Una selección especial con las mejores series y películas, que incluye también estrenos en salas de cine.
Estas son las series y películas para ver en el fin de semana en Netflix, HBO Max y Apple TV.
1. Serie para ver en Apple Tv: Slow Horses
En esta quinta —y quizá última— temporada de la mejor serie de espionaje de los últimos años, el misterio central se desarrolla con una energía casi febril, a través de una cadena de provocaciones que parecen ideadas por un bromista desquiciado. Los atentados no responden a un plan estratégico, sino que son actos de absurdo deliberado: un tiroteo en plena vía pública, autos que estallan por toda la ciudad y, en una de las escenas más insólitas, una explosión dirigida contra los pingüinos del zoológico de Londres.
Se trata de una campaña de terrorismo anárquico concebida para desatar el caos y generar furor en redes sociales, volviendo imposible detectar un patrón reconocible. El origen de este desastre no es otro que Roddy Ho (Christopher Chung), el insufrible genio informático de ese basurero donde el MI5 deposita a sus agentes fracasados, cuyo ego desmedido lo convierte en un riesgo nacional cuando se involucra con una nueva y deslumbrante novia que, como era de esperarse, resulta demasiado perfecta para ser real.
Su narcisismo lo lleva a un enredo monumental que el equipo deberá desenredar sin apoyo oficial, trabajando en la sombra y a espaldas de Regent's Park, mientras la siempre exasperada Diana Taverner (Kristin Scott Thomas) se empeña en mantenerlos confinados a su rincón de marginados. El caos estalla además en medio de una feroz disputa electoral entre el mediático Zafar Jaffrey y el populista Dennis Gimball. Esta trama política opera como un espejo deformante de la actualidad: un panorama mediático polarizado y reducido a caricaturas. Jaffrey encarna al político profesional de sonrisa impostada; Gimball, al supuesto "hombre del pueblo" con un filo nacionalista. La serie no pretende un análisis ideológico profundo, sino utilizar esa tensión como escenario inestable para sus juegos de espionaje.
Y, como siempre, todo gravita alrededor de Gary Oldman. Su Jackson Lamb sigue siendo un prodigio de cinismo y lucidez, capaz de resolver una crisis entre eructos y sarcasmos, pero también de exhibir, en los momentos cruciales, un instinto táctico impecable. Incluso una escena grotesca de "flatulencia estratégica" termina funcionando como una metáfora perfecta de sus métodos: groseros, eficaces y profundamente humillantes.
Imperdible.
2. Película para ver en Netflix: La vecina perfecta
Este documental pone en escena una fantasía recurrente de muchos seres humanos: mandar al otro mundo a vecinos cuya conducta es indeseable. No todo el mundo desea tener niños alrededor (menos cuando no son los propios), soportar perros sin cadena en los palieres de su edificio (puedo no sentir la misma pasión que vos por tu mascota), ser atronados por música desagradable a niveles enloquecedores (prefiero otras melodías).
La historia gira en torno a un incidente ocurrido en una tranquila zona residencial de Florida. De un lado están los niños que juegan al aire libre durante las vacaciones y sus familias, en especial la de Ajike Owens, una madre afroamericana. Del otro, Susan Lorincz, una vecina de 58 años que se queja reiteradamente a la policía de todo lo que perturba su paz. Con el tiempo, las discusiones entre ambas partes se vuelven recurrentes, hasta que un altercado más termina con consecuencias fatales. Lorincz encarna la figura de la llamada "Karen", esa caricatura de la mujer blanca de clase media que denuncia, vigila y se siente con derecho a controlar a los demás, a menudo desde un sesgo racista.
Se dispara un tiro, producto del despertar de un trauma enterrado (¿o de la planificación?) ante un instante de violencia. Alguien muere. La investigación se demora; puede que alguna ley ampare al "involuntario" victimario. Hay protestas. Tras una tensa espera, se hace justicia.
Lo más singular del documental es su formato. En lugar de entrevistas o recreaciones, la directora Geeta Gandbhir (amiga de la víctima según un artículo de The New York Times) construye el relato casi por completo a partir de las grabaciones de las bodycams policiales. Las imágenes iniciales incluyen algunos planos aéreos y tomas de la sala del tribunal, pero la esencia del filme está en esas cámaras corporales que registran, sin guion ni comentario, el desarrollo de los hechos. Los agentes graban sin sospechar que están documentando una escalada que terminará en tragedia.
