La tensión entre Giorgia Meloni y Donald Trump volvió a escalar y expuso un quiebre político de alto voltaje entre dos de los referentes de la derecha internacional. La primera ministra italiana acusó al presidente de Estados Unidos de mostrarse demasiado "acomodaticio" con los enemigos de Occidente, luego de que Trump afirmara que ella le había "rogado" por una foto durante la cumbre del G7.
En un video difundido este viernes en redes sociales, Meloni rechazó de manera tajante la versión del mandatario estadounidense sobre su encuentro reciente en Canadá y aseguró que la historia era "completamente inventada". La dirigente italiana, que durante años fue considerada una de las aliadas europeas más firmes de Trump, dijo estar "francamente asombrada" por la actitud del republicano.
"No sé por qué el presidente de Estados Unidos se comporta así con sus propios aliados", afirmó Meloni. Y fue más allá: "No es la primera vez que ocurre. Es lamentable que no tenga la misma determinación con los enemigos de Occidente y con los enemigos de Estados Unidos, con cuyos líderes parece mucho más complaciente".
Antes de cerrar su mensaje, lanzó una frase con tono desafiante: "Pero hay una cosa que debe recordar: ni yo ni Italia suplicamos nunca".
Reacción política en Italia y costo diplomático
El episodio no quedó limitado a una disputa personal. La ofensiva de Trump generó una reacción transversal en la política italiana, con críticas tanto desde el oficialismo como desde la oposición, y dejó en evidencia el deterioro de la relación entre ambos gobiernos.
- El canciller italiano, Antonio Tajani, anunció que cancelará un viaje previsto a Estados Unidos la próxima semana como gesto de protesta. "Las palabras graves y ofensivas del presidente Trump hacia la primera ministra Giorgia Meloni ofenden a toda Italia", escribió en X.
En la misma línea, el ministro de Defensa, Guido Crosetto, sostuvo que los comentarios del presidente norteamericano "no le hacen bien a nadie: ni a Estados Unidos ni a Italia". Por su parte, el viceprimer ministro Matteo Salvini buscó cerrar filas con la jefa de gobierno: "Quien ataca a Giorgia Meloni nos ataca a todos".
Desde la oposición también hubo reproches. Giuseppe Conte, líder del Movimiento 5 Estrellas, afirmó: "Italia no merece ser humillada tan abiertamente". Sin embargo, también aprovechó para cuestionar a Meloni, al sugerir que está pagando el precio de haberse acercado demasiado a Trump y al universo MAGA.
De aliados a rivales: el trasfondo de la pelea
La crisis se desató después de una breve entrevista telefónica que el periodista italiano de La7 le realizó a Donald Trump, en la que el mandatario relató su interacción con Giorgia Meloni durante la cumbre del G7. Allí aseguró que la primera ministra "quería sacarse una foto conmigo desesperadamente" ("wanted to have a picture with me so badly") y que él "sentía lástima por ella" ("felt sorry for her").
La frase cayó como una bomba en Roma. Meloni había sido, hasta hace poco, una de las principales defensoras de Trump en Europa. Incluso respaldó posturas que generaron controversia internacional, como su amenaza de invadir Groenlandia y su aval al bombardeo conjunto de Estados Unidos e Israel sobre Irán.
Pero la relación se enfrió el mes pasado, después de que Meloni interviniera en la discusión entre Trump y el papa León por la guerra en Irán. En esa oportunidad, la líder italiana calificó de "unacceptable" los ataques verbales del presidente estadounidense contra el líder espiritual católico.
La respuesta de Trump fue dura: cuestionó que el gobierno italiano no apoyara con suficiente fuerza la ofensiva estadounidense para destruir el programa nuclear iraní y llegó a decir que la propia Meloni "le faltaba coraje" ("lacked courage").
A pesar de ese antecedente, la premier intentó recomponer la relación en el marco del G7 y buscó acercarse personalmente al republicano. Luego del encuentro, afirmó que el vínculo seguía firme y que no había reproches entre ambos.
"No hubo reproches", dijo Meloni a los periodistas durante la cumbre, antes de agregar que ambos tienen "personalidades bastante fuertes", aunque también defienden "con firmeza" los intereses de sus respectivos países. "No hay necesidad de arreglar nada cuando discrepamos en algún tema; después de todo, cada uno comprende el punto de vista del otro. Por eso volvimos inmediatamente a hablar sobre lo que hay que hacer en los próximos meses", explicó entonces.
Presión interna y cálculo geopolítico
La pelea con Trump llega en un momento incómodo para Meloni. Desde el regreso del republicano a la Casa Blanca, la italiana intentó presentarse como puente entre Europa y Washington, una estrategia clave para preservar influencia en la agenda transatlántica y mantener a Italia como socio confiable dentro de la OTAN y la Unión Europea.
Sin embargo, en las últimas semanas creció la presión interna sobre su liderazgo. El ascenso de Roberto Vannacci, figura ultraderechista y ex general, alimentó críticas desde el propio espacio conservador. Su fuerza emergente cuestiona a Meloni por haber moderado el discurso y por supuestamente haber traicionado los valores de la derecha radical.
En ese contexto, la respuesta airada contra Trump también puede leerse como un intento de reafirmar autoridad hacia adentro, además de defender el prestigio institucional de Italia hacia afuera. La disputa, así, trasciende el plano personal y revela un delicado equilibrio entre ideología, poder y pragmatismo diplomático.
- Este viernes, Vannacci salió a respaldarla y rechazó que se use el episodio para golpear al gobierno. "No estoy de acuerdo con quienes, para atacar a Giorgia Meloni o a su gobierno, terminan arrastrando por el barro a la primera ministra italiana y, con ella, la imagen de nuestra nación", sostuvo.
La pelea entre Meloni y Trump, en definitiva, expone una fractura que podría tener impacto en la relación entre Italia, Estados Unidos y la agenda conservadora europea en un año marcado por disputas electorales, reacomodamientos geopolíticos y tensiones dentro del espacio de derecha internacional.