Tres de cada cuatro operaciones en Wall Street ya no las decide un humano. Son algoritmos los que compran y venden títulos en milisegundos, procesan comunicaciones de bancos centrales en tiempo real y ejecutan órdenes antes de que el resto del mercado termine de leer el titular. Este cambio silencioso, que transformó la arquitectura de las finanzas globales, acaba de volverse relevante para la macroeconomía y, en particular, para países como Argentina.
La pregunta que empiezan a hacerse algunos economistas es simple: ¿cómo impacta este nuevo ecosistema de intermediarios financieros la manera en que la política monetaria de Estados Unidos se derrama sobre el resto del mundo? Una hipótesis que gana terreno plantea la existencia de un nuevo canal de transmisión, al que se podría denominar "canal de amplificación algorítmica", con consecuencias directas para economías emergentes que, como la argentina, están reabriéndose al mundo después de años de restricciones cambiarias.
El dato que abre la pregunta
Según estimaciones de JPMorgan y Coalition Greenwich, entre el 60% y el 75% del volumen bursátil en Estados Unidos es generado por algoritmos. El mercado global de trading algorítmico ya supera los US$ 21.000 millones y crece a tasas de dos dígitos. Los fondos de inversión basados en inteligencia artificial analizan conjuntos masivos de datos, extraen señales de cada declaración de la Reserva Federal y ajustan sus carteras en fracciones de segundo.
Este cambio en la composición de los intermediarios tiene consecuencias para cómo se transmite la política monetaria de EE.UU. al mundo. Ya no son solo los bancos globales los que llevan los shocks de tasas de interés a las economías periféricas. Ahora hay una nueva capa de actores, más veloces y sincronizados, que pueden amplificar esos movimientos.
El mecanismo: señales, manada y velocidad
El argumento descansa sobre tres pilares. El primero es la extracción correlacionada de señales: los fondos algorítmicos, entrenados con datos similares y modelos comparables, tienden a interpretar la información de manera parecida. Cuando la economía local es volátil y sus indicadores son ruidosos —como ocurre en procesos de alta inflación o estabilización— esos fondos sobreponderan la señal que llega desde Washington. La Fed se vuelve, para ellos, más legible que el país al que prestan.
El segundo es el comportamiento de manada. Si todos los algoritmos llegan a conclusiones parecidas, sus decisiones de inversión se mueven en la misma dirección. Lo que antes podía ser una salida gradual de capitales se convierte en un movimiento simultáneo y masivo.
El tercero es la velocidad. Los fondos tradicionales enfrentan fricciones: necesitan reunir comités, evaluar riesgos, ejecutar órdenes de manera escalonada. Los fondos algorítmicos no. Cuando la señal cambia, ellos ya actuaron.
Los modelos que exploran este fenómeno sugieren que el impacto de un shock monetario sobre el crédito agregado es mayor cuanto más alta es la participación de fondos algorítmicos. Más algoritmos, más amplificación.

El caso argentino: fundamentos extremos y reapertura financiera
Argentina ofrece un laboratorio particularmente sensible para este mecanismo, por tres razones. La primera es la volatilidad de sus fundamentos. Con una inflación que pasó del 211% en 2023 al 117% en 2024, y un crecimiento que rebotó 5,5% en 2025 tras una contracción del 1,3% el año anterior, la señal local es inevitablemente ruidosa. En términos del análisis, eso significa que los algoritmos le asignan más peso a lo que dice la Fed que a lo que muestran los datos domésticos.
La segunda es la reapertura financiera. En abril de 2025, el gobierno levantó parcialmente el cepo cambiario, implementó un esquema de bandas y volvió a los mercados voluntarios de deuda con una colocación que sumó US$ 1.000 millones a las reservas. Eso implica que Argentina está otra vez conectada al circuito global de capitales, justo cuando ese circuito está dominado por algoritmos.

La tercera es lo que podría llamarse vulnerabilidad estado-dependiente. En períodos de transición desinflacionaria acelerada o recesión, los fondos algorítmicos se vuelven más sensibles a shocks de la Fed. Un endurecimiento inesperado de la política monetaria estadounidense tendría un impacto amplificado sobre los flujos hacia Argentina precisamente cuando la economía es más frágil.
Qué hacer: tres recomendaciones
Frente a este escenario, quienes diseñan la política económica deberían considerar al menos tres líneas de acción.
- La primera es monitorear no solo el volumen de los flujos, sino también su composición. No es lo mismo que el capital que ingresa o sale esté manejado por fondos tradicionales que por algoritmos. La velocidad de reacción es distinta.
- La segunda es calibrar las reservas internacionales al nuevo régimen. Si la amplificación algorítmica multiplica el impacto de los shocks externos, los colchones de liquidez necesarios son mayores.
- La tercera, incorporar estos flujos en las pruebas de estrés que realizan los bancos centrales y los organismos de supervisión. Los escenarios de salida repentina de capitales deberían incluir ahora la posibilidad de que cientos de fondos algorítmicos se retiren al mismo tiempo, por las mismas razones, a la misma velocidad.
Un mundo nuevo para la macroeconomía
El debate recién comienza, pero la conversación es necesaria. La literatura sobre el ciclo financiero global —esa que muestra cómo la política de la Fed se derrama sobre el mundo— solía tratar a los intermediarios como homogéneos, o se concentraba en los bancos. Hoy, esa simplificación resulta insuficiente.
Entre las limitaciones de los análisis existentes está el hecho de que los modelos suelen tratar a los fondos algorítmicos como un bloque homogéneo, cuando en realidad existen estrategias diversas. También se advierte que la evolución rápida de estos fondos exige modelos que incorporen aprendizaje adaptativo.
Pero el mensaje central es claro: la transmisión de la política monetaria ya no es la misma. Y para países como Argentina, que combinan fundamentos volátiles con reinserción financiera, entender ese nuevo canal puede ser la diferencia entre anticiparse a la tormenta o ser arrastrado por ella.