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“El principal problema para las empresas era el entorno operativo”

30 diciembre de 2016

Entrevista a Cecilia Minguillon, directora de Finanzas Corporativas de Fitch Argentina

Muchos de los problemas de calificación que venían teniendo algunas empresas en los últimos años no provenían de sus propios números, sino del “entorno operativo” macroeconómico con cambiantes reglas de juego. Con la asunción de Macri, muchas de las cuestiones macro comenzaron a ordenarse y por eso muchas de las calificaciones corporativas que Fitch Argentina tenía antes en perspectiva “negativa” pasaron hoy a “estable”. En diálogo con El Economista, Cecilia Minguillon, directora de Finanzas Corporativas de la agencia, conversó sobre estas cuestiones y trazó un panorama sobre cómo se definen las notas de deuda empresaria a nivel local.

¿Qué parámetros toma Fix para evaluar a una empresa?

Se miran tres cuestiones y la primera no tiene que ver con la empresa en sí, sino con el entorno donde opera. Esto abarca los riesgos del sector (por ejemplo, si hay altos costos fijos o muchas barreras de entrada) y el contexto legal, impositivo, operativo (incidencia de la macroeconomía), de trabajo y del mercado de capitales (cuánta profundidad y flexibilidad tiene).

¿Y cuáles son los otros dos parámetros?

Los otros dos tienen que ver con la empresa en sí misma. Se mira por un lado su perfil operativo, es decir si tiene una estructura de costos competitiva, nivel de ingresos y costos en moneda extranjera, cómo está posicionada en la industria (nivel de liderazgo) y cuán intensiva es en capital (si necesita estar invirtiendo constantemente para competir o mantener el nivel de ventas). Por otra parte, se analiza el perfil financiero, algo que incluye ver qué tipo de estructura de capital tiene, con cuánta caja opera, cuál es su disponibilidad de líneas de créditos, qué tipo de generación de fondos tiene y cuáles son sus niveles de deuda de corto y largo plazo.

Con toda esta cantidad de variables, ¿cuánto lleva completar la evaluación de una empresa?

Si el proceso fluye con un feedback dinámico, puede ser en cuatro semanas.

 ¿Y qué debe tener una empresa para ganarse la “triple A”?

Primero miramos la compañía per se, y en esto nos fijamos cuánto de estable, previsible y anticipable es el flujo que tiene. Si a eso se agrega una estructura de capital conservadora, con baja deuda y bien escalonada en el tiempo, sin dudas será una compañía muy bien posicionada para recibir esa calificación. Al contrario, en el otro extremo estaría una empresa que tiene muchas necesidades de inversión, un flujo más volátil, pago de dividendos altos y mucha deuda de corto plazo.

¿Hay muchas empresas que tengan hoy la codiciada “AAA”?

Tenemos algunas calificaciones en “triple A” y muchas empresas que estaban en perspectiva “negativa” pasaron ahora a “estable” porque, con el nuevo Gobierno, hubo una mejora del entorno regulatorio, operacional y legal. Muchas compañías que en otros lugares del mundo tienen un ambiente regulatorio un poco más predecible acá antes no lo tenían, y eso es algo que impacta en las decisiones económicas y financieras que deben tomar.

¿Tanto peso tuvo estos años el entorno local en la evaluación de las empresas?

Sí, era una de las cuestiones que nosotros encontrábamos más débiles en Argentina. Las compañías estaban en un entorno con reglas muy cambiantes y arbitrarias, por ejemplo con el cepo cambiario, pero ahora eso está mejorando y las empresas pueden hacer planes. Todavía no está todo afianzado ni consolidado, pero se está por un buen camino.

Saliendo del contexto local, hay una pregunta inevitable para cualquier calificadora: ¿cambió algo desde la crisis subprime?...

Se cuestionó mucho entonces a las agencias por no haber visto venir la crisis... Sí, cambió absolutamente todo desde entonces, pero no tanto en Argentina porque acá ya venimos muy regulados desde siempre. En el mundo, gran parte de la regulación actual tiene que ver los aprendizajes post-subprime.

¿Pero por qué las calificadoras no pudieron ver la crisis que se venía?

Había muchas cuestiones de procedimientos, pero una de las más importantes es que se calificaban estructuras cada vez más complejas, que incluían muchas securitizaciones montadas sobre otras respecto al mismo subyacente. Así, por ejemplo, un activo se securitizaba, se volvía a vender y securitizar, luego otra vez, y otra vez,; y toda esta sobreestructuración hacía perder de vista el verdadero origen de los fondos.

Y más allá de estas formas de procedimiento, ¿hubo también errores humanos?

Hubo también algunos descuidos, pero desde entonces mejoraron mucho los procedimientos y controles. Creo que hubo una lección aprendida.

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