Ahora llegó el turno del crédito al sector privado

16-01-2017
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Por Martín Polo (*)

El año pasado fue de transición en materia monetaria. La salida del cepo, la devaluación inicial y el ajuste de tarifas fue un duro desafío para la nueva cúpula del BCRA, cuyo principal y único objetivo es contener la inflación. La tasa de interés pasó a ser el principal instrumento de política monetaria. Habiendo logrado ubicar a la inflación en un sendero descendente, el principal desafío de 2017 es potenciar la intermediación financiera y lograr un salto en el crédito al sector privado que dinamice la inversión.

Concretamente, con la aceleración inflacionaria devenida de la devaluación, ajuste de tarifas y los rezagos de una política monetaria sumamente expansiva de la gestión kirchnerista, al inicio de su gestión, el nuevo BCRA apostó a una política monetaria sumamente restrictiva utilizando la tasa de interés como principal instrumento de manera de converger a un proceso de desinflación sostenido.

Hasta el momento, los resultados fueron elocuentes: mientras que en el primer semestre la inflación a nivel nacional promedió 4% mensual, en la segunda mitad del año bajó a 1,5% mensual. Si bien en esta baja hubo mucho “ruido” en cuanto a los ajustes tarifarios que afectaron el índice, la inflación nucleo (que excluye los bienes y servicios regulados, así como los productos que son afectados por cuestiones estacionales) también mostró una tendencia declinante aunque menos contundente: de 3,5% en la primera mitad de 2016 a 1,7% en la segunda. Sin dudas, el éxito fue en ubicar a la dinámica de precios por debajo de aquella que tenía en tiempos de cepo cambiario cuando promediaba casi 2% por mes.

Afianzado el proceso de desinflación, el BCRA fue relajando las tasas de interés aunque, como lo hemos destacado en otras columnas, fue un tanto mezquino en esta baja dado que quedaron muy elevadas en términos reales. En un contexto de tasas de interés que superaban con creces la inflación y devaluación esperada, con la demanda en caída, el crédito en pesos se derrumbó, especialmente el destinado a las empresas, y los bancos aumentaron su liquidez. Con el sistema financiero más líquido, las tasas de interés pasivas bajaron más rápido que la de las Lebac (tasa de referencia de la política monetaria) y la brecha entre este instrumento y la de los depósitos a plazo fijo se amplió. Resultado: los depósitos a plazo fijo se estancaron y el sistema financiero apostó al crédito al consumo, que tiene la ventaja de ser a corto plazo y a tasas muy elevadas. En esto último, fueron las pymes las más perjudicadas que no acceden a los beneficios de la apertura financiera y financiamiento en moneda extranjera.

La buena noticia es que hacia fines del año pasado, estas cuestiones comenzaron a mejorar. Si bien la brecha entre las Lebac y los plazos fijos continúa siendo elevada, la baja en las tasas de interés comienza a trasladarse a las tasas activas que, junto con cierta reactivación de la demanda interna, permiten darle envión al crédito. De hecho, síntoma de una recuperación de la demanda real de dinero, los depósitos en pesos del sector privado en los últimos cuatro meses crecieron a 3,2% por mes en tanto que los préstamos al sector privado en moneda local lo hacen al 3,5% mensual. Respecto a estos últimos, como comentamos más arriba, los destinados al consumo son los más dinámicos al marcar un alza promedio mensual de 3,7% (5% en el margen) en tanto el crédito a empresas lo hace al 1,5% (3,9% en el margen). También se aprecia una importante recuperación en los préstamos hipotecarios, que en enero suben al 3,3% (el mejor desempeño de los últimos 4 años).

Así las cosas, en un contexto de mejora del nivel de actividad y de la demanda real de dinero, la peor arte del “trabajo sucio” ya se hizo y el crédito en pesos irá consolidando su recuperación. Con la inflación cediendo, si las expectativas acompañan al BCRA en su objetivo de ubicar el alza de precios minoristas en torno al 17% anual, las tasas de interés irán bajando. Así las cosas, para este año esperamos un fuerte repunte del crédito en pesos y que eso sea un factor clave en la recuperación de la inversión y el consumo.

(*) Economista jefe de Analytica.

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Ecolatina, moderado

Si bien diciembre fue el quinto mes consecutivo en que el crédito al sector privado creció por encima de la inflación y hay brotes verdes crediticios, el 2016 fue un año malo y el crédito cerró en rojo. “Los préstamos al sector privado crecieron en total sólo 30% en el año, lo que implicaría una caída de casi 8% en términos reales conforme a nuestras estimaciones”, dicen un informe de Ecolatina difundido ayer. “Con un costo del endeudamiento bancario que se mantiene por arriba del alza de los precios, el incremento de los préstamos sólo podrá ser posible en la medida en que las perspectivas de la economía sean auspiciosas”, advierte Ecolatina.

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