Tras semanas de tensión, Estados Unidos y China han llegado a un acuerdo comercial que, lejos de resolver los mayores conflictos entre ambos, le pone un freno a la guerra comercial iniciada por Donald Trump en abril.
El miércoles, el propio Trump dijo que estaba muy contento con este acuerdo que elimina las restricciones chinas a la exportación de minerales de tierras raras y permite a los estudiantes chinos acceder a universidades estadounidenses.
"Hicimos un gran trato con China. Estamos muy contentos con él. Tenemos todo lo que necesitamos y nos va a ir muy bien con ello. Y esperemos que ellos también lo estén", dijo un eufórico Trump.
"Nuestro acuerdo con China está hecho, sujeto a la aprobación final con el presidente Xi y conmigo. Los imanes completos, y las tierras raras necesarias, serán suministrados, por adelantado, por China. Del mismo modo, proporcionaremos a China lo que se acordó, incluidos los estudiantes chinos que utilizan nuestros colegios y universidades (¡lo cual siempre ha sido bueno para mí!)", agregó.
Por su parte, este jueves China confirmó el acuerdo al manifestar que ambas partes deben respetar el consenso. Además, Lin Jian, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores , declaró que "China siempre ha cumplido su palabra y ha obtenido resultados".
"Ahora que se ha alcanzado un consenso, ambas partes deben atenerse a él", agregó, en una clara advertencia para Trump y su ya conocida volatibilidad a la hora de tomar decisiones.
Un acuerdo poco claro
Hace algunas semanas, representantes de ambas partes se habían reunido en Ginebra, Suiza, para intentar resolver el conflicto. Sin embargo, las conversaciones fracasaron por las continuas restricciones de China a las exportaciones de minerales críticos.
Por su parte, la administración Trump respondió con controles de exportación que impiden los envíos de software de diseño de semiconductores, motores a reacción para aviones y otros productos a China.
Pero todo pareció destrabarse la semana pasada, cuando Trump se comunicó telefónicamente con su par chino Xi Jinping, lo que posibilitó que los negociadores se reunieran el pasado lunes en Londres. Según el acuerdo, Estados Unidos impondrá un 55% de aranceles sobre los productos chinos, mientras que China le impondrá un 10% de gravámenes a Estados Unidos.
Un funcionario de la Casa Blanca dijo que el 55% representa la suma de un arancel base del 10% "recíproco" que Trump ha impuesto a los bienes importados de casi todos los socios comerciales de Estados Unidos; el 20% a todas las importaciones chinas debido a las medidas punitivas que Trump le impuso a China, México y Canadá, asociadas a su acusación de que los tres facilitan el flujo del opioide fentanilo en su país; y los gravámenes preexistentes del 25% a las importaciones de China que se pusieron en marcha durante el primer mandato de Trump, entre 2016 y 2020.
En este sentido, el secretario de Comercio de Estados Unidos, Howard Lutnick, dijo que la tasa del 55% sobre las importaciones chinas es fija e inalterable.
Además, al ser consultado sobre si los niveles arancelarios a China no cambiarían, afirmó: "Definitivamente se puede decir eso".
Por su parte, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, llevó calma al Capitolio al asegurar que el acuerdo no reduciría las restricciones de exportación de Estados Unidos a los chips de inteligencia artificial de alta gama a cambio del acceso a las tierras raras chinas.
Según Lutnick, el acuerdo eliminaría las restricciones a las exportaciones chinas de minerales e imanes de tierras raras y algunas de las recientes restricciones a la exportación de Estados Unidos "de manera equilibrada".
Sin embargo, muchos detalles del acuerdo y otros sobre cómo se implementará siguen sin estar claros, a lo que se suma que aún resta la aprobación oficial de ambas partes.
Pero, para muchos, incluso si el acuerdo resulta duradero, el único gran logro parece ser devolver a los países al statu quo de hace varios meses, antes de que Trump provocara tensiones con China al aumentar los aranceles sobre los bienes que produce.
Trump no pierde de vista Medio Oriente
Pese a la buena noticia respecto a China, Trump no pudo celebrar del todo ya que, como pasa desde hace décadas, existe la sensación de que una guerra a gran escala puede estallar en cualquier momento en Medio Oriente.
Según la junta de gobernadores del organismo de control nuclear de la ONU (OIEA), Irán había incumplido sus obligaciones de no proliferación, a lo que se suma que el personal estadounidense está siendo trasladado fuera de la región porque "podría ser un lugar peligroso".
Específicamente, a Washington le preocupa que Israel pueda tomar medidas militares contra Irán en los próximos días, algo que sería muy inoportuno si se tiene en cuenta que funcionarios estadounidenses e iraníes celebrarían el domingo en Omán una sexta ronda de conversaciones sobre el creciente programa de enriquecimiento de uranio de Teherán.
Por ello, aunque Trump reconoció que un ataque israelí contra Irán "podría muy bien ocurrir", no lo calificó de inminente y dijo que prefiere evitar un conflicto con Teherán y alcanzar una solución pacífica sobre su programa nuclear.
"No quiero decir inminente, pero parece que es algo que muy bien podría suceder. Me encantaría evitar el conflicto. Irán tendrá que negociar con mayor firmeza, lo que significa que tendrá que darnos algo que no está dispuesto a darnos ahora mismo", explicó Trump, en referencia a que Teherán debe aceptar dejar de enriquecer uranio.
Por su parte, la República Islámica exige el levantamiento de las sanciones estadounidenses impuestas desde 2018.
Justamente, algunos expertos sugirieron que la evacuación de personal y de funcionarios estadounidenses podría ser una estratagema para aumentar la presión sobre Teherán.
Tras el anuncio de la administración Trump de que retiraría parte de su personal de la región, el miércoles los precios del petróleo subieron inicialmente más de un 4%, llegando a sus niveles más altos desde principios de abril, antes caer un poco el jueves.