La eliminación mundialista pone rápidamente al Uruguay otra vez frente a sus problemas
Panorama

La eliminación mundialista pone rápidamente al Uruguay otra vez frente a sus problemas

Orsi recién se está aproximando a la primera "pausa de hidratación": va casi un cuarto de un mandato que terminará en 2030, un año en que, casualmente, la política y el fútbol mundialista volverán a cruzarse.

Ismael Grau 2 julio de 2026

¿Hay alguna correlación o causalidad entre grandes fracasos futbolísticos nacionales y expectativas de los agentes económicos? En días en que los uruguayos sufren por la temprana eliminación de su selección de esta Copa del Mundo, la pregunta, lanzada en la red social X por el economista Aldo Lema, parece lejos de ser una disquisición teórica.

La ilusión mundialista demasiado efímera -tras los empates frente a Arabia Saudita y Cabo Verde, y la derrota ante España- puede llevar a un aterrizaje brusco no sólo en lo económico, sino también por el momento político. 

En lo primero, porque en los últimos años el Uruguay, en promedio, ha crecido relativamente poco (las autoridades acaban de revisar a la baja la proyección para el 2026, de 2,2% a 1,6%), si bien el nivel de empleo y los ingresos reales han aumentado. 



En lo segundo, porque la popularidad de la administración de centroizquierda frenteamplista, encabezada por el presidente Yamandú Orsi, viene en caída libre, en parte por dificultades para resolver asuntos preocupantes para los orientales como el alto costo de vida, la inseguridad pública o la pobreza infantil, y también debido a errores no forzados de comunicación.

Fútbol y expectativas

En países con fuerte tradición futbolística, como los ríoplatenses, la expectativa por un Mundial suele ser un acelerador del consumo: se venden más televisores, más productos para los asados o picadas previos a los partidos, y más paquetes de viaje a los que tienen la posibilidad de presenciar la fiesta. La pauta publicitaria ofreciendo lo que sea desborda, teñida del color de la camiseta del combinado nacional.

Esta vez, en el Uruguay probablemente ese empuje dure tanto como la fugaz presentación de la selección de Marcelo Bielsa. Hay que decir, también, que algunas dolorosas derrotas en la preparación para esta Copa -como la goleada por 5-1 ante Estados Unidos- y la lesión de un par de piezas importantes, habrían moderado las expectativas de cara al torneo: el golpe no es tan duro porque no se cae desde tan alto.



Lema, director de la consultora Vixion, hilvanó un vaticinio a su planteo tuitero: "Es evidente que habrá cierto malhumor en parte de los uruguayos al menos durante algunas semanas (junio-julio). Sería interesante que las encuestadoras midieran eso y sus potenciales efectos sobre otras percepciones (expectativas)".

yamandu orsi - .
 

El "clima económico" en el Uruguay ya venía deteriorado, según el índice elaborado por la Fundación Getulio Vargas de Brasil; en el primer trimestre quedó en 77,5 puntos (en un rango de 0 a 200) y en el terreno de "condiciones desfavorables". La caída, de 34,7 en comparación con los 112,2 puntos de octubre-diciembre de 2025, se debió sobre todo al empeoramiento de las perspectivas a seis meses, consignó la revista local Búsqueda en la edición del último jueves.



Si los funcionarios esperaban que los uruguayos estuviesen varias semanas inmersos en el clima mundialista, Bielsa y sus pupilos también los decepcionaron a ellos. Ahora, mientras se mira de reojo las fases definitorias de este Mundial norteamericano, el gobierno tendrá que esforzarse más para mejorar su funcionamiento colectivo, marrar menos en la comunicación pública y acertar más, por ejemplo, frente a la violencia narco que tiene tomados algunos barrios periféricos de Montevideo, al problema de la gente indigente que vive en las calles o ante el déficit fiscal persistentemente alto

Pero Orsi, como capitán, está debilitado, y hasta se especula con posibles sustituciones en su plantel ministerial por discordias o bajos rendimientos. Una encuesta de la consultora Cifra hecha a principios de este mes y difundida la semana pasada expuso un fuerte traspié en la imagen pública del presidente: la desaprobación saltó a 65%, desde 46% en febrero, a la vez que el apoyo cayó a 20% (desde 31%). Son datos que desconciertan al elenco oficial oriental, teniendo en cuenta que recién se está aproximando a la primera "pausa de hidratación": va casi un cuarto de un mandato que terminará en 2030, un año en que, casualmente, la política y el fútbol mundialista volverán a cruzarse.

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