La economía del día después

14 de abril, 2020

guzman

Por Iván Baumann Fonay (*)

 

La pandemia del coronavirus ha afectado la salud, las vidas y las economías mundiales de una manera que no tiene precedentes. Los gobiernos de todo el planeta han respondido rápida y fuertemente para atender la cuestión sanitaria y ello continúa siendo, correctamente, la prioridad. No se debe desatender, sin embargo, el enorme desafío que más temprano que tarde presentará la cuestión económica, y es necesario contar con un programa para el día después.

 

Las estimaciones del impacto en la actividad de hace tan sólo unas semanas se mostraban muy optimistas. Pronosticaban una recesión en forma de “V”, es decir, una caída fuerte seguida rápidamente de una recuperación de igual magnitud. Aún con este panorama, esto implicaba caídas de más del 30% anualizadas en el segundo trimestre.

 

La realidad probablemente sea incluso más dura. Más de la mitad de la población mundial se encuentra en algún tipo de cuarentena. En la mayoría de los casos la salida de ella será gradual, y algunos sectores tardarán varios meses en volver a alguna reminiscencia de lo que llamábamos normalidad.

 

El impacto en Argentina

 

A muchos países les tomará años recuperar el nivel de producción previo a la pandemia, y otros más regresar al nivel tendencial en el que se encontraban, si es que alguna vez lo hacen. Esta implicancia es todavía más preocupante para la Argentina, que ha estado luchando durante años para superar su nivel de producción de 2011.

 

Los datos del primer bimestre, antes de la llegada del Covid-19 al país, no permitían ser optimistas acerca de la actividad económica. En el mejor de los casos, mostraban estancamiento respecto a un diciembre que ya de por sí no había sido bueno. El “aislamiento social obligatorio” detuvo mucho del aparato productivo del país, y al igual que en el resto del mundo, algunos rubros tardarán meses en volver a la actividad.

 

Los sectores de turismo (una de las grandes apuestas de desarrollo en la gestión anterior) y entretenimiento se verán particularmente afectados. Es difícil pensar que la hotelería, el transporte de pasajeros, los cines y los teatros, vuelvan a algún grado de “normalidad” en el corto plazo. Lo mismo sucede en menor medida con los bares y restaurantes.

 

La cuarentena, además estresa al extremo la cadena de pagos. Empresas e independientes que vieron casi detenerse su facturación deben continuar con el pago a proveedores, empleados, impuestos y servicios. Esta situación no sólo consume el poco colchón de ahorro de las empresas, sino que habrá que enfrentar el repago de los créditos y diferimientos tomados en momentos donde la actividad no estará recuperada en su totalidad.

 

Irónicamente, lo que ha sido durante muchos años el gran escollo para el crecimiento (y el desarrollo) de la Argentina podría aliviar el impacto futuro, aunque sólo sería a corto plazo. La pandemia ha impactado de lleno en las Cadenas Globales de Valor, debilitado fuertemente la provisión de insumos y por ello también la producción industrial. Al estar Argentina menos insertada en las CGVs, podría retomar la producción más rápidamente al no depender (tanto) de insumos externos, y aprovechar para insertarse allí donde exista la nueva oportunidad.

 

Un plan a futuro

 

En este contexto, y sin descuidar la cuestión sanitaria, debe elaborarse un programa económico extensivo y consistente para la salida de la cuarentena. Éste deberá tener en cuenta los cambios que probablemente se verán tanto en los procesos productivos como en las costumbres de la población, tanto aquí como en el exterior.

 

Para empezar, debe ayudarse a los sectores que mantuvieron o aumentaron su producción a hacerla más eficiente, reduciendo cargas burocráticas y costos inútiles. Los servicios basados en el conocimiento, la logística y el dinero electrónico tienen grandes oportunidades y se debe incentivarlos no sólo como sostenes económicos sino como generadores de divisas.

 

La necesidad de disminuir la aglomeración de gente puede acelerar el proceso de automatización en el sector industrial, particularmente en el trabajo-intensivo. Esto es especialmente cierto en países que cuentan con disponibilidad de capital, algunos de los cuales compiten con nuestra industria. A nivel local ese fenómeno se ha intentado ignorar desde el Estado aumentando las restricciones a la importación, intensificadas desde diciembre pasado, pero con el tiempo continuar en este camino volverá la transición más costosa.

 

La demanda por nuestras exportaciones industriales podrá verse resentida en el mediano plazo. Brasil, nuestro principal destino, no se recuperará pronto. Es imprescindible adelantar la entrada en vigencia del acuerdo Mercosur – Unión Europea, sobre todo teniendo en cuenta que la desgravación de la UE sucede años antes que la nuestra.

 

Finalmente, no debe abandonarse la agenda económica original. Es fundamental avanzar con la reestructuración de la deuda que permita volver al financiamiento internacional. No hay que abandonar el sentido de consistencia macroeconómica que buscaba nuestro ministro de Economía, y en particular no se debe caer en la tentación del proteccionismo si queremos desarrollarnos.

 

Se vienen unos meses difíciles, y debemos estar preparados.

 

(*) ExDirector Nacional de Política Macroeconómica @ivanfbf

 

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