Argentina necesita un plan de estabilización

27 de agosto, 2019

dólar estabilización

Por Ariel Abelar Consultor económico y financiero, Ex Director de Financiación Externa

 

A los economistas, más que los precios, nos importan los precios relativos: siempre expresamos el precio de un bien en términos de otro. Y el dólar no es la excepción.

 

Resulta interesante ver el precio del dólar en función de otras dos variables: la tasa de interés doméstica (como costo de oportunidad) y la evolución del proceso inflacionario (que refleja la competitividad externa en el corto plazo).

 

A contramano de los modelos macroeconómicos más difundidos, en donde “secar la plaza” bastaría para frenar el proceso inflacionario, la política monetaria híperrestrictiva no frenó drásticamente el nivel de precios. Esto ocurrió porque no operaron las restricciones presupuestarias de los agentes como estabilizadores automáticos, a pesar de una tasa de interés alta y una base monetaria real en baja.

 

Si bien el nivel de precios creció, el nivel de actividad sufre de una manera proporcionalmente menos dramática, sugiriendo un incremento en la velocidad de circulación del dinero (V). Recordemos por un instante la famosa Ecuación de Cambridge, V = T/ (M/P), siendo V la velocidad de circulación del dinero, T el nivel de transacciones y M/P los saldos reales. Una interpretación posible de la todavía elevada inflación es que los agentes intentan subsistir con la cantidad de saldos reales disponibles, impulsando al alza V como variable de ajuste.

 

Sin embargo, al cumplirse tres años de su desaparición física, es útil recordar la sugerencia de Julio H.G. Olivera acerca del carácter híbrido del origen del proceso inflacionario en economías no desarrolladas, debido a las inflexibilidades existentes en sus mercados(Seccion VIII de Teoría no monetaria de la inflación, el trimestre económico 1960), y observar la dinámica del proceso como una compleja combinación en interacción de inflación de demanda, de oferta (costpull inflation) y estructural (o de precios relativos).

 

En este marco, es conveniente caracterizar en la práctica la dinámica de las principales variables financieras del actual plan económico por un modelo basado en la compleja interacción de los dos atrasos antes descriptos: I) dólar-precios y II) dólar-tasa de interés.

 

Cuando los precios,corren por encima del objetivo del BCRA(generando atraso de tipo I), la autoridad monetaria se ve estimulada a subir la tasa (de Leliq), generando así un atraso de tipo II (dólar rezagado). Con la posibilidad de agudizar el atraso de tipo I cuando con la nueva tasa no operan de manera decisiva las restricciones presupuestarias de los agentes como estabilizadores automáticos para contener el proceso inflacionario, por ejemplo por un incremento en la velocidad de circulación del dinero.

 

Por otra parte, aun cuando este aumento de tasa podría contener(solo en parte) el componente de costos del proceso inflacionario al “anclar el dólar” de manera transitoria, pero no necesariamenteel componente del proceso inflacionario que se genera a partir del reajuste de precios relativos y la inercia inflacionaria consecuente.

 

El atraso del dólar frente a la tasa genera un período ilusoriamente transitorio de baja en el tipo de cambio, hasta que parte de los agentes que toman decisiones, consideran que es momento de realizar ganancias en términos de dólares porque está barato, y su cotización comienza a trepar impactando nuevamente en los precios domésticos.

 

Así, reaparece (una vez más) una dinámica de corrección automática de atrasos de tipo I y II, que comúnmente conocemos como “corrida cambiaria”. Se alternan de esta forma períodos de “pax cambiaria” con períodos de movimientos bruscos, siempre dejando como saldo niveles de dólar más elevados, un menor nivel de actividad (con un sendero de tasas difícil de bajar), sin lograr el objetivo de una estabilización definitiva de la totalidad del sistema de precios en simultáneo.

 

En conclusión, la estabilización del sistema necesita reconocer la existencia de todos los componentes que intervienen en el proceso inflacionario, incluyendolos actuales componentes de inflación reprimida (ej: stocks de Leliq, etcétera), sincerando las variables, y actuando de manera enérgica, simultánea y concluyente en todos ellos de una vez por todas.

 

Solo a partir de un único programa antiinflacionario basado en un acuerdo económico social amplio y meticulosamente articulado con ingredientes fiscales, monetarios, desindexatorios, cambiarios y de deuda realistas yconsistentes entre sí, la Argentina podrá ganar la batalla contra la inflación.

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