A casi una semana de la caída del régimen de Bashar al-Assad en Siria, la tensión sigue en aumento: poco a poco, el grupo islamista Hayat Tahrir al-Sham (HTS) está imponiendo su autoridad sobre el Estado sirio.
El domingo, en un lapso de unos 10 días, HTS logró lo que la guerra civil siria de más de 11 años no pudo: que al-Assad abandonara el poder tras más de 20 años de gobierno.
Como era de esperar, la población celebró la huida del dictador, acusado de utilizar métodos de tortura contra la oposición, quien se ahora se refugia en Rusia.
Sin embargo, esto no significa que los buenos tiempos hayan comenzado en Siria, ya que Ahmed Hussein al-Sharaa, líder de HTS, está desplegando policías, instalando un gobierno interino y reuniéndose con enviados extranjeros para asegurar su liderazgo.
Durante su marcha triunfal hacia Damasco, HTS les había asegurado a los líderes tribales, funcionarios locales y a la población que protegería a las religiones minoritarias, además de afirmar que gobernarían de forma interina. Entre los nombramientos, se destaca el de Mohammed al-Bashir como nuevo primer ministro interino de Siria.
Pero HTS, que sigue clasificado como un grupo terrorista por Estados Unidos, Turquía y otros gobiernos, aún no ha brindado detalles sobre cómo será el proceso de transición, incluida su idea de una nueva constitución.
Sharaa sí confirmó que disolvería las fuerzas de seguridad del régimen derrocado, cerraría sus prisiones y perseguiría a cualquiera involucrado en la tortura o el asesinato de detenidos.
Además, sus prioridades para los próximos tres meses son poner en marcha los servicios básicos y racionalizar la burocracia, además de traer a casa a millones de refugiados. En este sentido, mientras se debate si Siria debe acoger un régimen presidencialista o parlamentario, el primer ministro Bashir dijo que "solo nos quedaremos hasta marzo de 2025".
Además, cuando se le preguntó si la nueva constitución de Siria sería islámica, mencionó que "estos detalles" se aclararían en el proceso de elaboración de la constitución.
En diálogo con El Economista, Said Chaya, coordinador del Núcleo de Estudios de Medio Oriente de la Universidad Austral, consideró que la llegada de "Bashir al poder como primer ministro provisional no es una buena noticia".
"En un primer momento se había dicho que quien continuaría a cargo del Poder Ejecutivo Nacional, de manera transitoria, era Mohamed Ghazi al-Jalali, primer ministro de Assad. Eso hubiera sido una solución un poco más medida, pero finalmente no se dio", agregó.
Chaya remarcó que "cuando las cuestiones no se regulan desde adentro, en los países del Medio Oriente se regulan desde afuera. Es decir, en este sentido, los interesados (como EE.UU., Turquía, Israel, Rusia e Irán) interactúan con sus socios domésticos para generar una cierta estabilidad que les resulte beneficiosa. Entonces tenemos que estar muy atentos a ver cómo se van a tender los puentes entre Washington y Moscú, y al mismo tiempo también ver cómo va a actuar la Turquía de Erdogan, que parece ser el país que tiene más para decir sobre la situación actual en Siria", concluyó.

Cautela desde Washington y Moscú
Por el momento, ni Estados Unidos ni Rusia han sido contundentes respecto a cuál es su estrategia para Siria.
En términos generales, la administración de Joe Biden ha instado a HTS a no asumir el liderazgo automático de Siria, sino a ejecutar un proceso inclusivo para formar un gobierno de transición.
Por su parte, el secretario de Estado, Antony Blinken, consideró que la transición en Siria debe conducir a una "gobernanza creíble, inclusiva y no sectaria", en consonancia con la Resolución 2254 del Consejo de Seguridad de la ONU.
Dicha resolución, aprobada en 2015, pide un proceso liderado por Siria, facilitado por las Naciones Unidas, que establezca en un plazo de seis meses un gobierno no sectario y un calendario para el proceso de redacción de una nueva constitución.
Por otro lado, el asesor de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Jake Sullivan, defendió las operaciones de Israel en Siria que, desde el colapso del gobierno de Assad, ha trasladado tropas a la zona de amortiguamiento en el lado sirio de la línea divisoria con los Altos del Golán ocupados por Israel, además de concretar cientos de ataques aéreos para destruir armas y equipos del ejército sirio.
"Lo que Israel está haciendo es tratar de identificar amenazas potenciales, tanto convencionales como armas de destrucción masiva, que podrían amenazar a Israel y, francamente, amenazar a otros también", dijo Sullivan.
Para Sullivan, la situación en Siria presenta una serie de riesgos, "incluido el potencial de fractura en ese estado", ya que los vacíos de poder podrían dar espacio para que los grupos terroristas crezcan.
Respecto a Moscú, un actor fundamental para que Al-Assad se mantuviera en el poder tantos años, se confirmó que ya ha establecido contactos directos con el comité político de HTS. Cabe recordar que Rusia posee en Siria, en la ciudad de Tartús, su única base naval en el Mediterráneo oriental. Además, posee la base aérea de Khmeimim, cerca de la ciudad portuaria de Latakia.
Justamente, el viceministro de Relaciones Exteriores ruso, Mijaíl Bogdanov, dijo que Moscú tenía como objetivo mantener sus bases militares en Siria para continuar "luchando contra el terrorismo internacional".
En este sentido, Bogdanov manifestó que los contactos con HTS estaban "procediendo de manera constructiva" y que Rusia espera que el grupo cumpla sus promesas de "protegerse contra todos los excesos", mantener el orden y garantizar la seguridad de los diplomáticos y otros extranjeros.
"Las bases siguen allí, donde estaban en territorio sirio. Estaban allí a petición de los sirios con el objetivo de luchar contra los terroristas del Estado Islámico. Procedo sobre la base de la idea de que todo el mundo está de acuerdo en que la lucha contra el terrorismo, y lo que queda del Estado Islámico, no ha terminado", explicó.
Al respecto, Chaya consideró que es poco probable que Rusia esté dispuesta a abandonar dicha región, algo que quedó en evidencia con la misma caída del régimen de Assad.
Según el experto, "desde la salida de la guerra, Assad no controlaba los resortes de seguridad a gran escala en Siria, sino que dependía para eso en gran parte de Rusia, quien se quedó con el control de la renovación del sistema de defensa. Por ello, emerge la hipótesis de que Moscú, de alguna manera, estuvo al tanto o tomó la opción táctica de soltarle la mano a Assad y perder ciertas posiciones en Siria con ánimo de recuperar a futuro".
"De alguna manera, Rusia supo que no era posible frenar el avance de los grupos rebeldes, lo que marca la fragilidad de un Estado que sale de la guerra, de alguna manera, fragmentado", sentenció.