Línea de largada para una campaña atípica

9 de septiembre, 2019

campaña boletas Frente de Todos Juntos por el Cambio

¿Cuánto está definido y cuánto no? Esa es una de las preguntas. Las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias del 11 de agosto dejaron un escenario ciertamente inesperado, más por la diferencia en favor del binomio Fernández-Fernández que por el triunfo en sí. Y trazaron los contornos de un nuevo escenario. Que los cimbronazos cambiarios de las semanas posteriores parecieron consolidar. A 47 días de las elecciones presidenciales, oficialismo y oposición redefinen desafíos de una campaña que será, entre otras cosas, atípica y de intensidades cambiantes.

 

Desde Juntos por el Cambio saben que la posibilidad de acotar la brecha está atada a la “normalización” de las variables macroeconómicas, con el dólar como indicador estrella. Si se acentúa la inestabilidad corre el riesgo no sólo de alejarse más de la fórmula encabezada por Alberto Fernández, sino también de poner en juego territorios que, en otras circunstancias tendría asegurados, como Mendoza, que define la gobernación el 29 de septiembre, y la Ciudad de Buenos Aires, unificada con la presidencial, plataforma de lanzamiento del PRO como fuerza.

 

Si esa “normalización” es posible en breve, Juntos por el Cambio podría aspirar a dar pelea y replantear sobre la marcha sus objetivos. La elección en Mendoza, precisamente, puede ser un punto de inflexión consideran en Casa Rosada. Hasta entonces, predominará la moderación en las formas, el trabajo más territorial y una confrontación de baja intensidad. Si Rodolfo Suárez es electo, estiman, el hecho puede ser un incentivo mayor para ingresar en otro estadio de la campaña nacional, más circunscripta a la confrontación más dura, con el objetivo de descontar.

 

Desde el Frente de Todos parten con el respaldo importante de las PASO. El espacio ganó en 22 de los 24 distritos y pretende consolidar la performance. El triunfo en la provincia de Buenos Aires de Axel Kicillof sobre la gobernadora María Eugenia Vidal, en especial. Por su carácter fuertemente simbólico y por el peso del distrito en términos de electores. En este comienzo de campaña, el Frente tiene el desafío de hacer equilibrio entre la necesidad de mostrar su esquema de gobernabilidad posible y el riesgo de exhibirse más victorioso de lo recomendable antes de tiempo. Sin declaraciones altisonantes para no retroalimentar la incertidumbre de las variables económicas y con la cautela necesaria de quien se sabe con responsabilidades de gobierno en el corto plazo. Sin goles en contra, en definitiva. O sin errores no forzados.

 

Las otras cuatro fuerzas que competirán a nivel nacional por las presidenciales intentarán sumar ante el potencial deterioro de Juntos por el Cambio o sacar algún rédito de la sensación posible de partido ya definidos, según los casos. En el primer caso se anota el candidato de Consenso Federal, Roberto Lavagna, en especial. Pero también un alicaído José Luis Espert, de Despertar. O Juan José Gómez Centurión. En el segundo, el Frente de Izquierda y los Trabajadores, que intentará disputarle al Frente de Todos algunos votos por izquierda.