El Reino Unido atraviesa un momento crítico. Lo que parecía un gobierno laborista estable bajo Keir Starmer se ha convertido en un rompecabezas: deuda creciente, tensiones sociales profundas y un sistema político cada vez más frágil. A poco más de un año de su llegada al poder, Starmer enfrenta una crisis de legitimidad que lo ubica entre los líderes menos apoyados de Europa.
Una encuesta realizada a fines de agosto muestra que sólo el 22% de los británicos mantiene una opinión positiva sobre el primer ministro, frente a un 69% que lo evalúa desfavorablemente, un nivel de impopularidad superado solo por Emmanuel Macron en Francia. Desde las elecciones generales de julio de 2024, el Partido Laborista ha caído del 37,5% al 23,3% en intención de voto, la mayor pérdida de respaldo en décadas dentro de la política británica.
Sólo el 22% de los británicos mantiene una opinión positiva sobre el primer ministro, frente a un 69% que lo evalúa desfavorablemente
Este vacío político ha sido aprovechado por fuerzas de derecha, con Reform UK, liderado por Nigel Farage, quien emerge como una alternativa potente, llegando al 30% en algunos sondeos. Al mismo tiempo, Starmer pierde votantes tanto hacia la derecha como hacia partidos progresistas de izquierda, incluidos los Liberales Demócratas, Verdes y nacionalistas escoceses y galeses. Datos recientes indican que un 14% de los votantes laboristas de 2024 ahora considera apoyar a la derecha, mientras que un 26% opta por otras opciones de izquierda.
La dinámica actual no solo recodifica el mapa político británico, sino que también plantea interrogantes sobre el futuro de los liderazgos en Europa.

De Cameron a Starmer: una década de turbulencias
El Reino Unido ha atravesado un período de intensas dificultades políticas y económicas en la última década, producto de decisiones clave y liderazgos con diferentes grados de éxito y controversia.
Todo comenzó con David Cameron, el primer ministro conservador que, en un intento de resolver las divisiones internas de su partido, convocó el referéndum de 2016 sobre la membresía del Reino Unido en la Unión Europea. La aprobación del Brexit marcó el inicio de una profunda crisis política y social, y ha dejado un país polarizado y con desafíos descomunales por delante.
Theresa May ha sido la sucesora de Cameron y se enfrentó a la ardua tarea de negociar la salida de la Unión Europea. Sin embargo, sus esfuerzos se vieron frustrados por un Parlamento persistentemente dividido, y generó una parálisis política. Su gobierno atravesó renuncias y falta de consenso, y ha dejado pendientes problemas estructurales que aún hoy afectan al Reino Unido.
Boris Johnson, a continuación, tomó las riendas con la promesa de culminar el proceso del Brexit. No obstante, su mandato fue agitado, marcado por decisiones controvertidas y escándalos que aumentaron la incertidumbre. Aunque logró concretar la salida de la UE, dejó un legado de servicios públicos desbordados y una creciente desigualdad social.
Liz Truss llegó al poder el 06 de septiembre de 2022 con una audaz agenda de recortes fiscales que prometía revitalizar la economía. Sin embargo, su administración fue efímera y duró apenas 49 días. Estas decisiones se justificaron en la creencia de que al disminuir la carga fiscal se incentivaría la inversión y el crecimiento económico. Sin embargo, estos cambios fiscales se anunciaron sin ofrecer un plan claro sobre cómo se financiarían, lo que generó preocupación sobre un aumento en la deuda pública.
Rishi Sunak asumió con la prioridad de restaurar la confianza económica. A través de políticas de austeridad moderadas y un enfoque fiscal prudente, logró cierta estabilidad. Sin embargo, los limitados progresos no pudieron solventar los desafíos estructurales heredados del Brexit ni el estancamiento económico que golpea al país.
Finalmente, Keir Starmer, líder del Partido Laborista, se presentó con promesas de disciplina fiscal y reformas pragmáticas. Actualmente enfrenta el desafío de liderar un país con servicios públicos al borde del colapso, deuda histórica y un electorado cada vez más descontento.
Starmer busca utilizar la recaudación fiscal para cubrir el gasto corriente y reservar la deuda pública exclusivamente para inversiones. Aún así, su margen de maniobra es limitado, dado que gran parte del presupuesto está comprometido en jubilaciones, intereses de la deuda y subsidios energéticos.

