Los cuatro estrenos

¿Amaneció un nuevo Macri?

7 de marzo, 2016

Los cuatro estrenos

(Columna de Carlos Leyba)

La semana transcurrida suma cuatro estrenos y novedades en el escenario de la política nacional. Dejo afuera la serie de los buitres porque todavía no está terminada. Sin embargo, de ella penden casi todos los hilos del futuro inmediato.

El primer estreno ha sido “El legado”, una película de Fernando “Pino” Solanas. Recupera el testamento oculto de Juan Perón: la “unidad nacional para lograr la realización y la liberación de la Nación”.

En segundo es el estreno de la relación del Presidente con el Santo Padre. Siguió el de “Jaime Stiuso retornado” con la versión de que al fiscal Alberto Nisman lo mataron a causa de sus investigaciones.

Finalmente, un nuevo, y estrenado, Mauricio Macri que señaló la pesada, y hasta ahora silenciada, herencia del cristinismo.

Un Perón verdadero, pero desconocido por los más jóvenes; un Papa por vez primera atado al ceremonial; un espía capaz de cantar un repertorio desconocido, y un Macri alejado del budismo y ocupado en fijar un punto de partida. Perón –en el film– deja de ser el que inventaron los militantes K que lo conocen a Perón por fotos e interpretaciones. Cero de carne y hueso. En la película habla Perón. Y en sus palabras aparecen las razones por las que Cristina Kirchner se negó, ante Antonio Cafiero, a levantar un monumento a la memoria del jefe del movimiento.

Segundo estreno. Ante Macri hubo un nuevo gesto en el Papa. En realidad reapareció el que el cardenal Jorge Bergoglio solía tener en público cuando era el primado de Argentina. ¿Las razones de ese gesto en el Papa que revolucionó a los fieles por ser, entre otras cosas, campechano y amigable? No lo sabemos. Pero al igual que el estreno de Perón este –seguramente– tendrá consecuencias.

La tercera novedad de la semana es el Stiuso que viene al país después de su estada con sus contactos con la “inteligencia internacional” y que reinstala las razones de aquella movilización popular que obligó, al Gobierno de entonces, a montar una campaña de desprestigio del fiscal, campaña que logró sustituir los debates, del porqué de la muerte y del por qué de las denuncias contra Cristina, por una página de folletín de vida alegre y licenciosa.

“Lo nuevo es lo que se ha olvidado” (Francis Bacon) y tenemos tres retornos, el discurso de Perón, el gesto del Cardenal, y Stiuso y la muerte del fiscal.

El 1M

Finalmente, el discurso sobre la herencia señala que Macri pudo liberarse del cepo mediático (¿y organizativo?) que le impone al PRO el ecuatoriano Jaime Durán Barba y que le prohibía hablar de la herencia. El publicitario perdió el carácter de “estratega de Gobierno” que colocó al PRO al borde del ridículo. Se rompió el silencio que casi pone al nuevo Gobierno a dar explicaciones de la situación presente, como si ellos hubieran sido los autores de los errores del anterior.

¿Amaneció un nuevo Macri? Es prematuro afirmarlo. Pero él estrenó una nueva relación con la sociedad que, sumada al mensaje de María Eugenia Vidal, introduce a Macri en “la política” y parecería que comienza la liberación de la “línea marketing” comandada por Durán.

Una enseñanza. La experiencia de la Alianza, que puso la estrategia en manos de Antonito De la Rúa, consistió en la continuidad de la convertibilidad, la deuda y Domingo Cavallo. Todos los problemas heredados del menemismo estallaron en las manos de Fernando De la Rúa, el que quedó como responsable de los desaguisados del menemismo. La ausencia de inventario de la herencia lo hizo culpable y permitió el retorno de los mismos que habían participado del menemismo. Ese es el riesgo de no explicitar la herencia. Y de algunas continuidades. Este estreno fue señalar que hay un inventario de lo heredado y que allí son más los problemas que los beneficios para disfrutar.

Casi la mitad de la población no cree que estábamos mal y que, por lo tanto, todas las dificultades, que inevitablemente sobrevendrán, le serán atribuidas sin más a la actual gestión. Y puede que las medidas de la actual gestión no sean las adecuadas. Pero no es lo mismo poder decir “estaban mal y no las pude arreglar” o que el Gobierno sufra el chubasco de una sociedad que diga “estábamos bien y nos arruinaron”. Macri estrenó el reemplazo del discurso del silencio por el discurso de “estábamos mal”. Este cuarto estreno es el retorno de la política.

Un nuevo escenario

El Perón de Solanas, el gesto de Francisco, la declaración de Stiuso y la explicitación de la herencia por parte de Macri abren la posibilidad de un nuevo escenario. El peronismo, derrotado por la conducción K, está a la búsqueda de su identidad para volver al poder. La presentación de un Perón que, durante los veinticinco años de presidencias en su nombre (Carlos Menem, Eduardo Duhalde, Néstor y Cristina Kirchner), fue desconocido y negado, es un “estreno de Perón” y una oportunidad por el valor de sus ideas.

