Según el FMI, la economía global crecerá 3,1% en 2026, una décima menos que en 2025; la tasa de inflación seguirá bajando y el comercio internacional se sostendrá e ira adecuándose a la suba de aranceles dispuesta por Donald Trump.
A partir de mediados de 2025 las estrategias de los principales bancos centrales del mundo comenzaron a bifurcarse.
En julio, el Banco Central Europeo decidió hacer una pausa en el ciclo alcista de la tasa de interés que habría comenzado en junio de 2024.
En los mercados predomina la opinión de que el BCE no tocará la tasa en 2026 teniendo en cuenta que proyecta un crecimiento del PIB de 1,2% y una inflación de 1,9% en línea con su meta.
La política monetaria
En el caso de la Reserva Federal, luego de varios meses sin tocar la tasa como consecuencia de que la inflación estaba por encima de la meta y sin tener claro el impacto que tendrían en los precios la suba de aranceles impulsada por el Gobierno, a partir de septiembre comenzó con los recortes. Fueron tres de 25 puntos básicos en 2025 y en 2026 podría haber uno o dos más.
Según las proyecciones de la entidad monetaria dadas a conocer en diciembre, el PIB de Estados Unidos crecería 2,3%en 2026 superando el 1,7% de 2025.
A su vez, la inflación, medida por el índice de gastos en consumos personales, sería de 2,4% el año que viene inferior al de 2025.
Para los mercados será un dato relevante la designación del nuevo presidente de la Fed que en mayo sucederá a Jerome Powell y que se supone llevará adelante una política más expansiva.
Para Argentina, que aspira a volver al mercado internacional, es clave la evolución de los bonos del Tesoro de EEUU. Los analistas no esperan cambios significativos en el rendimiento del bono a 10 años que termina 2025 apenas por encima de 4% y que podría bajar en el segundo semestre cuando se estabilice la política monetaria. Tasas más bajas, hacen menos atractivas las colocaciones en activos dolarizados y por lo tanto quedan más capitales disponibles para invertir en otros mercados.

Al mundo emergente siempre le fue mejor cuando la moneda estadounidense se debilitó frente a las demás. Argentina es un caso de manual en ese sentido. En 2025, el dólar bajó cerca de 10% contra una canasta integrada por las monedas de los principales socios comerciales de Estados Unidos.
Entre los analistas predomina la visión de que el dólar se seguirá debilitando en los primeros meses de 2026 como consecuencia de la baja de la tasa de interés. Pero se espera que se recupere a partir del segundo semestre producto de un mejor desempeño de la economía estadounidense y del fin del ciclo bajista de la tasa de interés.
El desempeño económico de Brasil también tendrá influencia en Argentina por tratarse de uno de sus principales socios comerciales. Según los analistas del mercado, en 2026 el índice de precios al consumidor amplio subiría 4,10% en 2026, el PIB crecería 1,80%, algo menos que en 2025, pero manteniendo el ritmo positivo de los últimos años, la tasa Selic se reduciría del 15% actual a 12,25% y el dólar cerraría el año que viene a 5,50 reales, un valor apenas superior al de este momento.
De todas maneras, el mercado cambiario puede tener alguna volatilidad durante la campaña para las elecciones presidenciales de octubre.
En cuanto a los precios de las materias primas que constituyen el núcleo de la oferta exportadora de Argentina, no cabe esperar buenas noticias, pero la generación de dólares se compensaría por crecientes niveles de producción.
Esto vale para los productos agropecuarios y para el petróleo, que luego de un 2025 con precios en baja, enfrentará un escenario similar en 2026. El barril del petróleo caería por debajo de los US$ 60 considerando que el gobierno de EEUU no tomará ninguna medida que pueda incrementar el precio de la nafta en un año electoral.