Casi un cuarto de siglo ha pasado desde que comenzaron las negociaciones transatlánticas entre la Unión Europea y Mercosur.
Hoy, más que nunca, parece que todas las partes están listas para firmar, con una gran excepción: Emmanuel Macron. Pero, ¿por qué Francia es la única en contra y qué puede hacer la Comisión Europea para finalizar el acuerdo?
El pacto con Mercosur abriría los mercados de Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y Bolivia a los exportadores europeos, ofreciendo oportunidades de crecimiento en un contexto de crecientes tensiones comerciales con China.
En total, unos 800 millones de personas en ambos continentes se beneficiarían de un comercio más libre. Sin embargo, a pesar del amplio apoyo a la propuesta entre los gobiernos de la UE, Francia se ha mantenido como el principal obstáculo.
Para que el país galo logre bloquear el acuerdo, tendría que conseguir al menos tres Estados miembros que voten en contra, representando en conjunto al menos el 35% de la población de la UE.
En este sentido, la Comisión Europea está desarrollando un nuevo fondo presupuestario destinado a compensar a los agricultores por cualquier impacto negativo del acuerdo, con la esperanza de que esta medida ayude a suavizar la resistencia francesa y actúe como una herramienta de negociación.
La Unión Europea podría avanzar en el acuerdo gracias a un mecanismo conocido como "votación por mayoría cualificada" (Qualified Majority Voting, QMV).
En el Consejo de la Unión Europea, la mayoría de los acuerdos comerciales se adoptan a través de este sistema de votación, que permite que un tratado sea aprobado incluso si algunos Estados miembros, como Francia, se oponen, siempre que los Estados a favor representen una parte suficiente de la población de la UE.
En concreto, se alcanza una mayoría cualificada cuando al menos el 55% de los Estados miembros (15 de 27) representan al menos el 65% de la población de la UE. Si Francia se quedara sola en su oposición, sería difícil que lograra reunir suficiente apoyo de otros Estados para bloquear el acuerdo.

¿Qué pasa en Francia?
La influencia de Francia en la Unión Europea ha disminuido notablemente en los últimos meses, principalmente debido a la fragmentación del poder político en el país.
Tras la disolución de la Asamblea Nacional, el sistema político francés se ha configurado en torno a tres actores principales: el presidente, el Primer Ministro y el Parlamento.
Existen tres posibilidades para formar un gobierno en el sitema frances. La primera ocurre cuando el presidente cuenta con una mayoría en el Parlamento, lo que facilita la implementación de su agenda política a través de un Primer Ministro afín, quien puede ser reemplazado fácilmente.
Este fue el caso durante el primer mandato de Macron, donde el primer ministro operaba como un miembro más del gabinete.
La segunda opción es la cohabitación, que se presenta cuando el presidente y el primer ministro pertenecen a partidos opuestos; esto provoca un reparto del poder que a menudo resulta en tensiones y estancamientos legislativos, dificultando la aprobación de reformas.
Actualmente, existe un tercer tipo de gobierno, el de coalición, en el que un solo partido gobierna pero bajo un acuerdo informal de no censura con la oposición de derecha, liderada por Marine Le Pen.
Esta situación permite al gobierno mantenerse en el poder sin una mayoría absoluta, aunque complica la toma de decisiones debido a la necesidad de consenso entre diversas facciones.
Pero la situación actual es aún más compleja: en la segunda vuelta legislativa, el frente de izquierda obtuvo el mayor porcentaje de votos, pero Macron optó por ceder el gobierno a un partido (Los Republicanos) que obtuvo menos del 7% de los votos, mientras que el frente de izquierda alcanzó el 28%.
Así, el gobierno depende del apoyo de la extrema derecha, lo que le otorga un poder de veto; por lo que cualquier discrepancia podría llevar a Le Pen a convocar una votación de censura, un riesgo que Macron no podrá evitar.
Y a esto se suma que, durante al menos un año, debido a restricciones constitucionales, Macron no podra volver a disolver la asamblea.
En este contexto, la idea de coalición en la política francesa se percibe como una concesión a un programa electoral que limita el apoyo popular y la legitimidad del gobierno.
En la actualidad, el Jefe de Gobierno es Michel Barnier, el Jefe de Estado es Emmanuel Macron, y el poder político parece estar cada vez más en manos de Marine Le Pen.
Este conflicto interno también se refleja en el liderazgo de Francia en Europa: la Quinta República fue establecida después de la Segunda Guerra Mundial, en una época en que la integración europea aún no estaba consolidada.
Hoy en día, la representación de los Estados miembros ante el Consejo de la UE se basa en un sistema rotativo interministerial. Aunque tradicionalmente el presidente tiene influencia sobre estos representantes, la situación se complica cuando Barnier los nombra, lo que significa que las directrices no provienen del Elíseo, sino de Matignon, la residencia del Primer Ministro.
Esta dispersión del poder dificulta aún más la representación francesa ante la UE, ya que la autoridad ya no está concentrada en una sola figura.
A pesar de la oposición interna generalizada al acuerdo Mercosur, que abarca desde la izquierda comunista hasta la extrema derecha de Éric Zemmour, si Francia queda como el único país en contra, el acuerdo podría avanzar.
Sin embargo, la división del poder en tres dificulta la capacidad de formar alianzas en su contra: Macron se está volviendo cada vez más irrelevante, mientras Barnier navega por una crisis política única en un país con una alta deuda, que no logra aprobar el presupuesto anual, y con una Le Pen que gana popularidad de cara a las elecciones de 2027.
El poder de Macron para bloquear el acuerdo Mercosur se reduce cada vez más y más alarmante aún es la normalización de la extrema derecha y su creciente popularidad.
Los medios de comunicación no son tan críticos como antes, y el gobierno actual depende del apoyo de la extrema derecha para sobrevivir.
La dinámica política de Francia enfrenta un momento crucial: el futuro del acuerdo con el Mercosur podría depender de la capacidad de Macron y Barnier para navegar en un terreno cada vez más complicado.