La crisis política y económica en Alemania no se detiene: tras el despido del ministro de Finanzas, Christian Lindner, líder del Partido Democrático Libre (FDP), se espera que el país germano celebre elecciones anticipadas el 23 de febrero de 2025.
La semana pasada, el canciller Olaf Scholz despidió a Lindner debido a fuertes desacuerdos sobre el gasto y el estímulo para la economía alemana, lo que rompió formalmente la coalición de gobierno.
En un principio, Scholz apuntaba a celebrar un voto de confianza el 15 de enero y, si los resultados eran negativos (lo cual era lo más probable), se celebrarían nuevas elecciones a finales de marzo.
No obstante, los líderes de otros partidos instaron a Scholz a acelerar ese cronograma, argumentando que Alemania no podía permitirse un período prolongado de incertidumbre política.
Por ello, ahora se espera que el Canciller celebre un voto de confianza el 16 de diciembre, allanando el camino para las elecciones de febrero.
En este sentido, se espera que la Unión Demócrata Cristiana (CDU) y su partido hermano conservador bávaro, la Unión Social Cristiana (CSU), sean quienes más chances tengan de llegar al poder, ya que lideran actualmente las encuestas por un amplio margen, con un 32% de apoyo.
Un final inevitable
En los últimos tres años, Alemania no ha experimentado un crecimiento trimestral significativo del PIB real, a lo que se suma que el PIB anual está a punto de contraerse por segundo año consecutivo.
La producción industrial, excluyendo la construcción, ha disminuido 16% desde2017, mientras que la inversión empresarial cayó 12% en los últimos 20 trimestres.
Y el futuro tampoco es muy alentador: según el FMI, el PIB alemán se expandirá apenas 0,8% en 2025.
Esta situación ha generado demasiada ansiedad en los consumidores alemanes, que están ahorrando el 11,1% de sus ingresos, el doble que sus homólogos estadounidenses, afectando aún más la economía.
Estos números en rojo derivaron en que Scholz le pidiera a Linder que flexibilizara las reglas de gasto, además de impulsar el gasto social y la industria a través del estímulo económico, pero el exministro de Finanzas insistió en que el gobierno debía apegarse a estrictas reglas de gasto.
Otro desacuerdo central de la coalición fue la adopción del presupuesto de 2025 por parte del Parlamento, en el que se debe cubrir un déficit de al menos 2.400 millones de euros.
"Con demasiada frecuencia, el ministro Linder ha bloqueado leyes de manera inapropiada. Con demasiada frecuencia se ha involucrado en tácticas políticas partidistas mezquinas. Con demasiada frecuencia ha roto mi confianza", explicó Scholz tras despedir a Linder.
Sin embargo, este último se defendió: "Olaf Scholz no ha reconocido durante mucho tiempo la necesidad de un nuevo despertar económico en nuestro país. Durante mucho tiempo ha minimizado las preocupaciones económicas de nuestros ciudadanos".

Una crisis mucho más profunda
Pero más allá de las medidas que Berlín pueda tomar a corto plazo, la crisis parece ser mucho más profunda de lo que se cree, tal como lo explica Wolfgang Münchau en su libro Kaput.
Durante décadas, el modelo económico alemán ha basado su gran rendimiento en la excelencia de la ingeniería, impulsando las exportaciones de manufacturas, en particular automóviles, y su industria química.
Pero todos esos sectores hoy en día se encuentran en crisis: por ejemplo, según la VDA, la asociación de la industria automotriz de Alemania, la producción de vehículos en el país alcanzó su punto máximo en 2016 con 5,7 millones de automóviles.
A su vez, el año pasado la cifra fue de 4,1 millones y, desde 2018, se han perdido 64.000 puestos de trabajo en el sector, casi el 8% de la fuerza laboral automotriz germana.
Dicha crisis, además de problemas exógenos como la ya casi olvidada pandemia del Coronavirus, sería consecuencia de lo que ahora son vistas como dos estrategias erradas de Berlín.
Específicamente, los alemanes hicieron dos grandes apuestas para sostener su modelo económico: acceder a la energía barata rusa para impulsar su sector químico e impulsar su sector automotriz en base al enorme apetito que existía en China por los autos de alta gama.
Pero, en cuestión de años, la situación pegó un giro de 180°: tras el inicio de la guerra en Ucrania, Alemania se quedó sin acceso a la energía barata rusa, a lo que se suma el casi "suicidio" de haber cerrado todas sus centrales nucleares.
Así, la industria química, uno de los mayores sectores manufactureros de Alemania, se ha visto gravemente perjudicada por el aumento de los precios de la energía.
Y, si bien los precios del combustible parecen haber alcanzado su punto máximo, este verano europeo seguían siendo tres veces más caros que antes de la guerra, lo que explicaría que la producción química alemana esté un 18% por debajo de su nivel de 2018.
Por otro lado, la transformación china, que pasó de ser un importador de autos a un exportador, también representó un duro golpe para el país germano: durante las últimas dos décadas, los ciudadanos chinos se mostraron muy interesados en acceder a los sedanes y SUV alemanes de lujo, lo que derivó en que los fabricantes apostaran a "hacer más de lo mismo" durante años.
Así, a medida que la economía china fue en ascenso, las empresas locales, como BYD, Nio y Xpeng, han atraído a los conductores chinos con vehículos tecnológicamente sofisticados que, respaldados por subsidios, también se venden a precios mucho más bajos.
Y eso es lo que explicaría cómo China engulló el 8% de todas las exportaciones alemanas en 2020. Este año es probable que la cifra sea del 5%.
Ante la crítica situación, Friedrich Merz, líder de la CDU y posible futuro canciller, ha prometido poner en marcha una "Agenda 2030" para reducir la carga de la burocracia, que describe como un "obstáculo clave para el crecimiento".
También reducirá los impuestos a las empresas y las tarifas de la red eléctrica para los clientes industriales a la mitad, mejorando así la competitividad de Alemania.
Su modelo es la "Agenda 2010" que el canciller Gerhard Schröder impulsó en 2003 cuando Alemania era vista como el enfermo de Europa. Sin embargo, el gran temor para muchos es que ya sea demasiado tarde.