Tras la pandemia del Coronavirus, podríamos decir que, actualmente, la economía mundial se ha recuperado, aunque ya no ha vuelto a ser la misma: la mayoría de los países más importantes del mundo hoy ven cómo su PIB crece, aunque a un ritmo mucho menor que antes.
Y parte de la explicación a esto último , por cierto, son los elevados niveles de déficit y deuda que los países manejan -niveles que aumentaron durante la pandemia para reactivar las economías-.
Por ejemplo, la deuda de Francia hoy en día es de 3.345 billones de euros, y representa el 113,9% de su PIB.
Además, París no ha tenido un superávit presupuestario en más de cincuenta años y, a este ritmo, el costo del servicio de la deuda podría convertirse en la partida más grande del presupuesto para 2029 (su carga de deuda solo está detrás de las de Grecia e Italia).
Pero Francia no es la única potencia europea complicada: en el último año fiscal, el gobierno del Reino Unido pidió prestados casi 15.000 millones de libras más de lo que se pronosticaba. Así, el endeudamiento neto del sector público británico para el año fiscal 2024/25 fue de 151.900 millones de libras, mientras que, como porcentaje de la producción económica, el déficit presupuestario en 2024/25 fue del 5,3%, frente al 4,8% de 2023/24.
Sin dudas, el caso más preocupante es el de Alemania, quien alguna vez supo ser la "locomotora de Europa": el déficit financiero (endeudamiento neto) de las administraciones públicas fue de 118.800 millones de euros en 2024.
Por lo tanto, según la Oficina Federal de Estadística, el déficit de las administraciones públicas fue 15.000 millones de euros superior al de 2023. En otras palabras, medida como porcentaje del PIB a precios corrientes, la ratio de déficit fue del 2,8 % en 2024.
Problemas más importantes
Indudablemente, tanto Berlín como París y Londres son conscientes de lo importante que sería reducir el gasto público en este momento. Sin embargo, la realidad se los está impidiendo: por las crecientes tensiones internacionales, el gasto en defensa no solo ha pasado a ser una necesidad, sino una obligación.
Durante años, los países europeos pudieron destinar miles de millones de dólares a su sistema social gracias a la paz que reinaba en Europa, así como a contar con la protección de Estados Unidos.
Sin embargo, en tan solo un suspiro, ambas situaciones casi han desaparecido, comenzando con la cuestión de la paz: la invasión rusa de Ucrania, que se inició por febrero de 2022, les ha dejado en claro a los países europeos que, en este mundo en el que no existe una policía mundial, la seguridad corre por cuenta propia o, de lo contrario, se deberán pagar las consecuencias de no estar preparados para hacerse cargo.
A esto se suma que Europa, desde este año, tampoco cuentan con la garantía de que Estados Unidos saldrá en su defensa, ya que el presidente Donald Trump insiste con que el Viejo Continente debe asumir la responsabilidad.
Lo más preocupante para Europa es que esta tendencia podría continuar más allá de Trump: durante años, Estados Unidos se ha sobreexpandido a la hora de ocuparse de cuestiones internacionales, lo que ha derivado en un impresionante incremento de su déficit público (la política exterior no es la principal responsable de esto, aunque sí resulta relevante).
Así, con un déficit público del 8% de su PIB, Washington parece comprender que un repliegue estratégico es fundamental para poder abocarse a su verdadera preocupación: la contención de China en Asia-Pacífico.

Manos a la obra para Europa
El actual contexto internacional ha hecho que Europa reconfirme lo que siempre es una realidad: la seguridad constituye el asunto más importante a abordar por parte de los países (sin seguridad, ningún otro objetivo puede ser perseguido).
Por eso, Alemania, un país que en las últimas décadas se había alejado considerablemente de su histórico rol como potencia militar, ahora comienza a retornar a las bases: Berlín duplicará con creces su gasto militar para el cambio de década.
En total, Alemania planea gastar 649.000 millones de euros en el ejército durante los próximos cinco años, el esfuerzo de rearme más ambicioso del país desde la reunificación.
De cumplirse, el plan presupuestario haría que Alemania alcance el objetivo de gasto recientemente aumentado de la OTAN del 3,5% del PIB para 2029. Solo para este año, Berlín asignó 86.000 millones de euros a su ejército (2,4% del PIB).
Por su parte, Francia planea acelerar su gasto en defensa y alcanzar un presupuesto planificado de 64.000 millones de euros para 2027, en lugar de 2030. De esta forma, Francia duplicaría su gasto de defensa desde 2017, cuando fue de 32.000 millones de euros.
Según el presidente Emmanuel Macron, uno de los actores que más ha insistido con la necesidad de que Europa sea más autónoma de Estados Unidos en materia de defensa, este rearme no aumentaría la deuda del país.
"Nuestra independencia militar es inseparable de nuestra independencia financiera. Por lo tanto, se financiará con más actividad y más producción", explicó, aunque sin dar detalles de cómo se logrará.
"Para ser libre en este mundo debes ser temido, para ser temido debes ser poderoso", agregó el mandatario, pareciendo comprender que, en un mundo donde las leyes internacionales no funcionan (nadie se encarga de ejecutarlas y hacerlas cumplir), es el poder lo único que puede garantizar la seguridad de los países.
Por último, en el caso del Reino Unido, el primer ministro Keir Starmer también se ha comprometido a cumplir con un nuevo objetivo de gastar el 5% del PIB en seguridad nacional para 2035.
Con el fin de lograrlo, Londres aumentará al 2,5% del PIB el presupuesto de defensa del país para el 2027, el más importante desde el final de la Guerra Fría. Y, para hacerle frente a dicho incremento, el Gobierno reducirá el actual 0,5% del PIB que destina a la cooperación internacional al 0,3% para ese año.
Así, y una vez más, queda en evidencia que, en épocas de tensiones, la cooperación y el respeto por las leyes internacionales no son suficientes para que los países se sientan seguros y que, incluso, en situaciones económicas complicadas, los países seguirán prefiriendo los cañones sobre la mantequilla.