La CGT rumbo a una fractura inevitable

Moyano tendrá otro rol.

29 de junio, 2012

La CGT rumbo a una fractura inevitable

Con el paro y la movilización dispuesta por el gremio de los camioneros y sus aliados quedó definitivamente fracturada la relación entre el Gobierno y el sector sindical que lidera Hugo Moyano. Pero lo ocurrido el martes 26 puso de manifiesto las debilidades de Moyano antes que sus fortalezas. El acto fue masivo, lo cual no constituyó un elemento novedoso porque en varias oportunidades, el sindicato de camioneros había demostrado su capacidad de movilización. Los dirigentes gremiales que acompañaron al secretario de la CGT fueron los habituales, lo cual ratificó que sus apoyos siguen siendo limitados. Y si bien no está en condiciones de lograr una mayoría dentro de la central obrera, sus adversarios tampoco reúnen la fuerza suficiente para desplazarlo.

El discurso de Moyano tuvo un tono esencialmente político con muchas referencias pensadas para la interna del peronismo. Precisamente en ese terreno logró poco apoyos significativos. Los gobernadores y los legisladores –que conforman el peronismo que gobierna– se encolumnaron detrás de la Casa Rosada. Los métodos de Moyano generaron resistencias en muchos sectores del oficialismo, comenzando por los intendentes del conurbano. En el resto del arco político, más allá de que se comparta su reclamo en relación al impuesto a las ganancias, los apoyos tampoco fueron muy significativos aunque muchos sectores fuertemente antikirchneristas vean con buenos ojos sus actuales críticas al Gobierno que antes elogiaba.

Moyano afirmó que durante los próximos años continuará al frente de la CGT de la misma manera que la Cristina Fernández seguirá siendo presidenta. Un mensaje de tono corporativo que equivale a decir que no pretende desafiar al poder político pero exige que se le reconozca su lugar.

También sorprendió que, siguiendo la lógica contraria a la que indican las buenas prácticas políticas, fue muy duro con las personas y moderado en sus reclamos. Moyano acusó a la Presidenta de soberbia y de haberse enriquecido patrimonialmente durante la dictadura, pero luego sus demandas se limitaron a la tradicional agenda gremial. La relación personal entre ambos, pese a que fueron aliados durante mucho tiempo, no tiene retorno más allá del pedido de diálogo que formuló Moyano en su discurso.

La puja política está instalada pero hoy el líder de los camioneros no tiene elementos para desafiar a la Presidenta. Eso quedó en evidencia en ocasión del paro del transporte de los distribuidores de combustibles que fue levantado un día antes del previsto frente al evidente rechazo social que produjo la medida. A Moyano siempre se le reconoció mayor capacidad para hacer daño, dado que maneja un gremio estratégico, que para construir una alternativa política. Pero su capacidad para tomar medidas que virtualmente puedan paralizar al país, ahora también quedó demostrado que tiene sus limitaciones. Mientras tanto, todo lleva a una fractura formal de la CGT, que confirmaría lo que de hecho se viene registrando desde hace bastante tiempo.

(De la edición impresa)