Estadistas, se buscan

21 de mayo, 2020

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Por Aníbal Guillermo Kohlhuber Ex Síndico General Adjunto de la Nación

 

No hay dudas de que nos encontramos en un momento y con circunstancias verdaderamente críticas. Por un lado, nuestro país viene registrando, desde hace varios años, una baja performance en su gestión económica financiera y social, además, como si esto fuera poco, nos toca, como a todos los países del globo, en mayor y menor medida, la varita mágica de la pandemia Covid-19.

 

El actual gobierno, muy atinadamente, supo tomar decisiones para unir a los diferentes actores políticos y realizar una serie de actividades que resultaron, hasta el momento, razonables para sobrellevar la situación de la salud pública. Esto ha permitido no tener que sostener situaciones de extrema gravedad humana como les ocurre a varios países del mundo.

 

Sin embargo, preocupa no solo el hoy sino lo que viene.

 

Los que los economistas más destacados avizoran es que, producto de la gran emisión monetaria que se está, y seguirá realizando, para salir de la parálisis económica general, es altamente probable que, en muy poco tiempo, se desate la tormenta de la hiperinflación y como consecuencia de ello el desabastecimiento, el aumento profundo del desempleo y consecuentemente el incremento de la pobreza. O sea, otra vez repetimos situaciones que parecían lejanas en la historia. Esto nos llevaría a registrar una pobreza que antes de la pandemia rondaba el 40% y que ahora se espera que sea mucho más.

 

El efecto, también va a repercutir en las empresas, los trabajadores, los sindicatos, los profesionales, o sea que, de esta catástrofe no se salva nadie. Solo podrán hacerlo quienes tengan suficientes reservas económicas para capear el temporal y aprovechar, como otras veces lo han hecho, la oportunidad de enriquecerse más con el pesar de los otros y bajo una situación de emergencia.

 

Por esta razón, al país solo se lo construye entre todos. Seremos una sociedad mejor si en ella estamos la totalidad de los actores tirando para el mismo lado.  Cediendo y apoyando, pero equitativamente. Para que una vez por todas no nos sigamos lamentando por lo que no hicimos y nos podamos alegrar por lo poquito que supimos hacer. Sin duda, los/las estadistas deberían tener las habilidades que resulten necesarias para construir, con toda la carga histórica de prejuicios y bajo las actuales condiciones, un verdadero diálogo de dirigentes que nos posibilite, más allá de la tormenta, ver dónde estamos, cómo vamos a intentar sobreponernos a esas dificultades y cuánto nos queda para llegar a la otra orilla.

 

Esta Argentina en la que vivimos, amamos y sufrimos tanto, nos debe hacer pensar si será el momento para que nos permitamos la posibilidad de repensar nuestra estructura impositiva, los mecanismos de aliento a la inversión, las regulaciones en los servicios y la producción, los modos y regulaciones  laborales para un mundo moderno, los sistemas de beneficios sociales y pensiones, el endeudamiento público, la importancia de nuestra moneda, el sistema educativo, la manera como se brinda seguridad, entre otras cuestiones; de forma tal que nos permita ilusionarnos con una Argentina más justa y equitativa.

 

Nuestro país, que tiene todos los recursos necesarios para producir y que, si se hacen las cosas adecuadamente, dispone y puede proveer de insumos que el mundo va a necesitar en los próximos años, se le presenta la gran oportunidad estratégica de encarar este desafío. Recomiendo leer para esta ocasión el libro de Osvaldo Rosales (Cepal) denominado “El Sueño Chino”, en el cual expone, muy sintéticamente, la historia y el sufrimiento por un siglo, dominado por humillaciones y los planes actuales de superación.

 

Creo que la pandemia nos permite reflexionar acerca de nuestro rol individual e institucional. Nos hace preguntarnos para qué somos útiles y qué hacemos o hemos hecho para que nuestro querido país se encuentre mejor.

 

En lo que a mi temática respecta, me pregunto si los sistemas de control nacional, provincial y municipal tienen las características suficientes para dar una respuesta en tiempo y forma que demuestren estar a tono con las necesidades de transparencia que requiere nuestra sociedad de hoy. En este campo podríamos ver los distintos esfuerzos internacionales por intentar, ante un momento tan particular, seguir ejerciendo este rol. Aquí destaco a modo de benchmarking las experiencias de otros países como Brasil[1], Chile[2], Estados Unidos[3] y Perú[4]que de algún modo informan a la población cómo su país está gastando su dinero en la emergencia, qué se está controlando, y lo que se está opinando sobre el manejo de la administración.

 

Quizás el tan mencionado antecedente del Pacto de la Moncloa nos permita ilusionarnos con que algo en este sentido se puede hacer. Ese pacto, que fue consecuencia de la transición democrática española de 1977, acordó las bases políticas, económicas y sociales que permitieron a la Madre Patria superar circunstancias históricas de suma gravedad y que sentaron las bases de un país más próspero.

 

Esas circunstancias estaban caracterizadas por la crisis petrolera mundial originada en 1973, una inflación que rondaba el 20% y que llegó a un punto máximo de un 47% (la UE exige hoy que la inflación nunca sea superior al 3%) y la competitividad con respecto a otros países que era muy frágil. El sector industrial estaba sumido en una enorme crisis debido al atraso tecnológico y poca diversificación.

 

O sea que las crisis y los problemas no son propiedad exclusiva de los argentinos. Muchos otros han sobrellevado momentos extremadamente críticos, inclusive más difíciles que los que hoy padece nuestro país y habiendo realizado notables esfuerzos, con una mirada estratégica, les ha permitido superarlos e inclusive hoy, destacarse por sus éxitos.

 

Los argentinos somos fuertes en la adversidad, tenemos talento individual, acción solidaria y mucha gente que se preocupa por el prójimo. Podemos hacer algo. No nos convenzamos de que la respuesta es imposible. La solución no es fácil pero tampoco imposible.

 

Es cierto que el trabajo por delante es mucho, que los costos serán elevados, pero si se reparten en forma equitativa y con el objetivo de satisfacer el interés general más allá de los individuales o sectoriales estos acuerdos a los que deberemos respetar por muchos años nos podrán permitir acercarnos a una Argentina mejor.

 

 

[1]Tribunal de Cuentas da Uniao de Brasil, https://portal.tcu.gov.br/imprensa-1/noticias/detalhes-8A81881E71116C2501711DAE05A71776.htm

[2]Contraloria General de Chile, https://www.contraloria.cl/web/cgr/covid19

[3] General Accounting Office (GAO) https://www.gao.gov/pandemics/

[4]Contraloria General de Perú, https://www.contraloria.gob.pe/wps/wcm/connect/cgrnew/as_contraloria/as_portal

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