El enfoque con que se trata la cuestión es minimalista: no hay narrador, contexto biográfico ni entrevistas con los protagonistas. No sabemos casi nada sobre Susan, ni sobre la vida cotidiana de Ajike y sus hijos. Solo al final una placa informa al espectador qué ocurrió después. Merece verse, ya que el documental ilustra muy bien el pasaje al acto de una fantasía más habitual de lo que se cree... y sus consecuencias.
Imperdible.
3. Película para ver en Netflix: 27 noches
Inspirada libremente en un caso real que conmovió al ambiente artístico argentino: el de la artista Natalia Kohen, internada contra su voluntad por sus hijas. A partir de ese episodio y de la novela Veintisiete noches de Natalia Zito, Daniel Hendler construye una historia tragicómica sobre la cordura, la autonomía y los vínculos de poder en la familia. La trama sigue a Martha Hoffman (Marilú Marini), una mujer de 83 años, rica, excéntrica y mecenas del arte, que es internada en una clínica psiquiátrica bajo sospecha de padecer demencia. Sus hijas, Olga (Paula Grinszpan) y Myriam (Carla Peterson), interpretan su rebeldía como síntomas de deterioro mental, pero la anciana se niega a ser tratada como una enferma. El perito judicial Leandro Casares (Hendler), encargado de evaluar su caso, deberá decidir si se trata de una paciente o de una víctima de manipulación.
El guion despliega con sutileza una tensión constante entre libertad y tutela, entre la razón institucional y la locura vital. Como director, Hendler, fiel a su estilo contenido y ligeramente absurdo —más cercano al humor impasible de Buster Keaton que al sentimentalismo de Chaplin—, construye un relato atravesado por silencios, gestos mínimos y un ritmo sereno que deja espacio a la ironía y al desconcierto. Su personaje, un funcionario metódico y temeroso de la vida, encuentra en Martha un espejo inesperado. A través de ella, el film propone un duelo simbólico entre el orden burocrático y el impulso creativo, entre la cordura normativa y la desobediencia poética.
El vínculo entre ambos funciona como el eje emocional y narrativo del relato. Lo que comienza como una evaluación profesional se transforma en una relación de mutuo descubrimiento, cercana al espíritu de Harold and Maude (Hal Ashby, 1971). Martha introduce al perito en un universo de artistas y personajes marginales que desafían su rigidez y lo obligan a reconsiderar su idea de la normalidad. A partir de esa interacción, 27 noches contrapone los valores prosaicos de lo utilitario y la seguridad con los valores espirituales del arte, entendido como espacio de libertad. Hendler logra equilibrar esa dimensión filosófica con un tono apocado, a veces humorístico, que nunca trivializa el drama.
El elenco refulge: Marilú Marini ofrece una actuación extraordinaria, lúcida y desafiante, que convierte a Martha en un personaje magnético, tan obstinado como libre. Hendler, en un registro más sobrio, encuentra en ella su contrapunto ideal. Julieta Zylberberg, Carla Peterson, Paula Grinszpan y Humberto Tortonese completan el cuadro con interpretaciones convincentes, que amplían la mirada sobre el entorno familiar, institucional y profesional del conflicto. Con la fotografía de Julián Apezteguia y un diseño de producción que combina lujos de ambientación y vestuario, esta producción filmada en locaciones uruguayas es una opción que no desagrada.
Recomendada.
4. Película para ver en HBO Max: Acosador nocturno: Las cintas de Richard Ramírez
El punto de partida de este documental es un material excepcional: alrededor de cien horas de entrevistas que el escritor Philip Carlo realizó con el asesino serial Richard Ramírez durante su estancia en el corredor de la muerte, junto a testimonios de familiares y de las mujeres que se sintieron atraídas por su aura siniestra, entre ellas Doreen Lioy, editora de la revista para adolescentes Tiger Beat y luego esposa del criminal. El documental abre con un plano del centro penitenciario de San Quentin en 1994, donde el sonido de una vieja grabadora introduce el tono hipnótico del relato. Desde allí, reconstruye los años de formación del asesino —una infancia violenta en El Paso, múltiples lesiones cerebrales, y una temprana adicción a las drogas— que anticipan su deriva hacia el sadismo y la destrucción.
