La hora de la infraestructura

1 de abril, 2020

Por Patricio Cavalli (*)

 

Aclaremos antes de empezar: la pandemia no terminó, hay personas muriendo, el contagio puede seguir y al escribir estas líneas, todavía hay que quedarse en casa.

 

No importa lo que pase, quedarse en casa.

 

Pero, como empresarios y empresarias, nuestro deber es mirar al día después, venga de la forma en la que venga, y tratar de planear para ello.

 

Y lo que nos toca planear no son políticas de seguridad, sanidad y alimentación sino la forma de continuar con los negocios.

 

Tengamos algo perfectamente claro: el mundo, y el mundo económico, continúan después de la pandemia. Claramente, distintos. Y claramente, hoy no vemos el final. Pero hay un mundo económicamente funcional al final del túnel.

 

Según la periodista Clarisa Herrera (La Nación): “Con millones de personas aisladas, son tiempos donde se reescriben los códigos de la compra y puntualmente, los del e-commerce, hacia espacios más interactivos, experienciales y en tiempo real”.

 

En ese contexto, la consultora de investigación Trendsity identifica varias tendencias a priori que podrían habilitarse en el nuevo escenario. “Marzo parece haberle puesto al mundo un freno: asistimos a una reorganización mundial frente al avance del Covid-19 que es la más significativa en muchas décadas. Todos los aspectos de nuestra vida en sociedad (trabajo, salud, ocio, educación, vínculos, entretenimiento, etcétera) están bajo la lupa y en plena transformación. [Entre] algunos de los cambios y comportamientos sociales que emergieron en este mes de inusitada ebullición global, encontramos las siguientes megatendencias: la hora mundial del trabajo remoto; la vuelta de la globalización a la aldea; biometría, algoritmos y geolocalización: ¿salvación o vigilancia masiva?; el ‘efecto resistiré” (vivir entre los balcones de la esperanza y la vida indoor) y la ‘vida en cuarentena’, con su mundo en standby”.

 

En muchos escenarios, de todas formas, se habla en términos apocalípticos. Es en buena parte el “efecto burbuja” de pasar tantas horas en las redes sociales y de ver la ordalía de series y documentales sobre virus y pandemias que nos empuja el algoritmo de Netflix. También, es el miedo natural de estas situaciones.

 

Pero la idea de que en este escenario sólo habrá perdedores es ridícula y, para peor, derrotista. Habrá ganadores y perdedores.

 

Pero, habrá ganadores.

 

Y si queremos ser parte de ellos, tenemos que estar entre quienes se puedan alinear rápidamente con el nuevo orden económico.

 

En ese nuevo orden habrá, sí, perdedores: el retail físico, los productos de lujo, hoteles y destinos turísticos. Los ganadores serán el sector farmacéutico, la realidad virtual, los medios online, MOOCs y tecnología en general. Y en el medio quedarán los inciertos: cines, teatros, universidades, transporte público, salud y prepagas, etcétera.

 

¿De qué lado nos ponemos? Es una pregunta fácil. ¿Lloramos por el hermoso mundo que perdimos, ese que recordamos lleno de arcoiris y ríos de chocolate, o nos ponemos a construir el nuevo?

 

Que quede claro. El mundo nuevo es nuestro mundo. No de los líderes que no supieron ver este desastre, ni planificar ni prepararnos para él. Es de los hombres y mujeres que trabajan para crecer, ganar dinero, cuidar a sus familias, superarse y prosperar.

 

Y que después de logrado eso, trabajan para sumar al bien común. No podemos ser islotes de prosperidad en un océano de miseria.

 

Y para prosperar, lo que necesitamos son menos palabras -incluidas estas- y más acciones. Cosas concretas. Tecnología de punta. Y, sí, un shock masivo de infraestructura.

 

Es poco serio pensar que podemos liderar un nuevo mundo, o reconstruir una economía en decadencia, con caminos rotos y videollamadas que se caen cada veinte minutos.

 

Después de #coronavirus y #chinalied, el hashtag más usado de la primer semana de cuarentena en todo el mundo fue #FOMO. O sea “Fear of Missing Out”. ¿Qué me pasa si me quedo sin conexión en casa? ¿Cómo trabajo, cómo estudio, cómo voy a clase, cómo me conecto con amigos, cómo celebro mi cumpleaños?

 

Va a ser inaceptable de ahora en más que una casa se quede sin conexión por más de uno o dos días. La conectividad va a pasar en breve a ser un servicio esencial, como la luz o el agua. La carga que tendrán las empresas de telecomunicaciones va a ser enorme.

 

Pero poco pueden hacer los carriers si el país -y el mundo- no están bien conectados. Si no hay suficiente banda ancha, torres y fibra óptica.

 

No es sólo un tema del sector privado. Esto requiere una inversión masiva también del sector público. Así como reclamaremos mejores escuelas, mejores hospitales y mejores servicios, tenemos que exigir mejor conectividad.

 

¿Por qué? Hay varios vectores. Y el primero tiene que ver con el giro masivo de productividad que se dará hacia las empresas de IT.

 

Según Carlos Farfan, CEO de Practia: “En los próximos 60 a 90 días, el sector de IT va a ser clave para mantener funcionando la economía. Porque el ‘volver a lo normal’ va a llevar unos cuantos meses y muchos de los insumos básicos van a ser insumos de tecnología de la información. En muchos casos, hay empresas muy bien preparadas, y en otros hay miles de personas con conexiones hogareñas muy precarias. Trabajar en esta nueva modalidad, con tanta gente trabajando de forma remota, vamos a tener que ver otro modelo de liderazgo, de trabajo y contención de las personas. Volver a ponernos en marcha va ser un gran desafío”.

