El 2025 ya comienza a llegar a su fin y, por el momento, no será recordado por grandes sucesos positivos: además de que la mayoría de las guerras de la actualidad (Ucrania y Gaza, entre otras) parecen estar lejos de concluir, la llegada de Donald Trump al poder ha revolucionado aún más la política mundial.
Por lo general, en mayor o menor medida, distintos actores sociales han sufrido algún ataque verbal del mandatario estadounidense y, como no podía ser de otra manera, las Naciones Unidas no fueron la excepción: esta semana, en el marco de la 80ª sesión de la Asamblea General de la ONU, Trump pronunció una poderosa reprimenda al "globalismo destructivo" que ha alimentado conflictos y caos interminables en todo el mundo.
Creada en 1945, en el marco de la Segunda Guerra Mundial, la ONU celebró el 24 de octubre de 1945 su primera sesión de la Asamblea General.
El organismo internacional, hasta ahora el intento más "exitoso" de crear una especie de gobierno mundial (algo imposible si se tiene en cuenta la anarquía internacional y la soberanía de los países), fue impulsada, principalmente, por el presidente de Estados Unidos de ese entonces, Franklin D. Roosevelt.
Roosevelt, consciente de que la Segunda Guerra Mundial había sido consecuencia directa de una política impulsada por uno de sus predecesores (la Sociedad de las Naciones de Woodrow Wilson), sabía que el mundo solo podía mantenerse en paz si EE.UU. adoptaba un rol activo en política internacional.
Pero, para que esto sucediese (Washington había mantenido, históricamente, una política de aislacionismo), tenía que lograr que su país, y otras potencias como la URSS, Reino Unido, China y Francia, recibieran algunos privilegios.
Así, se decidió que estos cinco países tendrían un asiento permanente y poder de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU, el órgano más importante encargado de mantener la paz (la decisión demostró que, en un mundo sin un gobierno mundial, son los países con más poder los que dictan las reglas de juego).
Trump, el destructor del orden liberal
La ONU ha jugado un rol clave para Estados Unidos a la hora de impulsar el orden liberal promovido por Washington: el organismo se caracteriza por defender la democracia, los derechos humanos y el libre comercio, entre varias cuestiones.
Sin embargo, aunque el orden liberal le permitió a Estados Unidos consolidarse como la potencia por excelencia del siglo XX y XXI, a su vez, y aunque sea paradójico, también redujo el poder de Washington: poco a poco, el país norteamericano se ha sobreexpandido y ha asumido más compromisos mientras que, en paralelo, países como China, que han hecho aportes casi nulos a mantener dicho orden, se han visto favorecidos para impulsar su poder.
Y es esta situación la que ha impulsado a Trump al poder (dos veces): los estadounidenses, cansados de intervenir en guerras y de gastar miles de millones de dólares en mantener organismos como la OMC o la OMS, ahora apuestan por "America First".
Por eso, no sorprende que, durante su discurso de esta semana, el propio Trump haya criticado con dureza a la ONU: "En un período de solo siete meses, he terminado siete guerras 'interminables'. Es una lástima que yo tuviera que hacer estas cosas en lugar de que las Naciones Unidas las hicieran, y lamentablemente, en todos los casos, las Naciones Unidas ni siquiera intentaron ayudar".
"¿Cuál es el propósito de las Naciones Unidas? La ONU tiene un potencial tan tremendo. Todo lo que parecen hacer es escribir una carta muy fuerte y luego nunca seguir esa carta. Son palabras vacías, y las palabras vacías no resuelven la guerra", agregó para luego sentenciar: "La ONU no solo no está resolviendo los problemas que debería, con demasiada frecuencia, sino que en realidad está creando nuevos problemas para que los resolvamos".
Las palabras de Trump no son equivocadas si se considera que la ONU, que no posee un ejército propio ni un poder de policía, cuenta con pocas herramientas a la hora de frenar conflictos o proteger a sus países miembros.
Sin embargo, en un mundo en el que las diferencias culturales nunca nos permitirán formar un gobierno internacional, es probablemente lo mejor que hemos podido crear hasta el momento.
Por ello, aunque cada país debe encargarse de su propia seguridad (nadie saldrá en defensa de nadie), la idea de Trump de descartar completamente la cooperación no parece lo más acertado.
¿Macron, el último gran líder de Occidente?
Desde hace años, la calidad del liderazgo de los principales países occidentales parece estar en claro retroceso: aunque casos abundan, los ejemplos de Trump y Joe Biden en EE.UU., de Boris Johnson y Rishi Sunak en el Reino Unido, o de Olaf Scholz en Alemania, han dejado en evidencia sus falencias respecto a sus antecesores.
No obstante, el caso de Emmanuel Macron podría ser el único a rescatar en los últimos diez años: el líder galo, que ha impulsado importantes reformas internas en Francia (pensando más en el futuro de su país que en la imagen positiva de su propio gobierno), es uno de los pocos que parece haber comprendido el contexto internacional.
Así, Macron no solo ha pedido una mayor integración europea, principalmente intentando formar un sistema de defensa común para la Unión Europea, sino que es el único líder de su continente capaz de entender que necesitan una mayor autonomía estratégica respecto a Washington.
La cooperación entre Occidente y los vínculos más independientes con China han formado parte de esta visión en un mundo que, poco a poco, se dirige hacia una distribución de poder multipolar en la que varias potencias se repartirán el liderazgo de las distintas regiones mundiales.
Por ello, no sorprende que, en el marco de la Asamblea General, haya sido Macron el encargado de confrontar a Trump: según él, "más que nunca" el mundo necesita "el espíritu de cooperación" de las Naciones Unidas.
"Somos las Naciones Unidas, y no debemos ceder al espíritu de derrota porque el mundo está aquí frente a nosotros", agregó, apostando por no perder la esperanza ni el aislacionismo.
Para Macron, "Vivimos un momento paradójico en el que necesitamos más que nunca restaurar el espíritu de cooperación que prevaleció hace 80 años. Estamos en proceso de dividirnos y donde, hay que decirlo, las divisiones en la cima del orden mundial, la fractura del mundo, nos están frenando en nuestra capacidad colectiva para resolver los principales conflictos del momento o para enfrentar los desafíos que requieren que lleguemos a un acuerdo".
Los "peores críticos" de la ONU "son también aquellos que quieren cambiar las reglas del juego, seguros de que son de su dominio y están más interesados en dividir el mundo que en hacer los compromisos necesarios para el bien común", remarcó, en un claro mensaje para Trump.
Y, acto seguido, reconoció al Estado palestino, después de que el Reino Unido, Australia y Canadá hicieran el mismo movimiento, no solo para presionar a EE.UU. e Israel, sino porque "ha llegado el momento de la paz, porque estamos a momentos de no poder comprenderla".
Así, aunque el egoísmo continuará siendo la principal característica de los países (la ausencia de un gobierno mundial nunca generará la confianza suficiente entre los estados), Macron nos hizo recordar que no debemos dejar de intentar que el mundo sea un lugar mejor, aunque resulte casi imposible lograrlo.