El terremoto político de Angela Rayner
La reciente dimisión de Angela Rayner, viceprimera ministra y referente del ala izquierda laborista, por una evasión fiscal en la compra de una vivienda, fue un terremoto político. Rayner conectaba a Starmer con la base trabajadora; su salida dejó un vacío que obligó a remodelar el gabinete: David Lammy como viceprimer ministro, Yvette Cooper en Exteriores y Shabana Mahmood en Interior. Por primera vez, las tres carteras clave quedaron en manos de mujeres, un gesto de renovación frente a la crisis, aunque insuficiente para frenar la sensación de vulnerabilidad.
La reciente designación de Shabana Mahmood como ministra del Interior, tras la dimisión de Angela Rayner, representa una clara respuesta del gobierno de Starmer al ascenso de Reform UK. Mahmood, conocida por su postura dura sobre la inmigración, ha introducido medidas más estrictas para obtener la residencia permanente, y refleja así la necesidad del laborismo de adaptarse a las demandas del público. Su discurso en Liverpool, donde afirmó que se hará "lo que sea necesario para proteger nuestras fronteras", resuena con quienes exigen detener la llegada de migrantes a través del Canal de la Mancha. El compromiso del gobierno laborista de "parar los botes" muestra que finalmente toma nota de las inquietudes de una parte significativa de la población, en un esfuerzo por mitigar la percepción de desconexión con las preocupaciones cotidianas de los británicos.
La renuncia de Angela Rayner no fue simplemente la marcha de una ministra más -ya son siete las dimisiones en el actual gabinete-, sino la caída de una figura que aportaba cohesión, cercanía y una narrativa de superación personal al laborismo. Su salida dejó al descubierto las tensiones internas de un gobierno que buscaba proyectar estabilidad en medio de la tormenta.
Los adversarios políticos no tardaron en aprovechar el vacío. Para los conservadores, la dimisión confirma que el laborismo de Starmer "predica una moral que no practica". Reform UK, el partido de derecha liderado por Nigel Farage, observó en este episodio la prueba de que la élite laborista está desconectada de las preocupaciones de los británicos, desde el costo de vida hasta la crisis de los servicios públicos.
El partido euroescéptico está en ascenso y capitaliza el descontento con los partidos tradicionales. La mayoría de sus votantes asegura haber llegado a Reform UK por su agenda migratoria, pero también porque ofrece una alternativa a los dos principales partidos del Reino Unido. Según las últimas encuestas, su intención de voto sigue en aumento, y refleja el malestar de un sector creciente de la población frente a la gestión de Starmer.

Entre el Estancamiento Económico y el Liderazgo global
Italia superó al Reino Unido en PIB per cápita por primera vez en veinte años, un símbolo del estancamiento económico prolongado. La deuda pública roza el 100 % del PIB y los intereses que debe pagar el gobierno alcanzan máximos históricos.
La electricidad y los servicios básicos son caros, la vivienda accesible escasea, y hospitales y escuelas sufren recortes. Las ayudas sociales crecen año a año ante una población envejecida, mientras los jóvenes sienten que heredarán la deuda de generaciones anteriores.
Starmer intenta cumplir la "regla de oro": financiar el gasto corriente con impuestos y usar la deuda solo para inversión, pero gran parte del presupuesto está bloqueado en beneficios sociales consolidados, subsidios energéticos y jubilaciones, mientras los mercados financieros exigen señales claras de responsabilidad fiscal.
En el ámbito de las relaciones internacionales, el primer ministro buscó proyectar liderazgo al desempeñar un papel fundamental en el reciente acuerdo de paz en Gaza. Bajo su dirección, el Reino Unido ha reconocido al Estado de Palestina, una acción que ha contribuido al establecimiento del histórico cese al fuego entre Israel y Hamas. Este gesto refleja la intención del país de mantener su relevancia en la esfera global y su compromiso con el proceso de pacificación en Oriente Medio, a pesar de los desafíos internos.
Lecciones para la Argentina
La gestión de la deuda, la presión de los mercados y la necesidad de equilibrar gasto social y recaudación fiscal son desafíos universales. En un contexto de crisis social, económica y polarización, figuras como Javier Milei enfrentan dilemas similares: mantener estabilidad económica mientras responden a demandas sociales y expectativas ciudadanas. La historia del Reino Unido recuerda que la estabilidad requiere equilibrio entre cuentas públicas y bienestar social, sin sacrificar a los sectores más vulnerables.
El Reino Unido hoy está al filo: entre deuda, tensiones sociales y un escenario político delicado, cada paso de Starmer será observado con lupa. La historia reciente demuestra que los problemas no surgen de la noche a la mañana; son el resultado acumulado de decisiones de gobiernos anteriores, junto con las tensiones derivadas del Brexit y la creciente desigualdad social. Mientras Gran Bretaña intenta mantenerse en pie, otros países pueden aprender de sus errores y aciertos para no repetir los mismos desequilibrios.
