltó el informe.

Además, hay que tener en cuenta que no hay grandes pagos de intereses programados para 2021 y el giro de dividendo y utilidades parecería que seguirá restringido. “Aunque la competitividad de nuestros productos se erosiona rápidamente con el avance de la inflación, se espera que las monedas de países vecinos (particularmente el real brasileño) también se aprecien frente al dólar. Esto golpearía su competitividad, relajando nuestros problemas en este frente. Por lo tanto, los flujos corrientes, es decir, la economía real, no traerá motivos para que el dólar oficial se acelere en el corto plazo”, afirmaron.

El plano más difícil

Durante 2020, el Tesoro tuvo que realizar una importante expansión fiscal para contener los efectos económicos que tuvo la pandemia en las familias, empresas y provincias. Por otro lado, en 2021 la asistencia viene siendo significativamente menor.

En tanto, la fuente de financiamiento de ese “paquete Covid” está siendo financiada por una mayor composición de deuda en el mercado local y una menor proporción de emisión monetaria, algo “más importante para la cuestión cambiaria”.

Para Ecolatina, ese cambio de estrategia obedece al efecto de la elevada monetización del déficit el año pasado (7,5% del PIB) sobre los dólares paralelos, primero y sobre las reservas, después. En este sentido, resaltó que la asistencia del BCRA al Tesoro fue de apenas 0,6% del PIB hasta mediados de junio, mientras que en los primeros cinco meses de 2020 había rozado el 4%.

A la vez, los agregados monetarios tampoco están creciendo significativamente por otras vías. En 6 de los últimos 7 meses, la suma de la base monetaria, los depósitos privados a la vista y los plazos fijos se contrajo en términos reales. “Esto indica que la emisión récord del 2020 está quedando atrás, no solo a través de la menor asistencia al fisco, sino también por la absorción vía Leliq y pases”, comentó la consultora en su informe.

“Más allá de esta dinámica positiva, las reservas netas continúan en niveles delicados”, subrayó el estudio. En la actualidad, las mismas superan los US$ 8.500 millones y, si bien marcan un avance de 75% en relación con el cierre del año pasado (US$ 3.800 millones), también implican una caída de 20% en la comparación interanual.

“Considerando que ya pasó la temporada alta de liquidación de divisas del agro, y que en el segundo semestre el Banco Central históricamente vende reservas en lugar de acumularlas, este número enciende algunas señales de alerta, especialmente de cara al mediano plazo”, explicaron.

Sumando la asignación de Derechos Especiales de Giro (DEG) del FMI por casi US$ 4.500 millones, los problemas parecerían disiparse. Sin embargo, considerando también los pagos a ese organismo multilateral (casi US$ 5.000 millones entre agosto y diciembre) y el vencimiento con el Club de París (U$ 2.500 millones) los mismos reaparecen. Más aún, al contemplar las necesidades de intervención para calmar al dólar oficial y paralelo durante el período electoral, el desenlace se vuelve más incierto.

Aunque el poder de fuego alcanzaría para contrarrestar las presiones en la previa a los comicios, no está claro que lo pueda seguir haciendo después de noviembre. “Si bien la situación fiscal viene siendo más austera que durante el año pasado, y de ahí parte de las menores presiones cambiarias, el panorama de las reservas netas también es algo más complejo, de modo que no es posible asegurar que esta calma cambiaria se extienda más allá de los próximos meses”, alertaron los especialistas.

El BCRA y el ritmo del dólar

Para Ecolatina, nunca se puede descartar la posibilidad de una suba del dólar en la Argentina: la clave para saber si el Gobierno podrá sostener al tipo de cambio en estos niveles será la disponibilidad de reservas internacionales netas. Este activo del Banco Central se redujo más de 60% en 2020, acercándose a sus mínimos históricos. En lo que va del 2021 viene recuperándose, pero su stock todavía es muy acotado. No obstante, la aparición de shocks o el aumento de la incertidumbre “podrían gatillar una corrida, aun en ausencia de factores objetivos para una suba”.

En este aspecto, el principal uso de las reservas en los próximos meses está directamente relacionado con la negociación con el FMI. “Si las autoridades logran postergar los pagos a dicho organismo, la situación cambiaria tendría una perspectiva mucho más sólida -si, en el acuerdo, no se restringe el accionar del Banco Central, tal como se hizo en 2018-”, aseguraron.

Por el contrario, de mantenerse el calendario de pagos actual, en 2022 Argentina debería afrontar vencimientos por más del doble de las reservas netas, algo imposible de realizar. “Así, la sostenibilidad de la estrategia dependerá de despejar el horizonte de vencimientos internacionales de los próximos años: sin un acuerdo con el FMI que ayude a descomprimir los pagos será difícil mantener la calma”, concluyó Ecolatina.

Está descontado que no habrá acuerdo con el FMI hasta las elecciones. La gran pregunta es si vendrá después, y cuánto después. Pasado el “trimestre de oro” de los agrodólares y aun con la llegada de DEG, la situación no permite alargar demasiado los tiempos.

Otras visiones

En FMyA sostienen que el dólar oficial seguirá devaluando poco hasta las elecciones o hasta que la inflación este cómodamente debajo de 3%. “El mercado cambiario en los próximos meses estará más ajustado, pero el BCRA tiene aún ‘colchón’ para manejarlo con reservas netas y mejoró su posición de dólar futuro”, sostiene el informe de la consultora que lidera Fernando Marull. “Para después de las elecciones, proyectamos que el BCRA acelerará la devaluación para ‘recuperar’ la competitividad perdida en 2021”, agrega FMyA.