Los privados estiman una suba de precios mayor a 3% en marzo

18 de marzo, 2016

Los privados estiman una suba de precios mayor a 3% en marzo

Los relevamientos de alta frecuencia y las estimaciones de los economistas coinciden en que la tasa de inflación del mes en curso será mayor a 3%, alejando aún más la posibilidad de que se cumpla la exigente meta oficial de 20-25%. Pese a la caída del dólar en lo que va del mes y la prudencia monetaria del BCRA, la misma inercia nominal y ciertos factores estacionales mantienen viva la llama del principal problema que arrastra la economía local desde hace una década.

Según la consultora Elypsis, que realiza hace un tiempo una amplísima medición online, los precios subieron 1,3% en la primera semana de marzo y 0,7% en la segunda. “Para el tercer mes del año esperamos una inflación mensual de entre 3% y 3,5%”, augura el informe. “La inflación interanual continúa con su tendencia creciente y se acelera. Habiendo cerrado enero con una medición interanual de 28,3% y febrero con 31,4%, a un año corrido nuestro índice registra un aumento de precios acumulado de 32,8%”, amplían desde la consultora.

Martín Polo, economista jefe de Analytica, palpita un registro similar. “La inflación de marzo la estamos calculando en 3,5% más que nada por motivos estacionales dado que impactan colegios, peajes y combustibles, que se acoplan a la inercia inflacionaria”, dice Polo en diálogo con El Economista.

¿Bajando?

Para hay algunos que hurgan más profundo y hablan de una desaceleración en el ritmo al cual suben los precios. Según el economista Martín Tetaz, “la inflación es escandalosamente alta” pero, sostiene, “está bajando”. Su argumento se basa en la evolución descendente de la “inflación núcleo” (core, en inglés), es decir, aquella que excluye a los componentes típicamente más volátiles de la canasta relevada. “En el mes que asumió el nuevo Gobierno, los precios núcleo de la economía subieron 4,5%, mientras que en enero treparon 4,1% y en febrero aumentaron 3%”, escribió hace unos días. Según esta métrica, Tetaz está en lo cierto.

En una misma partitura se encuentra Polo. “Aunque sigue muy elevada, la inflación ya se está moderando su dinamismo y eso lo vemos cuando analizamos la inflación core”, razona y explica que el grueso del aumento de febrero se dio por la suba de la tarifa eléctrica.

Si bien la suba de precios es un motivo de honda preocupación en Balcarce 50, el consultor Federico Muñoz sugiere ver el vaso medio lleno: “Es evidente que, más allá del lógico descontento social por el fogonazo inflacionario, el pass-through de devaluación a precios fue muy inferior al esperable, y debiera ser motivo de satisfacción para la conducción económica”.

Hacia adelante

La pregunta del millón, aquella que desvela a empresarios, consumidores y al propio Gobierno, es cómo sigue la película. ¿La tasa de inflación se estabilizará en 4% mensual o tenderá a bajar, como sugirió el ministro de Hacienda y Finanzas, Alfonso Prat-Gay, hace algunos días? Hay, como en la vida, algunos más optimistas y otros menos. Por suerte, nadie espera una espiralización.

“Estimo que con la estabilización del tipo de cambio, paritarias ordenadas y con el ajuste monetario de los últimos meses, la inflación perforaría el 3% en abril e iría convergiendo hacia 1,5% hacia fin de año. Habría que ver cuándo ajustan las tarifas de gas y cuánto lo hacen, quizás eso puede darle un nuevo empujón, pero en términos generales creo que difícilmente este año la inflación baje del 34%”, anticipa Polo.

Castiñeira coincide. “La inflación tendera a bajar hacia niveles inferiores a 2% en el segundo semestre porque allí se verían brotes verdes del esfuerzo fiscal y monetario que está haciendo el Gobierno”, razona.

“Lo que ocurra en el segundo semestre dependerá del éxito de la política monetaria contractiva del Banco Central, que siempre opera con rezagos (porque los precios no ajustan de manera instantánea a los cambios en las cantidades de dinero), y de su muñeca para estabilizar el dólar, que es clave en la formación de expectativas de empresarios y consumidores”, aporta Tetaz.

Así, la proyección de Prat-Gay de que la inflación podría descender hasta 1% en el segundo semestre tiene cierto acompañamiento entre los consultores. Si bien la inflación anual superará (y con creces) al 20-25%, la anualización de las cifras del segundo semestre podrían mostrar que la inflación bajó hacia esos registros. Claro, en tanto y en cuanto, esa reducción que esperan Prat-Gay y varios economistas se concrete.

Por supuesto, también hay algunos más agoreros. Sus argumentos cabalgan sobre el hecho de que las paritarias, que serán claves para otear con más fineza cuál será la dinámica nominal, parecen avanzar sin techo (y, encima, desdobladas). El Gobierno redujo sus esfuerzos por ponerle el famoso “techo” a las negociaciones salariales, y los aumentos probablemente estén arriba del 30%. Una mala noticia para la rentabilidad empresaria que, además, se conjuga con una retracción no menor del nivel de actividad. Trasladar las subas salariales a los precios finales, pese a la menor demanda privada, será una opción que explorarán muchos empresarios. Si eso ocurre y, además, vienen nuevos aumentos en las tarifas (faltan gas y agua), el ritmo de 4% podría extenderse más de lo que prevén los optimistas. Allí, las afirmaciones de Prat-Gay quedarían en offside.

 

Expectativas desancladas

“La inflación esperada por la gente para los próximos doce meses sube 5 puntos porcentuales a 30%, según la mediana de las respuestas. Según el promedio, las expectativas de inflación suben 6,7 puntos porcentuales respecto de la medición de enero y se ubican en 33,6%. De acuerdo tanto a la mediana como al promedio, las expectativas de inflación suben en todas las regiones del país. La inflación esperada sube tanto para los sectores de ingresos altos como para los sectores de ingresos bajos”, sostiene el último informe de Expectativa de Inflación de la UTDT. Evidentemente, la población no confía en la política antiinflacionaria oficial y proyecta que los precios seguirán subiendo y, para peor, a un ritmo todavía mayor.

 

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