Las economías regionales miran hacia 2016

29 de mayo, 2015

Las economías regionales miran hacia 2016

(Columna de Florencia Barreiro)

Atraso cambiario, presión impositiva, costos en ascenso, caída de la demanda, precios internacionales deprimidos. La situación para las economías regionales se agravó en los primeros meses de 2015, sobre todo para los exportadores agrícolas que no pueden sostener una caída tan persistente de la rentabilidad. Con la mira puesta en los posibles cambios en la política económica después de las elecciones y en algunos movimientos en el mercado internacional, las pequeñas empresas y los productores esperan recuperar en poco de aire fresco en 2016.

Los datos del derrumbe de las exportaciones de algunos productos regionales son alarmantes, con fuertes desplomes en las frutas del Comahue y los cítricos del NOA. El último informe de NOAnomics, con datos de la Senasa, muestra que el volumen enviado de limones cayó 85% en el primer trimestre de 2015, mientras que el de manzanas y mandarinas retrocedió más de 45% y el de peras 28%. Los datos de la Copal confirman la crisis: en lo que va del año los despachos de alimentos –excluidos pellets y aceites– se desplomaron 20%.

Observar millones de toneladas de manzanas pudriéndose en los árboles del Alto Valle de Río Negro es elocuente. Y a esto se suma la de miles de cítricos de productores de Corrientes y Entre Ríos desparramados a la vera de la Ruta 14 a fines de marzo como muestra de protesta. Las señales de alarma también se prendieron para la producción forestal del NEA, con un desplome de casi 40% en los envíos y en la de los productores de lácteos, con bajas del 25%.

¿Qué pasó para justificar semejante racha negativa? “Están pasando por una tormenta perfecta”, afirma Félix Piacentini de la consultora NOAnomics. Los especialistas coinciden en que se conjugan diferentes aspectos de la economía nacional con un contexto internacional más desfavorable que el de años anteriores. Y en este entorno de pérdida de competitividad y rentabilidad negativa, varias empresas chicas y productores estuvieron, otra vez, al borde de la quiebra.

Uno de los principales problemas que denuncian los productores regionales, sobre todo aquellos ligados a la exportación, es el atraso cambiario, combinado con un aumento de costos en dólares. A esto se suman, una fuerte presión fiscal e impositiva y el aumento del precio del flete, que en los productos primarios tiene un peso especí- fico especial. Si se tiene en cuenta el mercado interno, a la reducción de la demanda se forma una brecha cada vez más grande entre lo que perciben los pequeños productores y los precios de comercialización.

Hay coincidencia también en que el panorama externo es aún peor que los condicionantes internos. La definitiva salida del “boom de las commodities” con precios cada vez más bajos, la retracción de la demanda del mercado brasileño, la fortaleza del dólar y la devaluación de las monedas de los países de destino (como Brasil o Rusia) se combinan para reducir los resultados de las operaciones externas. En los primeros tres meses, según el índice del Banco Mundial, los precios de las materias primas cayeron cerca de 12%. Problemas fitosanitarios (principalmente en frutas) y trabas a las exportaciones completan el cuadro.

Mirada hacia el futuro

Con este estado de situación, las economías regionales tratan de mirar hacia adelante y se juegan por una mejora de las condiciones tras el cambio de Gobierno. En el corto plazo, la expectativa está en una mejora de la competitividad-precio.

“Este año está perdido porque se supone que el Gobierno no va a tocar el tipo de cambio”, explica Jorge Day, del Ieral de la Fundación Mediterránea. “En 2015 las economías regionales están tratando de sobrevivir y la mirada está puesta en 2016”, aclara. “Y aunque no se conocen las medidas que se van a tomar, la apuesta está en un dólar más alto”.

El economista del Ieral realizó un ejercicio sobre el posible impacto de un ajuste cambiario en las diferentes regiones. Según el peso de las exportaciones en el producto de cada provincia, las producciones “más atadas al dólar“que podrían beneficiarse con una devaluación son San Juan, Santa Fe, Chubut y Córdoba. Todas ellas tienen exportaciones que representan más de 25% del Producto Bruto Goegráfico (PBG).

Asimismo, y teniendo en cuenta que se vislumbra un crecimiento de la economía estadounidense, tendrían una mejora en la demanda las provincias de Mendoza (principalmente con sus vinos) y Tucumán. Por el contrario, los más afectados por la recesión del principal socio del Mercosur serían Río Negro, Neuquén y la región pampeana, que son mayoritariamente Brasildependientes

En el polo opuesto, las regiones norteñas –y una parte de las provincias pampeanas– podrían ser las más afectadas por una devaluación, al ser más intensivas en mercado interno y en empleo pú- blico y terciario. Esto principalmente por el inmediato traslado a precios y por la pérdida de poder adquisitivo del salario tras la devaluación.

Cuestiones de fondo

De todas maneras, los expertos aseguran que si bien es necesario un ajuste para recuperar la competitividad-precio, si no se solucionan otras cuestiones de fondo que afectan a las economías regionales, la medida puede ser pan para hoy y hambre para mañana.

“Hoy, resolver el tema del atraso cambiarlo es una necesidad porque soluciona los problemas de caja”, explica Piacentini, de NOAnomics. “Pero la idea es resolver los problemas estructurales que tienen las economías regionales para ser competitivas”.

Este economista cree que entre los fundamentals a enfrentar durante la próxima gestión están la disminución de la carga fiscal y la reducción y eficiencia de los costos de transporte. Esto permitiría alentar a largo plazo las inversiones en tecnología e innovación.

“La carga fiscal es cada vez mayor, y en muchos casos asfixiante”, asegura Piacentini. “No sólo por la superposición de impuestos nacionales, provinciales y municipales sino por la aplicación de retenciones y, lo que es más importante, por la demora en el reintegro a las expo y en la devolución del IVA a las empresas exportadoras”. Estas son cuestiones que, según el economista, se pueden solucionar, simplemente, con una mayor eficiencia en la gestión.

Las medidas para la mejora en el costo del flete son mucho más complejas y dependen de la llegada de inversiones en infraestructura y gestión, tanto en caminos, como en ferrocarriles y puertos. Piacentini revela que el costo del transporte por camión aumentó 150% en dólares desde 2005. Y que si bien las fichas están puestas en el Belgrano Cargas, este medio trasladó durante los últimos diez años un promedio de cerca de 900 mil toneladas anuales, medio millón menos que las transportadas durante la década de los ’90.