El film aspira a reconvertir a la dirigencia peronista para que retorne a la idea de inclusión global que es, primero, la social y, al mismo tiempo, la política. La inclusión social es el camino a la igualdad y la inclusión política es la disposición a aceptar al otro, al que no piensa igual, como un argentino –“lo mejor para otro argentino”–. Invito al lector a investigar si en alguno de los discursos de estos ex presidentes se mencionó alguna vez el valor de las Coincidencias Programáticas o del Acuerdo Social o del Plan Trienal o del Modelo Argentino de Perón de 1973.

La película “El legado” invita a romper el desconocimiento del mandato del último Perón, cuyas grandes consignas fueron la concertación y el consenso de largo plazo, para la acumulación y la distribución. En 1974 había 4% de pobreza y no 29%; 3% de desempleo y no 10%. Y un PIB industrial por habitante que es hoy igual al de hace cuarenta años: estancamiento industrial.

El peronismo está en ebullición y la película “El legado” puede llenarlo de un contenido basado en que la inclusión exige una transformación productiva para ser eficaz. Lo nuevo es el debate que está película alienta. Menemismo y kirchnerismo fueron deformaciones oportunistas que salieron mal. La distancia que marcó la entrevista de Macri con Francisco puede ser leída como una demostración de la preocupación de la Iglesia, por la cuestión central de la pobreza y el narcotráfico. Cristina negaba la existencia de más de diez millones de pobres y la penetración del narcotráfico. ¿Qué se le puede reclamar a un necio? ¿No es enorme el riesgo que corre el pasaje si se irrita en la tormenta al piloto perturbado de la nave? ¿Cómo interpretar el “cuiden a Cristina”?

Lo que importa –más allá de las enormes distancias entre la filosofía vital de Macri y la de Francisco– es la distancia que existe entre el obrar de la Iglesia y el obrar del Gobierno. Los sacerdotes y los militantes cristianos se comprometen para aliviar el sufrimiento en la pobreza. Pero la tarea del gobernante, la que Francisco alienta con ese compromiso de la Iglesia y que le reclama al Gobierno que reconoce el problema, es la transformación de las estructuras que lo producen. Macri no se equivoca cuando señaló la inversión como la herramienta. Pero, atención, en el último discurso también mencionó convicciones sobre acuerdos internacionales (Unión Europea, el Pacífico, China, Rusia) que, tal como se presentan, tienen muchos más riesgos de empleo que oportunidades en materia de inversión. Y no es ensayando riesgos que se potencian las oportunidades.

Francisco le reclama transformación: las mismas estructuras producen las mismas fallas. Y de la misma manera la cuestión del narcotráfico. La Iglesia del conurbano generó un escenario entre los feligreses, que suman votos, destinado a bloquear un candidato que no era considerado como un luchador contra el narcotráfico y así catapultó a Vidal y de ahí al triunfo de Macri.

Una vez en el poder, Macri –más allá de las palabras– no ha generado un escenario de lucha que trasunte voluntad de correr al juego o multiplicar el contralor del lavado a través del sistema financiero. Ni tampoco pasos concretos o diseño de estrategias para erradicar la pobreza.

Francisco le puso tiempo y rigor. Macri no trabaja con las personas con que trabajó Francisco cuando era el padre Jorge. Y el mensaje, el retorno del viejo gesto, es que el Papa quiere un compromiso efectivo e inmediato en la lucha contra la pobreza y el narcotráfico. Le dijo, seguramente, “está bien, lo reconoces, pero hacelo”.

El esclarecimiento de las cuestiones pendientes de la corrupción y la reapertura del debate sobre Nisman a causa de las declaraciones de Stiuso, también influyen en el debate al interior del peronismo que invita a repensar “El legado” en clave de superación del enorme costo de las traiciones sucesivas.

Ese debate al interior del peronismo y la puesta en claro de la función del Gobierno y de la Iglesia en la lucha contra la pobreza y el narcotráfico son dos coordenadas que pueden cambiar el escenario político de los próximos meses. Pueden conducir a otra oposición y a otra densidad del Gobierno.

Finalmente, el discurso de Macri habilita a creer la posibilidad de un debate al interior del Gobierno que desplace la frivolidad de privilegiar “tocar timbre” en la casa de la familia Pérez para que Mauricio la salude, mirar los “me gusta” en las redes sociales y actuar en función de la encuesta de ayer.

Gobernar con los caballos detrás del carro no permite avanzar ni un tranco de pollo y obliga a actuar siempre en respuesta a los problemas y vacilando. Mucho de eso ha pasado en estas semanas de gobierno. El discurso ha dado algunas señales de cambio siendo, la primera, el compromiso a hacer un inventario serio de la herencia. Y segundo, Macri, dijo las palabras “plan” y “largo plazo”.

Justamente, herencia –punto de partida–, plan y largo plazo implican madurar un debate político (¿peronismo renovado?) para transformar las estructuras que producen pobreza y narcotráfico. Los cuatro estrenos de la semana generan esperanzas que eso suceda.