La serie narra con precisión los crímenes cometidos entre San Francisco y Los Ángeles, una secuencia de asesinatos aparentemente aleatorios que desafiaba toda lógica investigativa. Los realizadores muestran cómo un simple rastro —una huella de zapato y una impresión parcial de huella digital— permitió a la policía conectar los casos y finalmente capturar a Ramírez, reconocido y reducido por vecinos del barrio de Boyle Heights en agosto de 1985. A partir de ese momento, el asesino se convierte en una figura mediática: las cámaras, la fascinación pública y la atracción de numerosas mujeres transforman su rostro en un ícono perverso del mal.
La directora Amy Goodman Kass elige un enfoque sobrio, casi clínico. Su documental no busca glorificar al criminal sino explorar la compleja red de obsesiones que lo rodeó: desde las víctimas y los familiares hasta las fanáticas que le escribían cartas amorosas. Lo más interesante del proyecto es su ambivalencia: pese al título, ofrece menos de la voz directa de Ramirez de lo que promete, pero equilibra esa ausencia con la presencia de psicólogos y allegados que intentan descifrar el enigma de su mente. La mirada es clínica, evitando tanto el sensacionalismo como la empatía, y se apoya en un montaje austero y una narrativa fragmentaria que sugiere más de lo que muestra.
Una de las psicólogas que lo entrevistó -muy expresiva con las manos- cuenta cómo el asesino le vació las cuencas de los ojos con sus dedos a una de sus víctimas. Una sobrina trata de reconciliar el mandato de amarás a tu familiar con el daño que le hizo a ella durante su infancia. Testimonios como esos abundan, alumbrando las zonas más oscuras de lo humano. Y todos los aspectos que echan luz sobre la fascinación erótica con semejante depravado son particularmente interesantes.
Muy recomendada.
5. Película para ver en Netflix: La mujer del camarote 10
La periodista Laura Blacklock (Keira Knightley) atraviesa un momento de agotamiento profesional cuando acepta una invitación que promete combinar descanso y trabajo: cubrir la inauguración de una fundación a bordo de un lujoso yate alquilada por el magnate Richard (Guy Pearce). El evento, sin embargo, tiene un trasfondo trágico: su esposa Annie (Lisa Loven Kongsli) padece leucemia y ha decidido donar su fortuna a causas benéficas. Lo que empieza como una oportunidad laboral se convierte pronto en pesadilla cuando Laura presencia lo que cree es un asesinato. Nadie le cree: no hay cuerpo, ni rastro de la mujer que asegura haber visto. Desesperada, deberá recurrir a su ex novio Ben (David Ajala), también a bordo, para descubrir la verdad.
El guion, dirigido por Simon Stone, adapta la novela homónima de Ruth Ware, sigue los pasos del thriller psicológico clásico: una protagonista aislada, la sospecha de un crimen y un entorno cerrado del que nadie puede escapar. El resultado recuerda en parte a Muerte en el Nilo, trocando los paisajes egipcios por los noruegos, a Maggie Smith y Bette Davis por Knightley (la egresada con mayor puntaje de la Academia Real del Mohín, por su logro de 21 expresiones faciales por minuto), pero sin alcanzar la tensión ni la originalidad del modelo.
El guion se desmorona a medida que el metraje avanza, el director es incapaz de crear una atmósfera convincente entre decena de acciones implausibles, desaprovecha a ese gran actor que es Guy Pearce, que viene de violar a un arquitecto en otra película y se deja caer por aquí sin cuerda ni red. Lisa Loven Kongsli aporta una digna melancolía a Annie, la mujer enferma que parece desencadenar, sin proponérselo, el conflicto central. David Ajala, con los ojos maquillados como para desempeñar una función teatral de Otelo, completa el elenco como el escéptico ex novio, atrapado entre la lealtad y la duda.
La mujer del camarote 10 no es una película, sino su esqueleto: le falta carne entre los huesos. Eso sí, se la consume rápido.
Recomendada... con reparos


