La UCR pesará en las provincias y apoyará la reelección de Macri

21 de enero, 2019

La esperada cena de la tregua entre la UCR y el PRO

 

El papel de la Unión Cívica Radical dentro de Cambiemos y su participación en el Gobierno son motivo de debate constante dentro del partido centenario. Y, como en casi todos los temas, coexisten las más variadas posiciones.

 

Las divisiones no son sólo por cuestiones ideológicas, como lo fueron históricamente, sino también por intereses. Muchos de los que están al frente de gobiernos provinciales, intendencias o sentados en las bancas del Congreso saben que no estarían allí si no existiera Cambiemos. Todos ellos, lógicamente, defienden la identidad radical, pero también procuran fortalecer a la coalición oficialista y valoran la gestión de Mauricio Macri. Hay, entonces, de arranque, una enorme diferencia de recursos institucionales. Los que gobiernan son los que más defienden a Cambiemos y al Gobierno mientras que los más críticos tienen menos poder, pero conservan influencia en amplios sectores de la base partidaria.

 

En el comienzo del año electoral, las discusiones internas están en ebullición. Aunque, vale decir, hasta los sectores más críticos de la estrategia partidaria luego de la Convención de Gualeguaychú sostienen, con matices, la continuidad del radicalismo en Cambiemos.

 

Pero las coincidencias no van mucho más allá. Los radicales (Ricardo Alfonsín en primer lugar, pero lejos de ser el único), que tienen una visión crítica sobre la gestión del Gobierno sostienen que deberían presentar un candidato propio para competir contra Mauricio Macri por la candidatura presidencial en las primarias.

 

Consideran que todo partido nacional debe tener un candidato a presidente que haga campaña con una plataforma propia y agregan que, así, se ampliará la participación popular en la primaria de Cambiemos convocando a sectores que no quieren votar por Macri.

 

Y piensan en Martín Lousteau para ese desafío. Curioso, sin embargo, porque no se trata de un radical de “paladar negro” y que siquiera integra el bloque de diputados del partido. Lousteau es una figura valiosa del sistema político y puede ser un muy buen candidato en determinados contextos, pero no es coherente postularlo para que cumpla el papel de estandarte de la ortodoxia radical. El primer problema para los que impulsan una primaria es la dificultad para encontrar un candidato que entusiasme a todos los radicales.

 

Además, la mayoría de los radicales no acompañará esa iniciativa porque entiende que se debilitaría a Macri dado que se cuestionaría su gestión durante la campaña (¿para qué presentar un candidato propio si no?) y la derrota sería muy amplia. El saldo de la primaria sería entonces debilitar a Macri que será el candidato de Cambiemos en octubre y someter a la UCR a una innecesaria derrota. Es difícil encontrarle algún beneficio a esa propuesta.

 

Esa iniciativa, además, es contradictoria con la que plantean otros radicales – y que tampoco prosperará– de compartir la fórmula con Macri.

 

A la hora de hablar de cargos y candidaturas, más allá de los posicionamientos ideológicos, la balanza se inclina completamente a favor de los que sostienen las ventajas de integrar Cambiemos y tienen las visiones más positivas sobre el Gobierno. En las próximas elecciones, Cambiemos pretende retener los distritos que gobierna y aspira a sumar otros. En las provincias en la que Cambiemos tiene más posibilidades de ganar (Chubut y Santa Cruz, entre ellas), los candidatos a gobernadores serán radicales. En los tres distritos más poblados, luego de los que ya gobierna Cambiemos, que son Córdoba, Santa Fe y Tucumán, los candidatos de Cambiemos también serán radicales. Otro tanto ocurrirá en Formosa, La Rioja, Neuquén y Entre Ríos.

 

Todos los candidatos radicales buscarán el respaldo en sus campañas del Presidente y el Gobierno. Como sostuvo un veterano dirigente radical, “se pierde credibilidad si se quiere criticar y pedir apoyo simultáneamente”.

 

Hay también, otros temas recurrentes que, a diferencia de muchos de los anteriores, no se basan en una visión competitiva sino de mayor integración dentro de Cambiemos. Por ejemplo, muchos radicales reclaman que debe haber mecanismos institucionales para ser escuchados y creen que, de haber sido así, “el Gobierno hubiese cometido menos errores”. Así lo afirman sin modestia.

 

Ambitos formales de consulta entre los socios de la coalición podría ser un rasgo de un eventual segundo período de Macri. Muchas veces se dijo que Cambiemos funcionó eficazmente como una colación parlamentaria pero no de Gobierno, una alternativa que fue descartada por Macri desde un primer momento.

 

Por otra parte, la lógica partidaria perdió mucha fuerza para determinar la integración del Gobierno. Hay figuras centrales en el actual esquema de poder como Dante Sica, Guido Sandleris, Jorge Faurié, Nicolás Dujovne, Adolfo Rubinstein y Javier González Fraga que no tienen antecedentes amarillos. Pensar en un gabinete distribuido entre funcionarios del PRO y la UCR no se condice con la realidad.

 

La UCR debe definir su estrategia, aunque resulte difícil lograr una que valga para todos los distritos. Deberá definir si lo que privilegia es marcar las diferencias con el PRO o pensar en mecanismos para contribuir a que un eventual segundo Gobierno de Cambiemos sea mejor que el primero.

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