Así pasa la gloria del mundo, Mauricio

3 de septiembre, 2019

Mauricio Macri

Por Daniel Montoya (*) y Gonzalo Fernández Guasp (**)

 

“Sancte Pater, sic transit gloria mundi”. Cuanto acierto contenido en esa alocución latina que forma parte de la liturgia de coronación del Papa. Muchos lo vivieron en carne propia. Desde el inolvidable Juan Pablo I, el Pontífice que solo pudo disfrutar su reinado por 33 días, hasta Benedicto XVI, el actual Papa jubilado que terminó dándole vida a la parábola enunciada por Nietzsche en Así habló Zaratustra. “Santo Padre, así pasa la gloria del mundo”. La frase hoy debe resonar en las tristes paredes de Olivos, donde al saliente presidente Macri, se le deben venir a la mente una cantidad de imágenes de hace menos de un año, como aquella del G20 en el bellísimo Teatro Colón junto a los principales líderes mundiales rendidos a sus pies.

 

Aunque Argentina parecería ser la tierra del eterno retorno, nada puede hacerse con el hecho, quizá tan constitutivo de nuestra condición humana como la pulsión de querer compartir el abrigo del fuego, de no poder enfrentar el paso del tiempo. Es infalible: frente a él, somos tan impotentes como las hojas y las hormigas, ¿O por qué no, en palabras de Carl Sagan, como ese punto azul pálido que es, al fin y al cabo, la Tierra? Por lo tanto, pese al que le pese y tarde o temprano, el cambio de mandato existirá e implicará una nueva forma de articulación del poder.

 

El devenir del posmacrismo dependerá en gran medida del comportamiento del propio Mauricio Macri en esta etapa crucial.

 

Así, Alberto Fernández asumirá con los votos de más de la mitad de la población, con el respaldo de casi la totalidad de los gobernadores, el visto bueno del empresariado y la sonrisa del multimedios Clarín, e incluso con su aceptación como un negociador legítimo por parte del FMI. Por otro lado, nadie puede dudar de que Macri, como otros integrantes del gobierno, hoy tendrían problemas hasta para organizarle la fiesta de cumpleaños a Antonia. Frente a esto, surgen dos preguntas: ¿Seguirá siendo el que envíe las invitaciones? Y ¿Habrá gente dispuesta a asistir?

 

El atractivo del armado político que encabeza, se derrumbó no sólo por tener la misma habilidad de gestión que la clínica Berazategui para cuidar a sus pacientes o, el esquema de falso 9 de Sampaoli, para penetrar las defensas rivales en Rusia 2018. Sino por la implosión del polo que lo significaba, a la vez que cohesionaba la alianza. El enroque CFK-AF fue, en esencia, una jugada que marcó el final del kirchnerismo y el inicio de un nuevo momentum político. Una flecha al corazón del macrismo cuyos primeros efectos se vieron reflejados en su incapacidad para generar una campaña realista en lugar de otra basada en la oposición a un chavismo inexistente. Sobre las consecuencias que le generará cuando se encuentre fuera del poder solo podemos suponer.

 

“Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta de un solo momento. El momento en el que uno sabe para siempre quien es”, dice el magistral Borges en Biografía de Tadeo Isidoro Cruz. Pues Macri selló su suerte, el día que no aceptó levantar el guante que le ofrecía Cristina, corriéndose al segundo lugar de la fórmula. “Compartimos la condición de 50 puntos duros de imagen negativa, Mauricio” parecía susurrarle Cristina al oído. Pero al descendiente de calabreses, lo traicionó el temperamento y no atinó a otra cosa que marcar el número gratuito 0-800-Pichetto, sellando su suerte propia y, lo más peligroso, del espacio político entero que ahora no se cansa de escuchar el atronador hit #sivosquerésLarretatambién, es decir, la foto más aterradora del abismo.

 

Con el albertismo existirán menos incentivos para que los agentes que integran el actual oficialismo se mantengan unidos.

 

Mientras que la tercera fuente de votos, la de los indecisos, en estas elecciones se inclinó por el candidato peronista y no hay motivos para esperar que lo abandonen en el corto plazo, debido a la responsabilidad del actual oficialismo por la crisis económica, la demanda por un eje antiperonista va a seguir fuerte, porque es producto de la estructura socioeconómica argentina que, a pesar de todo, se mantiene. Ya lo vimos en estos días, con algunos mapas de color de Ciudad de Buenos Aires, Córdoba y la Región Pampeana. Los sectores socioeconómicos más altos, seguirán buscando la boleta no peronista por los siglos de los siglos, amén.

 

Por esto, la verdadera incógnita es sobre como se acomodará la oferta. Como se deslizó, con el albertismo existirán menos incentivos para que los agentes que componen el frente oficialista se mantengan unidos. La oposición al kirchnerismo dejará de tener sentido y, además, la ausencia del poder del Estado, muy probablemente llevará al ensimismamiento territorial y al aumento de la relevancia de personajes como Alfredo Cornejo y Horacio Rodríguez Larreta. Por lo tanto, los que ven la continuidad del equipo de ex Cambiemos, deberían exponer mejor sus argumentos. Hoy por hoy, lo único claro, es la fortaleza del gobierno entrante.

 

En tal sentido, el devenir del posmacrismo dependerá en gran medida del comportamiento del propio Macri, en esta etapa crucial donde cada hora cuenta. Al día de hoy, su clara definición política, ha sido llevar a toda su tropa al cadalso, evitando en primer término el desdoblamiento de Vidal en provincia de Buenos Aires y, peor aún, el de Larreta en una ciudad autónoma de Buenos Aires, que nunca votó junto a la Nación por el propio nombre con que fue bautizada. Autónoma.

 

Sin perjuicio de ello,así como el fútbol es la dinámica de lo impensado, Dante Panzeri dixit, nadie puede prever que de las tripas del disciplinado y hasta militarizado PRO, aparezca un Conde von Stauffenberg que, aun con un ojo menos, tenga la clarividencia necesaria para cerrarle los ojos (figurativamente) a un jefe político que, a esta altura, explora los recuerdos gloriosos de aquella velada del Teatro Colón. Así pasa la gloria del mundo, Mauricio.

 

(*) Analista político @DanielMontoya_

(**) Analista político @conurbanensis