Análisis

China, el nuevo eje del poder global

China, que en algún momento supo ser un país subdesarrollado, hoy en día ocupa un lugar central a la hora de definir los lineamientos de la política mundial, tal como lo demuestran las últimas visitas de Trump y Putin a Xi Jinping en Pekín

China, el nuevo eje del poder global

En 1972, Richard Nixon se convertía en el primer presidente en la historia de Estados Unidos en visitar China, un país misterioso e incluso hasta desconocido en ese momento para Occidente. 

En plena Guerra Fría, la estrategia era clara: Washington necesitaba iniciar vínculos con China para, aprovechando el sisma sinosoviético, obligar a la Unión Soviética a competir en dos frentes en simultáneo (para muchos, aquí comenzó la caída de Moscú).

Pero, más de cincuenta años después de estos sucesos, China ha dejado de ser un jugador de segundo nivel para convertirse en una de las dos grandes potencias del mundo actual: en menos de una semana, el presidente Xi Jinping observó cómo sus pares de Estados Unidos y Rusia, Donald Trump y Vladimir Putin, se subieron a sus aviones presidenciales y volaron largas horas para ir a visitarlo a Pekín. 



Gracias al segundo PIB más grande del mundo, a lo que se suman el segundo mayor gasto en defensa a nivel mundial, China, el segundo país más poblado, tiene argumentos de sobra para sentarse en la misma mesa que Estados Unidos (Rusia solo corre en materia militar). 

Y quien se ha percatado de esto es el propio Trump, primer presidente estadounidense en visitar el Gigante Asiático desde 2017 (el último fue también él, durante su primer mandato).

Trump, consciente de que el ascenso chino ya no puede frenarse, parece estar dispuesto a llevar a cabo un reparto del mundo en esferas de influencia, tal como lo demuestra tanto su intervención en Venezuela (y la intención de anexar Groenlandia) como su buena predisposición para que Rusia se quede con parte de Ucrania (no olvidemos la histórica cumbre que mantuvo con Putin el año pasado en Alaska ꟷla última entre presidentes estadounidenses y rusos ocurrió en 2021ꟷ) y China con Taiwán. 



En otras palabras, Trump estaría intentando que, como le ocurrió a la URSS tras la visita de Nixon a China, Estados Unidos no compita con dos frentes en simultáneo (el objetivo de que Europa se haga cargo de su propia defensa también va por este camino).

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Putin y Xi Jinping durante su último encuentro en Pekín

Buena predisposición, pero nada más

Para China, la nueva postura norteamericana es más que interesante, principalmente si se considera que tiene importantes problemas internos que resolver, tal como su crisis de natalidad. 



Es por ello que Xi Jinping, tras aceptar la invitación de Trump para visitar la Casa Blanca el 24 de septiembre, celebró la "nueva posición" de los lazos con Estados Unidos, que contempla una cooperación con competencia mesurada: el presidente chino afirmó que ambos líderes acordaron que generar una "relación constructiva y estratégicamente estable" guiaría las relaciones en los próximos tres años y más allá.

En este sentido, Xi describió tales lazos como basados principalmente en la cooperación, pero con una competencia medida por "una estabilidad normal en la que las diferencias sean controlables y una estabilidad duradera en la que se pueda esperar la paz".

Pero, más allá de las declaraciones, y pese a lo paradójico que esto pueda ser, tanto desde China como desde Rusia no confían en Estados Unidos por ser una democracia: Xi Jinping y Putin son conscientes de que este es el último mandato de Trump, por lo que, dentro de un par de años, un nuevo presidente ocupará la Casa Blanca y, en un abrir y cerrar de ojos, podría darle un giro de 180° a la política exterior norteamericana.



A esto se suma que, pese a ser economías complementarias, China y Rusia podrían tranquilamente ser competidores, tal como lo deja en evidencia el propio sisma sinosoviético (diferencias ideológicas en cuanto a cómo aplicar la doctrina comunista), varias disputas territoriales (como sucedió en isla de Zhenbao) y sus sendos intereses por liderar en Asia.

Sin embargo, fue justamente la presión ejercida por Estados Unidos tras el fin de la Guerra Fría, a través de la expansión de la OTAN o la profundización de los lazos de Washington con Taiwán (el principal productor de semiconductores del mundo) lo que ha empujado a Rusia a acercarse a China.

Por ello, los líderes chino y ruso continúan afianzando los vínculos entre sus países: actualmente, China es, por amplia diferencia, el mayor socio comercial de Rusia, con alrededor de US$ 240.000 millones en comercio, y China es el mayor comprador de crudo ruso. Por su parte, Rusia es el quinto mayor socio comercial de China, después de Estados Unidos, Japón, Corea y Vietnam.



Además, a través de un comunicado conjunto, en el que llamativamente ꟷo quizás no tantoꟷ no se nombró la cuestión de la guerra en Ucrania, los mandatarios condenaron el plan de Trump para crear el Golden Dome, un sistema interceptor de misiles terrestres y espaciales suponía una amenaza para la estabilidad estratégica global.

En esta línea, también criticaron a Estados Unidos por la expiración del tratado New START, que restringía el tamaño de los arsenales nucleares estadounidenses y rusos (caducó en febrero, luego de que Trump no respondiera a la propuesta de Rusia de ampliarlo por un año).

Por ello, aunque probablemente Trump logre reducir las tensiones, la competencia sistémica entre estas potencias llegó para quedarse y, salvo un nuevo cisne negro, escalará hasta que un día alguno deba reconocer la supremacía del otro.  



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