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La rebelión de Italia contra la “tecnocracia” europea

29-11-2016
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por Eduardo De Simone (*)

Cuando se habla de “tecnocracia” se alude ?despectivamente? al gobierno o al dominio de los técnicos, especialmente en materia económica. En oposición, cada tanto algún “técnico” insiste en que a la economía hay que manejarla “de manera profesional”. ¿Y qué sería eso? Ninguna decisión de política económica es neutra: desde quitar o poner una regulación financiera hasta subir o bajar una alícuota impositiva. Alguien gana o alguien pierde. Los “profesionales” deciden quién.

Bruselas y Roma

Todo esto viene a cuento a raíz de la ofensiva contra Bruselas que lanzó el primer ministro de Italia, Matteo Renzi, luego de los terremotos que azotaron a su país: “Reconstruiremos todo, tenemos los recursos necesarios y los pondremos a disposición de la gente sin ningún respeto por unas reglas tecnocráticas que niegan la identidad de nuestro país”.

La tensión de su Gobierno con la Unión Europea subió así un escalón. Es cierto que Renzi está en campaña. El domingo próximo habrá en Italia un referéndum crucial para su eventual permanencia en el poder. Pero no es la primera vez y no será la última que algún país de la comunidad se rebela contra los mecanismos de control y supervisión derivados de los acuerdos de coordinación de la zona euro. Muchos creen que el excesivo celo de Bruselas en materia fiscal termina ahogando los tibios impulsos de recuperación económica de las naciones más rezagadas.

Números y normas

¿Cuáles son las “reglas tecnocráticas” defenestradas por Renzi? Se trata de las normas que impone la Comisión Europea a los países del bloque en materia fiscal. Existe un procedimiento llamado de “déficit excesivo” al que los miembros de la Unión deben someterse si su desequilibrio presupuestario supera el 3% del PIB o su deuda pública excede el 60% del producto. El mecanismo está contemplado en el llamado Pacto de Estabilidad y Crecimiento que los integrantes de la zona euro adoptaron como anexo del Tratado de Maastricht. El procedimiento supone exigencias estrictas para bajar gradualmente el déficit y un seguimiento permanente de los técnicos europeos para resguardar la “salud” de las economías remisas en ajustar. Italia no supera el 3% de déficit pero su deuda representa más del 132% del PIB y es la segunda más alta del bloque, después de la de Grecia. Los países que no se disciplinan ante las recomendaciones de los técnicos de Bruselas se exponen a multas o sanciones.

Con esa orientación, la Comisión Europea se involucra todos los años en la elaboración de los presupuestos de los países miembros y lo hace con exigencias crecientes de ajuste y austeridad. La demanda inicial de Bruselas al gobierno de Renzi fue inclemente: reducir el déficit presupuestario para 2017 a 1,8% del PIB. El primer ministro rechazó el planteo y se fijó un objetivo superior al 2%. Se discute en estos días cuánto sobre el 2% será aceptado por las autoridades europeas.

El gobierno italiano argumenta que no sólo debe atender la emergencia por los terremotos sino que también es el único país de la Comunidad que rescata a miles de personas que llegan desde la costa de Libia en medio de la crisis migratoria. Concretamente, pide un margen de excepción del 0,4% para ampliar el déficit y enfrentar estos fenómenos.

Para peor, el PIB italiano no logra recuperarse, luego de tres años de caídas ininterrumpidas. Los datos del tercer trimestre confirman que el estancamiento no cedió, en el marco de un magro crecimiento del 0,3% de la eurozona. Al freno del PIB hay que sumar la dificultad para bajar el peso de la enorme deuda pública y los crecientes temores por la salud de su sistema bancario. Desde que estalló la crisis global en 2008 Italia sufrió dos períodos recesivos que le propinaron una caída acumulada del 10% en el PIB. En 2015 se frenó el derrumbe, pero la recuperación no llega.

Camino al domingo

El referéndum sobre la reforma constitucional que convocó Renzi para el domingo puede ser un golpe fatal para la economía si triunfa el no. El proyecto de reforma apunta a dar más atribuciones y estabilidad al poder ejecutivo, limitando la influencia del Senado y las potestades federales. Pero las encuestas pronostican que habrá voto castigo para el gobierno, cuyo futuro será entonces incierto.

El ensayo y error con políticas de ajuste en la última década dejaron exhausta a la tercera economía de la zona euro. Insistir en ese camino no parece aventurar mejores resultados. Si Renzi logra superar el examen electoral del domingo, acaso se anime a discutirle a Bruselas el rumbo apropiado para volver a crecer.

(*) Miembro de la Fundación Embajada Abierta

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