Entrevista

Battaleme: "No necesitamos comprarnos una agenda de exclusión con China, pero en el plano de seguridad tenemos que jugar con Estados Unidos"

El Economista dialogó en exclusiva con Juan Battalame, profesor de Relaciones Internacionales en la UCEMA y UBA

Juan Battaleme
Juan Battaleme Defonline
22 mayo de 2026

En los últimos 7 días, el mundo ha sido testigo de cómo China ha ocupado un rol preponderante en la política mundial: en apenas una semana, el presidente Xi Jinping recibió en Pekín a sus pares de Estados Unidos y Rusia, Donald Trump y Vladimir Putin, respectivamente.

Que ambos mandatarios hayan viajado al Gigante Asiático deja en evidencia que China ya no es una espectadora y, al mismo tiempo, que el mundo que se viene será, nuevamente, regido por un grupo de grandes potencias (habrá que esperar para ver si la Unión Europea, India y Japón hacen los deberes).

En este sentido, todo parece indicar que Trump continúa con su estrategia de que cada potencia domine su zona de influencia: mientras que en América Latina ha intervenido en Venezuela y busca expulsar a Pekín de Panamá, estaría dispuesto a que Rusia se quede con una parte de Ucrania y China con Taiwán.



Pero el principal problema para Trump es que ya atraviesa su último mandato, a lo que se suma, como mínimo, una cuestionable intervención en Irán que podrían frustrar sus planes de reparto a nivel mundial. 

Mientras crece la expectativa respecto a cómo estos países administrarán su competencia, estados más chicos, como Argentina, deben tomar decisiones a la hora de ver a qué bando apoyar. 

Ante el complicado panorama, e intentando encontrar respuestas para algunas de estas cuestiones, El Economista dialogó en exclusiva con Juan Battaleme, profesor de Relaciones Internacionales en UCEMA y UBA. 



-¿Qué podemos concluir de las últimas dos cumbres que Xi Jinping mantuvo con Donald Trump y Vladimir Putin en Pekín?

Hoy en día, en el centro de la estabilidad internacional está China, ya que Estados Unidos es un actor que genera disrupciones, al igual que Rusia. Si uno mira en líneas generales, China se presenta a sí misma como estabilizador.

Desde mi punto de vista, que Xi haya recibido a Putin un par de días después de reunirse con Trump, en principio, no tiene una significancia muy específica. Recordemos que la cumbre se iba a hacer a finales de marzo, pero se pospuso por la guerra en Irán.



Trump fue a China a buscar acuerdos específicos, principalmente en términos comerciales, de tierras raras y de minerales críticos, a lo que se sumaba la guerra en Irán. Por su parte, China trató de cerrar espacios ciegos en la relación respecto de temas como Taiwán y, particularmente, el acceso a la tecnología norteamericana.

En cambio, la visita de Putin es totalmente distinta, ya que la pone a China en el centro: Pekín desplazó a Rusia en los asuntos internacionales en el sentido de que hoy Moscú ya no es un estabilizador de la política internacional como sí lo era durante la Guerra Fría.

En el ámbito de Eurasia, China se presenta con la capacidad de traccionar a Rusia hacia su órbita de influencia y de ponerle presión a los Estados Unidos, discursivamente hablando. Por cierto, si se lee la declaración de Xi y Putin, hablan de todo, menos de Ucrania. 



China se presenta como un actor estabilizado prudente y de largo plazo, y así sale mejor parada de lo que está saliendo Rusia.

Xi Jinping y Donald Trump
Xi Jinping y Donald Trump

-Más allá del rol actual de Trump, y teniendo en cuenta que este es su último mandato, ¿cuál es la estrategia a largo plazo de Estados Unidos en el actual contexto? Queda en evidencia que el mundo ha dejado de ser unipolar hace rato y Washington no podrá continuar ejerciendo su rol de hegemón global. 



Desde hace tiempo que los estrategas están en el Pacífico, como es el caso de Xi Jinping. Pero, cuando se mira a Estados Unidos, la estrategia de largo plazo es jugar a la "casa segura" o, en otras palabras, ordenar el hemisferio, del Ártico a la Antártida.

La estrategia de Trump es una especie de doctrina Monroe con testosterona: la idea de cerrar el hemisferio, complicarlos o hacerles más difícil el acceso a potenciales competidores de Estados Unidos en el hemisferio y a los recursos que necesitan.

Estados Unidos quiere hacer jugar su peso político en la región en este contexto donde se está comenzando a utilizar la interdependencia como un arma, tal como hace China con las tierras raras.