 

La infraestructura en Argentina no es pésima, pero puede -y debe- ser mucho mejor. En este caso, lo que es ‘suficientemente bueno’, no es suficientemente bueno.

 

Según Josefina Hernandez, Directora de Legales y Asuntos Públicos para Argentina y Paraguay de American Tower y miembro de la Comisión Directiva de la Cámara de Informática y Comunicaciones de la República Argentina (CICOMRA): “Argentina cuenta hoy con aproximadamente 25.000 radiobases. Con miras a las necesidades de conectividad, se estima que para 2030 necesitarán, al menos, otras 43.000 para poder cubrir la demanda necesaria y estar a la par de otros países. Argentina ha adjudicado 400 MHz, por encima de los 378,6 MHz que tiene adjudicados, en promedio, la región.

 

Sin embargo, esta cifra representa sólo 20% de lo recomendado por la Unión Internacional de las Telecomunicaciones (UIT) para 2020 (1960 MHz). Esto, sin dudas, representa un punto para atender en el marco de acciones de políticas públicas. Para el caso de redes fijas, más del 50% de los accesos es a través de cablemódem y el resto es principalmente ADSL, lo cual representa una oportunidad para modernizar la infraestructura y adecuarlas a las demandas de velocidad y ancho de banda requeridas en la actualidad. La penetración de redes de acceso fija por fibra óptica hasta los hogares (FTTH), aún representa un porcentaje pequeño (5% de los hogares) y es donde vemos deberían enfocarse las inversiones”.

 

Es decir, el país está medianamente desarrollado, pero falta mucho, no está a la altura de sus vecinos y socios comerciales -Chile es el ejemplo principal- y tiene mucho que trabajar para hacer frente al shock del futuro.

 

Un futuro en el cual, de encararse un plan nacional de infraestructura, una de las preguntas clave es qué áreas deberían priorizarse. Otra, ¿qué inversión en tiempo y dinero sería recomendable hacer?

 

Según Hernandez: “En zonas urbanas, el foco debería estar en densificar las redes, en forma heterogénea pero coordinada. Esto permitirá manejar un mayor tráfico de datos móviles, así como también la posibilidad de dar soporte a la masificación de nuevos servicios y tecnologías como internet de las cosas, computación distribuida, Big Data, entre otros. Para las redes fijas, hay un espacio importante para crecer en fibra óptica al hogar en ciudades, como habilitador de servicio de banda ancha, así como también de TV y la posibilidad de una oferta comercial conjunta con banda ancha móvil. En aquellas zonas no tan densas, es una opción cubrir esta demanda con sitios que permitan dar servicio de banda ancha fija inalámbrica. Otro reto importante, es llevar acceso a Internet a las poblaciones que hoy no tienen acceso o que posee servicio con baja calidad. Esto permitirá no solamente superar la brecha digital, sino también contribuir al desarrollo y la productividad de las economías regionales”.

 

Según Farfan: “El exterior del país va a tener que salir de su propio pozo, y la que va a tener que cubrir la demanda va a ser la oferta interna. En materia de conectividad con la parte internacional va a ser clave, porque una buena parte de las empresas sale por la nube. En Argentina se hizo mucho trabajo de tendido de fibra óptica, y eso ha ayudado. Donde hay un déficit serio es en el tema de los enlaces residenciales. Hay un punto de atención ahí. Y en materia de telefonía, parece que la red de 4G viene, por ahora resistiendo bien, pero indudablemente el mundo va hacia una industria 4.0 y la cantidad de dispositivos que tenemos conectados, y que vamos a tener va a crecer. Para ser competitivos, tenemos que prepararnos mucho”.

 

Prepararnos implica en este caso un movimiento de pinzas hacia el futuro. Y no se puede esperar que las empresas privadas lo hagan. Estas pueden ser instrumentales, pero como con toda obra de infraestructura -trenes, subtes, rutas, puertos, etcétera- es el Estado quien debe ponerse a la delantera, abrir el juego e invertir.

 

Obviamente, primero el país necesitará recuperar su industria, crear camas de hospitales y pagar turnos extra de médicos y enfermeras. Pero… y este es un gran “pero”… si esos médicos tienen acceso a plataformas online de consulta, o videollamadas, las guardias médicas se van a descomprimir mucho.

 

Y no hace falta ser un genio económico para entender que -en su justa medida- las medidas keynesianas, con un Estado inyectando capital y trabajo en una primera etapa, ayudarán a encender el motor económico del país. ¿Construiremos más autopistas, o construiremos la ‘information superhighway’ de la que habla Al Gore desde hace más de veinte años?

 

La decisión es nuestra, cuando votemos, cuando compremos acciones en la bolsa, cuando elijamos a quien leer y seguir en redes sociales.

 

“¿Sabe qué pasa jefe?”, le dijo a este autor Juan Carlos Manhattan, dueño del lavadero a vapor de la esquina. “Nos creímos que el mundo era una aldea pitufa dónde todo era dale que va, dale que va, no pasa nada, lo atamos con alambre mientras aguante. Y no es así. A mí esto de la gente en casa me vino bien para mover mi negocito. Yo recibo los pedidos por WhatsApp, me hacen transferencia al CBU, paso a buscar con la bici y llevo al otro día. Si alguien quiere que le lleve algo de la ferretería de al lado, se lo llevo también. Hay que dar servicio y adaptarse. Pero si me quedo sin conexión, me mata…”.

 

No hace falta un MBA en la UCEMA para poder adaptarse al nuevo escenario y prosperar. El MBA ayuda. Pero lo importante es el mindset. Ahora, sin conectividad, no hay mindset, ni MBA en UCEMA o en la universidad de la calle que sirva. Es hora de invertir.

 

(*) Docente de la Universidad del CEMA. Las opiniones expresadas son personales y no necesariamente representan la opinión de la UCEMA.

 

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