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Las 4 cuatro crisis simultáneas que enfrenta Scholz en Alemania

Mientras Merkel supo mantener una posición ambigua hacia Rusia, Scholz podría ser menos afortunado y hábil

Olaf Scholz
Olaf Scholz -
Paolo Rizzo Paolo Rizzo 07-02-2022
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En diciembre de 2021, Angela Merkel dejaba la cancillería de Alemania después de 16 años. Nadie pensaba que iba a ser fácil sustituirla ya que la canciller se había convertido en una de los líderes más influyentes del mundo. Además, las últimas elecciones habían dividido el Parlamento alemán en cinco partidos y sin una clara mayoría.

La formación del nuevo Gobierno tardó casi dos meses y, por primera vez, tres partidos acordaron formar el gobierno. Nacía así la coalición semáforo entre los verdes, los liberales (cuyo color es el amarillo) y los socialdemócratas (cuyo color es el rojo). Mientras tanto el partido de los conservadores, huérfano de Merkel, iba a la oposición después de 16 años.

La primera tarea del nuevo canciller socialdemócrata Olaf Scholz fue poner de acuerdo a partidos con posiciones políticas distintas, sobre todo en relación al rol del Estado. Los verdes quieren impulsar inversiones públicas para incentivar la transición energética mientras los liberales insisten en volver a la disciplina de las finanzas públicas. Así, Scholz ha asignado el Ministerio del Clima y Economía a los verdes y el Ministerio de las Finanzas a los liberales. Mientras tanto, el nuevo Gobierno asumía en el medio de una explosión de casos de Covid debida a la variante Omicron.

Hoy, a casi dos meses del juramento del Gobierno de Scholz, Alemania se encuentra en una situación más crítica de lo que se podía esperar. Pero la emergencia no es sanitaria. Los casos de Covid están muy por debajo de los niveles críticos de las semanas pasadas y el porcentaje de vacunados con pauta completa (74%) está por encima de la media europea (71%). La crisis que vive el país es una crisis industrial, económica, energética y geopolítica.

El caso más emblemático es la crisis de la industria automotriz: el pilar de la industria alemana, que produce el 5% del PIB y emplea a más de 800.000 personas. Hasta 2019 se habían producido alrededor de 5 millones de autos cada año. Debido a la pandemia, el número había bajado a 3,5 millones en 2020. Luego, en 2021, el sector fue ulteriormente golpeado por la ausencia de microchips y el retraso en la producción de vehículos eléctricos. En consecuencia, el número de autos producidos en Alemania ha bajado a 3,1 millones. Se trata de una caída del 43% en comparación al promedio de 2010-2019.

Pero el sector automotor no es el único sector en crisis. En 2020 el PIB alemán había registrado una caída de 4,6%: un resultado mejor que el de Italia (-8,9%) y Francia (-7,9%). Pero en 2021 la economía alemana estuvo entre las que menos ha crecido (+2,8%) mientras el rebote ha sido más fuerte en Italia (+6,5%) y Francia (+7%). Además, Alemania es el único país europeo, junto con Austria, que ha registrado una caída del PIB en el cuarto trimestre de 2021 en comparación al tercer trimestre.

Toda Europa ha registrado en 2021 niveles de inflación que no se veían desde hace décadas. Pero la inflación en Alemania (5,7%) ha sido más alta que en Italia (4,2%) y Francia (3,4%). Además, los precios industriales de la energía han subido 72% en Europa y 69% en Alemania. Se trata de gastos que los productores pasarán al consumidor y, de ser así, la espiral inflacionaria podría estar lejos de resolverse.

La crisis energética es europea, pero hay dos factores que afectan a Alemania más que a otros países. Primero, por la decisión alemana de cerrar tres reactores nucleares desde el 31 diciembre 2021. Se trata una decisión que había sido tomada por Merkel en 2011 después del desastre atómico de Fukushima y que produce su efecto en un momento crítico. Segundo, por la crisis ucraniana. El gas de Rusia representa 41% de las importaciones de gas de la UE y una eventual guerra en Ucrania podría dejar la UE sin gas. Es un problema europeo y sobre todo, alemán. En 2020 Alemania importó 2,04 TJ (terajulios) de gas de Rusia: más que la suma de Italia (1,09 TJ), Países Bajos (0,5 TJ), Francia (0,3 TJ), y España (0,14 TJ).

La dependencia de Alemania del gas ruso había llevado al Gobierno de Merkel a financiar un gasoducto que, partiendo de Rusia y atravesando el Mar Báltico, llega directamente a Alemania. La ópera se completó en septiembre de 2021, pero el Nord Stream 2 no ha sido activado aún. Oficialmente por un impedimento burocrático, pero extraoficialmente por las presiones internacionales. En particular, EE.UU. y los países del este de Europa temen que el nuevo gasoducto pueda profundizar aún más las relaciones entre Alemania y Rusia. Es una preocupación basada en los hechos. Hace pocos días Gerard Schroeder, excanciller socialdemócrata de Alemania, ha sido nombrado en el grupo de asesores de Gazprom, el gigante ruso que proporciona gas a Europa.

No sorprende entonces que Alemania haya sido el país más tímido en la gestión de la crisis ucraniana. Mientras otros países de la OTAN envían municiones a Ucrania y soldados a otros países del este de Europa, Alemania solo ha mandado 5.000 cascos a Ucrania. Además, ha impedido a Estonia exportar apoyo militar de origen alemán a Ucrania. Según Annalena Baerbock, líder del partido de los verdes y ministra de Exterior de Alemania, la mejor forma de evitar la guerra sería ejercer una presión diplomática, aunque ninguno confíe en Vladimir Putin.

La crisis geopolítica representa el primer test internacional para el canciller Scholz y podría no ser una coincidencia el hecho que la crisis ucraniana haya empezado nueve días después de su toma de posesión. Parece que Putin ha calculado bien el momento político más oportuno para testear a Alemania y la Unión Europea. Además, la contemporánea crisis energética complica aún más la posición del canciller Scholz.

Mientras Merkel supo mantener una posición ambigua hacia Rusia, Scholz podría ser menos afortunado y hábil. Una eventual guerra en Ucrania lo pondría en la incómoda posición de elegir entre el gas ruso y el apoyo económico y militar a los aliados de la OTAN. Su primera visita en EE.UU. al presidente Joe Biden, programada para esta semana, será clave para definir la posición de Alemania frente a la crisis ucraniana.

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