El diputado Martín Lousteau publicó un extenso newsletter en Substack que arranca hablando de pistachos, pero termina contando algo mucho más grande: cómo detrás de una moda alimentaria pueden esconderse guerras, disputas económicas, problemas ambientales y estrategias globales de marketing.
"Hasta las cosas que parecen nimias −como los pistachos− pueden generar grandes movidas", escribe Lousteau. Y enseguida deja clara la idea central de su texto: "Las cosas más atroces −como las guerras− siempre tienen más de un interés sobre el que se saca partido".

La reflexión aparece después de mencionar los ataques de Estados Unidos sobre zonas cercanas a Rafsanjan, en Irán, una región clave para la producción mundial de pistacho. Porque sí: detrás del boom del pistacho también hay geopolítica.
Durante décadas, Irán dominó casi por completo ese mercado. Pero todo cambió después de la revolución iraní y el embargo de 1979. Ahí empezó a crecer con fuerza la industria estadounidense, especialmente en California. "La primacía es para los EE.UU., que hoy produce y exporta aproximadamente 3,5 veces más que Irán", señala Lousteau.
Cómo California convirtió al pistacho en un símbolo de vida sana
Una de las partes más interesantes del newsletter es cuando Lousteau conecta el pistacho con la cultura wellness californiana.
"California no inventó el cuerpo sano, pero sí la industria que lo vende", afirma.
A partir de ahí recorre décadas de construcción cultural: Muscle Beach, Jane Fonda, el fitness de los años ochenta, Silicon Valley, el biohacking y las apps que prometen optimizar el cuerpo humano.
En ese contexto, explica, el pistacho dejó de ser simplemente un fruto seco para convertirse en un "alimento funcional" asociado a la proteína vegetal, el deporte y la vida saludable.
"Ya no se trata de un mero producto agrícola, sino de un alimento funcional para el consumidor wellness", sostiene el diputado en el texto.
El negocio multimillonario detrás del "oro verde"
Lousteau también pone el foco en quién controla el negocio. Según explica, gran parte de la industria estadounidense está concentrada en manos de Wonderful Company, propiedad de la familia Resnick.
El problema es que los pistachos requieren enormes cantidades de agua en una California que vive crisis hídricas recurrentes.
"Hay importantes debates acerca de cómo se asignan los recursos, quiénes tienen acceso prioritario, por qué se cultivan ciertos productos y no otros", advierte.
Y ahí Lousteau mete una comparación inevitable con la Argentina: "Cualquier semejanza con los debates acerca del RIGI y la modificación de la ley de Glaciares no es pura coincidencia".

Del "helado de viejo" al chocolate Dubai
El newsletter también tiene momentos más personales y cotidianos. Lousteau recuerda que cuando era chico el pistacho era casi un gusto olvidado de heladería.
"Era 'de viejo'", escribe entre risas.
Pero eso cambió radicalmente en los últimos años, sobre todo con el boom del llamado "chocolate Dubai", una mezcla de chocolate y pistacho creada por la emprendedora Sarah Hamouda en Emiratos Árabes Unidos.
"La combinación se convirtió en tendencia. A lo largo y ancho del mundo, las heladerías, las cafeterías, las chocolaterías: todas tienen su versión 'Dubai'", cuenta Lousteau.
El resultado fue explosivo: subió la demanda global, aumentaron los precios y hasta empezaron a aparecer problemas de abastecimiento.
La conclusión del diputado es simple pero potente: detrás de cada moda que parece inocente suele haber algo mucho más profundo funcionando por abajo.
Y el pistacho, inesperadamente, terminó convirtiéndose en uno de los mejores ejemplos de eso.
"La próxima vez que muerdas un alfajor Dubai, vas a acordarte de que el entramado de chocolate y pistacho esconde otro entramado, más complejo, social, económico y político. Eso que no siempre vemos si no abrimos la cáscara", concluyó Lousteau.