Mercado de trabajo y actividad: la estrategia de la levadura

23 de septiembre, 2019

Mercado de trabajo y actividad: la estrategia de la levadura

Por Jorge Paz

 

Una noticia que circuló mucho la semana pasada en Argentina fue el aumento que registró el desempleo: un punto porcentual durante el último año y casi cinco puntos desde 2015. Esa tasa, la del segundo trimestre de 2019 (10,6%) se asemeja a la de 1994 (12%), una de las más altas de la Historia del país, sin contar las registradas en las grandes crisis de 1995 (18%) y 2001 (20%). Aumentaron también lo que el Indec llama “subocupados demandantes de empleo” y el porcentaje de población ocupada que busca otro empleo.

 

Sostengo en esta nota que no hay razones para sorprenderse de este resultado, por demás esperable y previsible. Aprovechando la circunstancia, propongo también pensar lo que nos depara el futuro cercano. Para realizar ese ejercicio interpretativo apelo a algunos principios económicos elementales que permiten “leer” estos emergentes.

 

  • Principio número uno: la demanda de trabajo es una demanda derivada. Esto quiere decir que las razones por las cuales el empleo no aumenta es porque la demanda de trabajo permanece sin movimiento (o decrece) y esto es una consecuencia de que la demanda de bienes, o el consumo interno permanece aletargado (o cae) y que inversión se retrae. A partir de 2011, la economía, medida por el valor del PIB, ha permanecido estancada y hubo períodos en los que se observó decrecimiento.

 

  • Principio número dos: la oferta de trabajo del hogar depende de los ingresos de sus miembros. Si hay un único perceptor de ingresos que recibe el dinero que éste necesita para su supervivencia, los otros miembros del hogar pueden dedicarse a otros quehaceres: a estudiar, a cuidar familiares, o a tareas hogareñas diversas que no son remuneradas. Además, el principal perceptor puede dedicar parte de su tiempo libre a buscar otro empleo o pedir a su empleador trabajar más horas.

 

  • Principio número tres: la inflación provoca una caída en el salario y en los ingresos de toda fuente (jubilaciones, asignaciones familiares, etcétera). En términos de valores reales, hay una pérdida de poder adquisitivo que se refleja en una demanda mayor de ingresos. Esto provoca la necesidad de generar ingresos adicionales. La inflación provoca asimismo demandas diversas de recomposición que se reflejan en protestas sociales, paros, manifestaciones diversas y solicitudes de recomposición. Por su parte, las empresas quieren vender lo que produjeron y realizar las ganancias que vienen asociadas a la venta de los productos que producen y/o venden.

 

  • Principio número cuatro: siempre en el plano de la “economía vulgar”, la regida por la oferta y la demanda (quiero decir, sin discutir sus determinantes profundos), la emisión monetaria provoca inflación. El Estado se ve impelido a actuar ante las protestas y a las manifestaciones de disconformidad de la población. El presidente Mauricio Macri dijo textualmente en varios discursos “hemos escuchado el mensaje” refiriéndose a las PASO, cambió el ministro de Hacienda e impulsó medidas para reconquistar a la clase media. Se calcula que las medidas tendrían un costo de $40.000 millones y los funcionarios dijeron que ese costo será atendido con recursos derivados del nuevo escenario macroeconómico. Claramente todo esto probablemente culmine con más emisión y más inflación.

 

  • Principio número cinco: la calidad del puesto de trabajo depende de, entre otras cosas, el tiempo destinado a la búsqueda de empleo. Es uno de los sentidos que sostienen los sistemas de protección como el seguro de desempleo: darle tiempo al trabajador para reinsertarse en un puesto de trabajo de calidad. Mirado desde la perspectiva de la urgencia, cuanto menos tiempo de búsqueda de empleo tiene una persona, peor es la calidad del empleo que termina aceptando.

 

Dadas estas circunstancias era esperable lo que pasó. Como consecuencia de la recesión, la demanda de trabajo no creció al ritmo que lo hizo la oferta y aumentó el desempleo. El PIB real registró una retracción del 6% en el primer trimestre de 2019 y de 2,5% en el segundo, comparando con los acumulados de ambos trimestres del 2018. Las actividades que cayeron más fueron la industria manufacturera, la construcción y el comercio, esto es, las productoras de bienes no transables. Mirado el problema desde el lado de la demanda agregada, se observa que se contrajeron el consumo (-5%) y la inversión o formación bruta de capital fijo (-18%).

 

Las familias implementaron mecanismos de recomposición de ingresos aumentando el número de oferentes de trabajo. Esto se refleja en el aumento de la tasa de actividad. Buena parte de los miembros de las familias no consiguen insertarse en el mercado de trabajo (aumenta el desempleo) y otra parte acepta puestos de mala calidad (aumenta la precariedad y la informalidad laborales). Los ocupados buscan trabajar más horas, algunos lo consiguen y otros no (aumenta la subocupación horaria), lo cual aparece en el aumento de la tasa de demandantes de empleo. Esto lo hicieron no sólo los aportantes “secundarios”, sino también las jefas y jefes de hogar, principalmente las primeras.

 

Dada estas circunstancias es esperable lo que vendrá. La economía argentina, como el conjunto de economías del mundo en la actualidad, están centradas en el crecimiento económico. Cuando se ata el bienestar al crecimiento y la economía deja de crecer, sucede lo que sucede. Se quiere significar con esto que, de no mediar una expansión del producto, los actores económicos seguirán peleado por una pizza (PIB) que decrece en términos absolutos. Los comensales son cada vez más y la pizza de la que depende nuestra supervivencia decrece. Nadie quiere aceptar una porción más pequeña y la puja distributiva aumenta las tensiones. Alguien desesperado sale al paso aumentando la levadura (inflación) haciendo parecer que la pizza es más grande, pero en términos de materia es la misma. Lo demás es aire.