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Es al revés

El proceso de industrialización "no se agotó". Fue un "industricidio".

Es al revés
Carlos Leyba 23 marzo de 2023

Destacados analistas, político uno, económico el otro, publicaron (La Nación, 18 y 19/3), respectivamente el anticipo de su libro y un ensayo. No fueron reflexiones "a mano alzada". 

Los dos, Carlos Pagni y Pablo Gerchunoff, coinciden con las opiniones más abusadas que identifican al quiebre histórico de nuestro desarrollo en el Siglo XX como consecuencia de un proceso de "agotamiento". 

Otras opiniones, igualmente calificadas, coinciden en señalar al mismo momento de "quiebre histórico", pero le atribuyen su origen a expresas "decisiones políticas" y no a un "agotamiento". 

Las diferencias sobre el  "origen" de nuestra enfermedad de medio siglo no son cuestión menor para su diagnóstico. 

P. L. Barcia, intelectual lúcido, en La Nación (19/3), anunció una obra propositiva y afirmó que "los argentinos padecemos de diagnosrrea": es decir abuso de diagnóstico. Alfredo E. Calcagno, otro gran intelectual, bromea: "Hablábamos de problemática y no de solucionática". 

Creo que nuestro primer problema, en la materia, es la ausencia de diagnóstico derivado de la  negación del origen de la enfermedad de la que sólo se describen síntomas. 

Sólo un diagnóstico acertado puede sacarnos del mal y evitar iatrogenia en su tratamiento. Sin el adecuado sólo puede haber alivio transitorio. Pero si las causas no son removidas es evidente que la enfermedad persiste y se agrava. 

La evidencia es que hace 48 años sufrimos cada vez mayor pobreza, estanflación, endeudamiento y default. 

Algunos llamamos decadencia porque antes hubo progreso. Veamos.

Gerchunoff dice: "Entre 1944 y 1974, la economía había estado creciendo al 2% pc., y a un robusto 2,6% pc, si se tomaba como punto de partida el año de 1952" y "la inflación promedio había sido de 27%, igual que Brasil y menos que Chile y Uruguay".  "La industrialización protegida como patrón de crecimiento había dado sus frutos (...) pero aún antes de 1974 esos frutos comenzaron a secarse". 

Señala que ,después de ese período (concluido en 1974), la Argentina reptó a 0,6% del PIB pc anual y la inflación voló a 86% anual. 

Ese proceso de "industrialización protegida como patrón de crecimiento" comenzó con los conservadores y Federico Pinedo - aquel que no fue presidente- fue el "fundador" intelectual y material, de ese modelo al que, el golpe de Estado del 43 y el Coronel J. Perón (ambos), le incorporaron los ejes del Estado de Bienestar que había surgido en Occidente como respuesta a la crisis de desempleo y miseria de los años '30. 

Pagni, al recordar los momentos trágicos de 2001, dice: "Llegaban los desocupados de un modelo industrial-proteccionista que arrastraba su agotamiento desde hacía décadas y que la convertibilidad, en su última fase recesiva, había hecho colapsar".

De esos artículos destaco dos afirmaciones. Primera "esos frutos comenzaron a secarse", segunda "arrastraba su agotamiento desde hacía décadas". 

Ambos expresan un diagnóstico "biológico": las ramas se secan y la fuente se agota. Inevitabilidad biológica. 

Casi toda la profesión coincide en "el quiebre" de un proceso de crecimiento del PIB pc a 2,6% anual, que duró 30 años, y que aquel proceso fue sucedido por el iniciado en 1975, con un crecimiento de 0,6% anual pc hasta hoy. 

Pablo y Carlos señalan que el quiebre (1974-1975) fue causado por "agotamiento o rama seca": "una fuente" que dejó de brotar. 

No identifican la existencia de "cambios radicales de política". 

Ignoran la intencionalidad expresa de A. Gómez Morales, ministro de Isabel 1974/75, quien sostenía que no debíamos exportar industria porque nuestra ventaja estaba en el agro y actuó en consecuencia, tampoco a R. M. Zinn, la cabeza de C. Rodrigo, e ideólogo de la Dictadura Genocida (1976) ni que "su Rodrigazo" - me consta- contó con el acuerdo de J. A. Martínez de Hoz. 

Entonces, no nos señalan que hubo un decidido y abrupto cambio de "modelo" a fines de 1974 y continuidad conceptual sine die acerca de lo que "debíamos dejar de hacer": es decir, no promover el desarrollo y la exportación industrial. Así fue clausurado un proceso en el que, por ejemplo, Fiat (1972), exportaba a Europa 10.000 motores 128 argentinos.

Luego Martínez de Hoz revaluó el peso con "la tablita", hizo la apertura comercial y financiera, liberó las tasas de interés, creo la cuenta de "regulación monetaria" (madre de la hiper de R.Alfonsín) clausuró la promoción de la inversión (salvo Tierra del Fuego), abandonó el Conade. Todas "reformas" financiadas con deuda externa. 

La negación es llamar "agotamiento del proceso con el que crecíamos" a lo que fue una interrupción forzada. Esa negación hace imposible el diagnóstico correcto y la "solucionática" apropiada. 

Algunas empresas lograron migrar a Brasil a la búsqueda de política industrial activa. Otras desaparecieron. 

