La candidatura de Trump es un retroceso político para EE.UU.

Distintos factores económicos y políticos explican el surgimiento de figuras ajenas a los grupos de poder, tradicionales en los partidos.

05-05-2016
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Pocos dirigentes y analistas políticos creían al comienzo del ciclo electoral en Estados Unidos que Donald Trump iba a obtener la candidatura republicana. Es un error habitual que cometen en todas partes del mundo quienes integran el círculo rojo de la política cuando tardan en detectar la fuerza que tienen los que provienen de afuera del sistema político tradicional.

Al inicio, se supuso que Trump no seguiría en la carrera hasta el final, y que en caso de continuar perdería contra candidatos más consolidados y con más trayectoria. Cuando empezó a percibirse que no se daría ninguna de esas dos situaciones, la apuesta consistió en evitar que Trump reúna los 1.237 delegados necesarios para obtener la nominación y que consecuentemente hubiese una convención abierta para proclamar a otro candidato. Pero esa alternativa murió con las primarias del martes en Indiana, que se habían constituido en la última línea de defensa para los críticos de Trump.

¿Cuáles son las razones del surgimiento de Trump?

Es evidente que refleja el malestar que existe en muchos países con la marcha de la economía y el funcionamiento del sistema político.

Expresa un populismo versión Estados Unidos, pero populismo al fin. Consiste, entre otras cosas, en proponer soluciones sencillas para problemas complejos. Un ejemplo de ello es la propuesta de construir un muro en la frontera con México.

El mensaje

El discurso de Trump expresa el retorno del nacionalismo económico y el aislacionismo reflejando claramente una visión antiglobalización pero, en este caso, desde la derecha del espectro político. Su retórica se asemeja a los partidos xenófobos que crecen en Europa. Los candidatos con ese perfil suelen aparecer en contextos económicos críticos y, en principio, no parecería ser la situación de Estados Unidos. Es el país que más creció entre los desarrollados y el que mejor, y con mayor rapidez, salió de la crisis de 2008. El desempleo está en torno al 5% y durante los ocho años de Barack Obama en la Casa Blanca se crearon cerca de 16 millones de empleos. ¿Cómo aparece entonces un candidato como Trump en esas condiciones?

La explicación está, en buena medida, en el nivel de ingresos de amplios sectores de la población. En términos reales, son iguales a los que había a fines de la década del '90. La sensación que el crecimiento no les llegó a todos parece estar presente en quienes acompañan a Trump y que son en buena medida blancos, trabajadores e integrantes de las capas medias de la población.

También este año demostró ser muy propicio para las figuras ajenas al estbalishment político tradicional. La candidatura de Trump entre los republicanos y la de Bernie Sanders entre los demócratas expresan claramente el clima de época.

Una figura de esas características era una demanda particularmente fuerte por parte de las bases republicanas. En los últimos años, la retórica anti-Washington que llevó adelante el Tea Party generó las condiciones para el surgimiento de Trump. Es evidente que no era ese el resultado esperado porque los más radicalizados detestan a Trump a quien no consideran conservador ni le reconocen identificación con sus valores. Pero las estrellas del Tea Party como los senadores Ted Cruz y Marco Rubio sucumbieron ante quien expresaba mejor que nadie el hastío con la política tradicional. Ayudaron a crear un monstruo que se los devoró.

También pesaron las características personales. Son tiempos en los que la política se ha personalizado y Trump expresa mejor que nadie el cruce entre el mundo de la política y el de las celebrities.

Las campañas Finalmente, la debilidad de sus rivales le facilitó el trabajo a Trump. Ninguno despertaba demasiado entusiasmo en los votantes. El que más se mantuvo en la carrera fue Cruz que nunca fue querido por la estructura del partido y John Bohener el expresidente de la Cámara de Representantes y una de las figuras republicanas más reconocidas lo calificó de Lucifer. Además, cometió varios errores en el tramo final de la campaña como el acuerdo con John Kasich o la designación de Carly Fiorina como compañera de fórmula porque aparecieron como movimientos desesperados frente a resultados electorales crecientemente adeversos.

Es una etapa en la cual las bases republicanas parecen más entusiasmadas con un candidato populista que con un conservador ortodoxo y radicalizado.

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