Una agenda para el empleo

Con la reactivación de la economía no alcanza

4 de noviembre, 2015

En el 2º T, el desempleo subió al 9,6% (el mayor desde 2006) y sólo se creó empleo precario

(Columna de Facundo Matos Peychaux)

Una de las cuentas pendientes de estos últimos años de estancamiento ha sido la creación de empleo privado, formal y de calidad. En la actualidad, hay más de 700 mil desocupados, más de un millón de subocupados y más de 4 millones de trabajadores no están registrados (alrededor de un tercio de la PEA). Es decir, alrededor de 6 millones de personas con problemas vinculados al empleo.

Pero si la foto es negativa, la tendencia lo es aún más. Desde 2012, la creación de empleo en el sector privado es prácticamente nula, con la excepción de algunos pocos sectores de servicios. ¿Cuál es la explicación? “Entre 2004 y 2011 el empleo privado formal creció porque el salario real estaba muy licuado por la devaluación del 2002 y para las empresas era muy barato contratar gente, pero luego el salario real fue aumentando y ya para 2011 estaba a niveles superiores incluso de los que estaba antes de la crisis, con lo cual a partir de ahí ya no era tan fácil crear empleo formal”, explica Jorge Colina, jefe de investigaciones de IDESA.

Además, la actividad económica se estancó durante ese tiempo. “Los problemas vinculados con el mercado de trabajo generalmente son derivación del comportamiento económico, que es donde se origina la demanda laboral, y Argentina entró en una etapa de estancamiento, lo que que explica esa ausencia de dinamismo en la demanda de puestos de trabajo”, complementa en ese sentido Jorge Lindenboim, director del Centro de Estudios sobre Población, Empleo y Desarrollo (CEPED).

Por eso, y ya pensando en cómo revertir la tendencia, está claro que no hay creación de empleo posible sin crecimiento. Y como señala Lindenboim, “no existe crecimiento fuerte y rápido que genere empleo sin la recuperación de la inversión”. No obstante, el crecimiento por sí solo no traerá más que un cambio modesto si no es acompañado de otras políticas focalizadas a la tarea de generar empleo. A corto plazo podrán sumarse algunos puestos de trabajo, pero a mediano plazo, el problema volverá a aparecer.

Cambios

Lo primero que requerirá, según Colina, es “reducir los costos laborales con una reforma impositiva que baje sustancialmente las cargas sociales, que es lo que grava hoy la contratación de mano de obra”. Según el jefe de investigaciones de IDESA, si quien llegue a la Presidencia no devaluará o lo hará gradualmente, como plantearon los candidatos, entonces reducir las cargas sociales es la vía más rápida disponible para que las empresas vuelvan a ver conveniente contratar personal.

Un segundo paso que debe empezar a darse en simultáneo a la corrección de los desincentivos sistémicos, es tomar medidas focalizadas en las distintas regiones geográficas y en sectores poblacionales. Hoy día, la situación a lo largo y ancho del país es muy heterogénea, con grandes centros urbanos (Gran Buenos Aires, Gran Rosario, Gran Córdoba) concentrando una gran mayoría de la fuerza de trabajo empleada en el sector público y provincias con una fuerte dependencia de la participación del Estado como empleador.

“Las provincias del norte argentino necesitan infraestructura para traer más inversiones, bajar las cargas sociales aún más sustancialmente porque ahí es donde más pesan porque las productividades son muy bajas y trabajar mucho en la formación de recursos humanos, porque aunque haya empleo y bajos impuestos, no mucha gente va a poder conseguir empleo por no estar capacitada”, propone Colina.

Como señalaba Félix Piacentini en un informe reciente de NOAnomics, “no hay provincias inviables, hay provincias sin empresas”. En las diez provincias con menor cantidad de empresas formales en blanco por cada mil habitantes (todas del Norte argentino), por lo menos cuatro de cada diez empleados en blanco son públicos (salvo por Misiones y Tucumán), según la consultora.

“Lo que pasa -describe Colina- es que en las provincias del norte hay falta de empleo y los que hay son de baja calidad y remuneración, la gente demanda empleo público porque el que mejor paga es el Estado. Si llegara a haber una ola importante de inversiones y la gente encontrara oportunidades de conseguir un mejor empleo que en el Estado, entonces va a empezar a haber un cambio. Pero para eso el Estado tiene que comprometerse a no seguir expandiendo su planta de personal y tratar de inducir a que la gente se incorpore a las empresas”. Si eso sucede y se crea trabajo en el interior del país, se va a avanzar además sobre otro de los problemas argentinos que es la concentración poblacional en los grandes centros urbanos.

Por otro lado, como señala Colina, una mayor capacitación de la fuerza de trabajo deberá estar dirigida particularmente hacia los sectores más vulnerables, los jóvenes y las mujeres, cuya tasa de participación laboral ha caído 8% y 11%, respectivamente.

Mientras tanto, aún en las etapas con creación de trabajo en los últimos años, una barrera difícil de traspasar ha sido la tasa de participación laboral, es decir, de la porción de la población en edad de trabajar que está empleada o buscando trabajo. Según Lindenboim, lo que hay en los últimos años es un “desaliento a la participación económica”, aunque la dificultad está en explicar su origen. Si la gente no sale a buscar trabajo es porque o su nivel de ingresos le es suficiente o para evitarse la frustración de no conseguir empleo. ¿Cuál de las cosas está pasando en este momento? ” No hay forma de probarlo al conjunto de la sociedad argentina pero hay elementos para pensar más en lo segundo que en lo primero”, opina Lindenboim.

El sendero que adopte la actividad económica en los próximos años será fundamental para recuperar para el mercado laboral el dinamismo que tenía hace un quinquenio. De todos modos, el crecimiento por si solo no hará todo el trabajo sino que hará falta de medidas específicas que a mediano plazo deriven en más empleos formales, mejor remunerados y de mayor calidad.