A fines de los '70 imaginábamos un "tour de turismo urbano" a edificios industriales vacíos en el AMBA entonces dividida en tres espacios. Uno, "la banana" habitada por quienes disponían video cable (centro, viviendas del norte y zona de fin de semana); dos, "el medio" habitable pero sin video cable y tres, "el otro lado del muro" sin derechos ni deberes. La dinámica era saltar "el muro", hacerse del pasacassete en la "banana" y venderlo en "el medio". Ese fue el comienzo de la Argentina posindustrial.

¿Qué pasaba antes? 

Dicen J. Katz y B. Kosacoff, académicos: "La siguiente 'fase' del desarrollo industrial -1964/1974- constituye sin duda la etapa más exitosa del proceso de industrialización que examina­mos" "demuestra D. Heymann (1980, pag.31)", (que) "durante este período no se observa ningún año en el que la actividad económica haya experimentado una caída de nivel absoluto" y "la tasa anual de crecimiento "entre puntas' -que alcanza prácticamente al 8%- es la más alta de los distintos ciclos aquí examinados. Crecen, simultáneamente, la productividad industrial -6% por año a lo largo del período -, los salarios, el empleo y las exportaciones. La estructura industrial relativamente nueva que emerge durante el boom de inversiones de 1958-1961 (...) experimenta en la década 1964- 1974 un gradual proceso de afianzamiento y de captación del mercado doméstico en el marco de una secuencia madurativa de largo plazo que no siempre ha sido adecuadamente comprendida en el debate económico nacional" y "el éxito alcanzado por la economía nacional en el conjunto de la década que nos ocupa deba buscarse en el fuerte incremento que registran en esos años nuestras exportaciones -tanto primarias como no tradicionales-; este hecho reduce notablemente el peso que la restricción externa ha tenido tradicionalmente sobre el proceso de crecimiento de nuestra economía ("Proceso de industrialización en la Argentina: evolución, retroceso y prospectiva",1989). Las exportaciones, entre 1961 y 1974, en dólares se cuadruplicaron.

Ninguna señal de "agotamiento" como "tendencia sistémica de largo plazo". 

Brasil, con aquella política "agotada", multiplicó su industria. Nosotros la desaparecimos con el cambio decidido en democracia y continuado en Dictadura: sin estrategia de desarrollo hace 48 años. 

El proceso de industrialización "no se agotó". Fue un "industricidio". 

Cuarenta y ocho años sin plan, promoción, financiamiento a largo plazo. No hicimos ni hacemos lo que se hizo y hace en Brasil, India, Corea, China, etc. y Occidente desarrollado. Entonces, ¿por qué habríamos de tener el mismo resultado? Ellos crecieron. Nosotros no.

Un "paradigma académico" (Consenso de Washington, globalización)se impuso  y sirvió para colocar a presión créditos (excedentes petroleros, festival financiero) que permitieron financiar desequilibrios que provocaron la destrucción social. 

¿Malas intenciones? No, soberbia e ingenuidad: poco pensamiento situado. "Traduttore, traditore". Es economía política, es salud de la Nación no del Estado, decía J. Ortega y Gasset ("Mirabeau o el político"). 

Occidente sufre las consecuencias del "paradigma de las multinacionales" que impuso exportación de empleo  y transferencia de productividad hacia la mano de obra barata. 

Una cancha inclinada que generaba, en Occidente, desempleo, desigualdad y pobreza. 

La suerte del viento de cola, mal aprovechada, nos primarizó y la sequía nos pone de rodillas. Mucha imprevisión, abuso del corto plazo. 

La pandemia evidenció la "dependencia auto infringida" y por eso D. Trump, E. Macron o J. Biden construyen el nuevo paradigma de la reindustrialización para combatir el desempleo y la pobreza.  

Este "nuevo paradigma" es un contraste que señala que, entre nosotros, hay ausencia de diagnóstico por negación militante del origen de la enfermedad. 

La negación es llamar "agotamiento del proceso con el que crecíamos" a lo que fue una interrupción forzada. 

Esa negación hace imposible el diagnóstico correcto y la "solucionática" apropiada. 

Un querido y brillante sociólogo sostiene que existe "consenso entre los economistas serios" sobre la centralidad de las políticas para los equilibrios macroeconómicos. ¿Quién puede estar en contra de eso? 

Pero el problema de base está en la estructura económica productiva (la salud de la Nación) que es la debe sostener esos equilibrios macro. No hay equilibrio posible sin punto de apoyo.  

Esta estructura, la actual, nada puede sostener. Ni siquiera cuando aumenten las exportaciones de Vaca Muerta, o el litio o toda la catilinaria. 

La estructura que sí puede sostener el equilibrio macro anhelado es la capaz de crear 600 mil puestos de trabajo productivo, neto exportador, cada año por diez años.

Esos bienes primarios (energía, minerales) pueden generar excedentes para financiar trabajo. Pero, sin plan de pleno empleo productivo, pueden ser la fuente de una enfermedad holandesa. 

La pobreza (falta de trabajo y oportunidades) es madre del déficit fiscal, no su causa; y es matriz inflacionaria en una sociedad occidental y cristiana que, por lo menos, trata de evitar lo peor. 

Lo urgente: 60% de los niños en la pobreza que no pueden esperar al pleno empleo de sus padres. 

Joan Robinson decía la inversión genera ahorro y contribuye al equilibrio fiscal. No es al revés. 

Lograr un gran proceso de inversión implica "invertir" la negación del origen del mal. Hubo decisión, no agotamiento. 

Es al revés. 

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