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¿Las Lebacs le ganan a la inflación y generan recesión?

12 diciembre de 2016

por Matías Daghero

Al momento de hablar de las inversiones más recomendadas y mencionadas en este 2016 por analistas, especialistas, economistas e, incluso en los últimos días, también por políticos, sin lugar a dudas hay una protagonista estelar: las Lebac. Esta herramienta, similar a un plazo fijo, permite al inversor colocar sus pesos desde plazos tan cortos como 35 días hasta plazos que exceden los 200 días. Y, siendo quien paga el interés aquel que tiene la capacidad de emitir la moneda (nada menos que el BCRA), tiene un riesgo de default nulo. Los pesos los vamos a cobrar seguro, la pregunta es qué valor adquisitivo van a tener esos pesos cuando los cobremos.

Un recorrido

Desde el comienzo de su gestión al frente del BCRA, Federico Sturzenegger sostuvo que la principal misión de esta entidad es controlar y disminuir la inflación. Para esto, la tasa de referencia (que durante gran parte del año fueron las Lebac) iba a ser positiva para captar los pesos excedentes y evitar que los mismos se trasladaran a precios.

Sin embargo, si realizamos un análisis fino de las tasas de todas las licitaciones y de la inflación acumulada en el año (utilizando los datos de inflacionverdadera.com hasta abril y empalmando luego con los datos del nuevo Indec), podremos notar que quien apostó por las Lebac en el primer semestre perdió poder adquisitivo. Recién en el mes de agosto la balanza comenzó a inclinarse en favor del rendimiento conseguido por las Lebacs como puede observarse en el gráfico 1.

¿Recesión?

Como contrapartida de estas tasas supuestamente elevadas, a la economía le iba a costar arrancar. Si bien la actividad económica está fuertemente parada, quizás es injusto sobreestimar el impacto que las tasas de interés tienen en la economía argentina. Es que, si para reactivar la economía bastara con algo tan fácil como bajar las tasas de interés, de 2011 a esta parte deberíamos haber crecido a tasas chinas. Durante los últimos años del kirchnerismo, las tasas fueron fuertemente negativas y esto no tuvo su correlato con un crecimiento económico. Más bien todo lo contrario. Es que en un mercado financiero tan pequeño como el argentino, el impacto de la política monetaria por sí sola no es tan amplio. Basta con mirar los números para notar que aspectos externos, como la recesión en Brasil o un precio de la soja bastante lejos ya de los US$ 650 que supo alcanzar, tienen un mayor impacto que las tasas de interés.

La reciente caída en las tasas de interés de las Lebac no ha tenido un fuerte correlato con la tasa a la que los bancos otorgan créditos (aunque sí lo ha tenido en las tasas de los plazos fijos). Por otra parte, las tasas elevadas de las líneas de crédito y descubierto que otorgan los bancos, no son las que grandes compañías, empresas Pymes y comercios se endeudan para financiar su crecimiento sino que lo hacen utilizando líneas productivas financiadas por el Gobierno a tasas más cercanas al 20%, descuento de cheques en la Bolsa a tasas también de entre el 20-25% (e incluso en épocas del año en que fondos comunes de inversión deben salir a comprar estos instrumentos se pueden conseguir tasas del 10%).

Donde sí puede estar teniendo un impacto las tasas que paga el BCRA por las Lebac es en que algunos empresarios en lugar de invertir en la actividad productiva, prefieran hacerlo en el mercado financiero ya que los retornos de las Lebacs son mayores a los de su negocio. Pero demonizar a las Lebac por esto es cuanto menos injusto. Es que, si no lo hiciera en las Lebac, este empresario que prefiere esperar a ver un repunte en la actividad antes de expandirse, también lo haría en el dólar (con el consiguiente impacto a posterior que esto tendría en el nivel de precios de la economía).

Hacia adelante

El problema mayor reside en las expectativas. El tan anunciado segundo semestre nunca llegó y el 3,5% de crecimiento para el 2017 ya empieza a ponerse en tela de juicio. A su vez, idas y venidas en cuestiones regulatorias e impositivas que se derogan y volverían a ser dadas de alta en menos de seis meses, impuestos retroactivos sobre resultados financieros negativos en términos reales y ciertas decisiones políticas en el Congreso con un tinte de remake del populismo son sólo algunas de las cosas que demoran las inversiones de la economía real. La recordada frase de Juan Carlos Pugliese (“les hablé con el corazón y me contestaron con el bolsillo”) parece continuar más vigente que nunca.

Por último, como parte de esta búsqueda de demonización de las Lebac que se ha venido viendo en los últimos días, se ha propuesto el gravar la renta financiera, incluyendo dentro de ésta a las Lebac. Desde estas columnas ya hemos hablado de que se trata de una medida de mayor impacto mediático-populista que de un impacto fiscal real. Es que, si por pagar el impuesto la tasa de rendimiento real se vuelve negativa, los inversores tienen dos opciones: o exigen más tasa o invierten en otra actividad que les ofrezca un mayor rendimiento. Tan simple como eso.

Más allá de los sucesivos cambios políticos que hemos tenido en Argentina desde el regreso a la democracia, el camino tomado por la clase política para solucionar el problema del déficit fiscal siempre ha sido con mayor cantidad de impuestos y nunca con reducción del gasto, hasta llegar al punto de contar con un nivel de presión fiscal que hace inviable cualquier actividad económica. En este país todo está gravado, hasta el punto de que creamos un impuesto por el que una empresa que no gana dinero también debe pagar (el Impuesto a la Ganancia Mínima Presunta).

Quizás haya llegado el momento de darnos cuenta de que, si seguimos haciendo lo mismo, obtendremos los mismos resultados. Que deben buscarse nuevas alternativas de reducción del déficit. Y en esto, quizás la propuesta del famoso inversor Warren Buffet pueda resultar una solución, aunque difícilmente algún diputado o senador del oficialismo o la oposición se anime a llevarlo al Congreso: “Yo podría terminar con el déficit fiscal en cinco minutos. Sólo debes sancionar una ley por la cual cada vez que el déficit fiscal supere el 3% del PIB ninguno de los miembros del Congreso podrá aspirar a ser reelecto. Ahora tienes los incentivos en el lado correcto, ¿verdad?”.

(*) Autor del libro “Con los $ que tengo, ¿qué hago?” @medaghero

 

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