Por ejemplo, durante la última cumbre, Putin fue a China con la intención de confirmar el gasoducto entre Rusia y China. Pero Xi no terminó de cerrar porque no quiere ser dependiente de las industrias energéticas de Rusia, tal como le sucedió a Europa. China busca diversificar.

Por su parte, la estrategia de largo plazo de Estados Unidos es revitalizar la doctrina Monroe y reordenar la relación con Europa: quiere pasar de compartir el peso de la carga a trasladárselos a los europeos en términos de defensa.

-Si Estados Unidos busca hacerse fuerte en su región, ¿por qué intervino de forma tan vehemente en Medio Oriente y lanzó una guerra en Irán? ¿La influencia de Israel juega un rol preponderante en esto? 



Queda en evidencia que Israel convenció a Estados Unidos de llevar a cabo una misión militar, pero, al mismo tiempo, Estados Unidos tiene intereses en la región que no están tan vinculados a la dependencia energética como sí a controlar la proliferación de armas de destrucción masiva, drones y misiles. Que Irán pueda producir armas nucleares o misiles de rango intermedio es un problema para la política norteamericana. 

Hay que recordar que, durante su primer mandato, Trump rompió un tratado con Irán en materia de misiles de alcance intermedio porque él creía que países como Pakistán, India y Rusia estaban proliferando en esa vía, e Irán también. 

¿Pero dónde perdió Trump la narrativa? Cuando dice que quiere un cambio de régimen en Irán. Es ahí donde comete un error político importante. 



Personalmente, me preocupa que el nuevo precio de estabilidad del mercado del petróleo vaya a ser de alrededor de los US$ 100, lo que significa que la economía mundial va a tardar en recuperarse.

Por otro lado, oficialmente, la operación militar Furia Épica terminó porque a Trump se le vencían los plazos en el Congreso. Por ello, es probable que ahora se venga una nueva operación militar y vuelven a correr los 60/90 días de operación de guerra sin que el Capitolio pueda frenar a Trump.

Respecto a la guerra, estamos en una especie de equilibrio inestable o empate en el que ambos bandos pueden obtener resultados. 



Además, retomando el tema de China, es interesante resaltar cómo Pekín ha sido muy exitoso en construir esta nueva Ruta de la Seda terrestre que le permite hoy sacar en camiones el petróleo de Irán y llevarlo al puerto de Gwadar, en Pakistán, obra que, justamente, construyó China. 

Así, queda en evidencia cómo las previsiones chinas de un conflicto en la región le han permitido construir esta red de caminos y puertos que hoy le dan un margen de maniobra un poco mayor. Esto demuestra que China está jugando este juego a largo plazo y por eso no cede tan fácilmente al pedido de Trump para que intervenga en la cuestión de liberar el estrecho de Ormuz.

Trump
Trump junto al primer ministro de Israel Netanyahu



-Al igual que EE.UU., Argentina es una democracia, lo que significa que tranquilamente la oposición podría regresar al poder. Por ello, más allá de que el actual oficialismo está claramente alineado con Estados Unidos, ¿cuál es la política exterior que el país debería aplicar a largo plazo teniendo en cuenta el mundo que se viene? 

Argentina debe aplicar una estrategia de Compromiso Selectivo: no podemos llevarnos mal con China, pero hay que entender que la dinámica de seguridad no puede estar desvinculada de Estados Unidos.



Es preciso llevarse bien con China porque tenemos economías complementarias y ellos pueden comprar lo que nosotros vendemos. Por lo tanto, no necesitamos comprarnos una agenda de exclusión con China en el plano comercial. 

Pero, en el plano de seguridad, tenemos que jugar con Estados Unidos y con Europa. Argentina debe abandonar el discurso del "Sur Global" y pasar al discurso transatlántico, porque nuestra posición es atlántica.



Cuando uno mira el mundo, el arco de inestabilidad está en Ucrania, Medio Oriente y en una parte del Pacífico. Pero los que siguen siendo proveedores de estabilidad en materia de seguridad energética, mineral y alimentaria somos los países de esta región.

Argentina puede contribuir con eso y puede beneficiarse de situaciones de tensión como las actuales. Por eso, tener ordenada la macroeconomía y que no haya una política ambigua puede resultar muy positivo. 

Necesitamos un compromiso selectivo, una política exterior no ambigua que tenga en claro la posición geográfica del país en términos de seguridad y utilizar nuestra posición geográfica relativa a los conflictos para obtener beneficios económicos.



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