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La interminable lucha de Japón por inflarse

06-10-2016
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por Miguel Zielonka (Director asociado en Econviews)

En el 2003, el Banco de Japón (BoJ, en inglés) introdujo un programa combinado de expansión monetaria cuantitativa y cualitativa (quantitative and qualitative easing). Su objetivo era salir del pozo deflacionario que enfrentaba el país desde hacía una década. Intentaban que la inflación despertara pero siguió durmiendo la siesta, muy por debajo del objetivo anual de 2%.

En enero de este año, el Banco de Japón volvió a la carga con otro electroshock. Cambió y agregó algunas palabras más al nombre de su política. Pasó a llamarla expansión cuantitativa y cualitativa con tasa de interés negativa (quantitative and qualitative easing with a negative interest rates). El remedio fue peor que la enfermedad, y la movida sólo logró generar pánico en los mercados globales, huida a la seguridad del yen, su apreciación y, con ella, una ducha fría para la inflación y un lastre para el PIB japonés.

Si hay algo que culturalmente debemos reconocer como mérito de los japoneses es su obstinación y capacidad de sacrificio. Y, entonces, a fines de septiembre insistieron de nuevo. Y volvieron a cambiar el título de la política monetaria. Y volvieron a agregarle otras palabras. Ahora es expansión cuantitativa y cualitativa con control de la curva de tasas (quantitative and qualitative easing with yield curve control).

Como las iteraciones previas, y siguiendo los usos y costumbres de la última década, todo se basa en un programa de compra de bonos de parte del Banco de Japón, pero esta vez asegurando una mayor pendiente de la curva de tasa de interés. Es decir, apunta a que el diferencial de tasas de mercado entre los bonos de corto plazo y los de largo plazo sea mayor. El objetivo de “mejorar” el rendimiento relativo de los bonos de largo plazo es ayudar a los bancos, las compañías de seguros y los fondos de pensión, que tienen pasivos de largo plazo con tasas positivas y, si no logran rendimientos también positivos, simplemente estarán quebrados dentro de un tiempo.

El riesgo de implementación de este plan es grande. Si el Banco de Japón sigue comprando bonos por el equivalente a US$ 792.000 millones por año (es decir, 1 PIB y medio de Argentina), los precios de los bonos subirán y los rendimientos caerán. ¿Cómo reconciliar esto con el compromiso de que el rendimiento del bono de diez años suba y que llegue a ser superior a 0%? O, dicho más crudamente, ¿se puede mantener tasa nominal negativa en el corto plazo (expansivo) y a la vez empinar la curva de tasas (subir la tasa de diez años es contractivo a nivel monetario)? O, planteado todavía más despiadadamente. ¿El Banco de Japón puede controlar la cantidad de bonos que compra y también el precio al que lo hace?

Ojalá que la obstinación y el sacrificio le ganen a la lógica. Pero parece que el Banco de Japón se quedará sin munición para su política monetaria o sin lugar en la página para seguir agregando sustantivos y adjetivos al nombre de sus planes monetarios. O las dos cosas a la vez.

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