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Noticias positivas en dos variables clave (empleo y salario real)

03-03-2017
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Los últimos datos del Indec abrieron el debate respecto al fin de la recesión.

Concretamente, el EMAE de diciembre arrojó una baja interanual de 0,1%, lo que implica una caída del nivel de actividad de 2,3% en todo 2016. Ahora bien, estas cifras toman otra cariz cuando se analiza la variación mensual (sin estacionalidad). En diciembre la economía se expandió un 1,6%, marcando su segunda suba mensual consecutiva y cerrando el cuarto trimestre con un incremento del 0,9% (frente al -1,9% y -0,2% del segundo y tercer trimestre, respectivamente). Más aún, la serie tendencia- ciclo muestra que el nivel de actividad tocó fondo entre julio y agosto, tras lo cual comenzó a repuntar.

Si bien todavía es prematuro confirmar la salida de la recesión, los datos más recientes son alentadores.

El criterio técnico obliga a esperar dos trimestres consecutivos de expansión pero la ansiedad tiene algo de fundamentos. Estimaciones preliminares de nuestro Nowcast (proyección en tiempo real del PIB) indican que la economía se estaría expandiendo a un ritmo de 0,9% trimestral (sin estacionalidad). Claro que no tenemos la “bola de cristal”. La proyección en tiempo real puede fallar por cuestiones ligadas a los datos (faltantes o que luego son revisados) o de metodología (por caso, la forma de desestacionalizar no es trivial). Pero un buen número de las series empleadas en la estimación registra variaciones positivas (más de la mitad), sobre todo las ligadas a la actividad agropecuaria, la pesca y la industria.

Una perspectiva de demanda también invita al optimismo.

Varios de los indicadores de consumo aminoraron su ritmo de caída durante el último trimestre del 2016 y lo poco que se conoce de este año muestra señales positivas. La inversión también presenta buenos datos, con mejoras en lo que es construcción y adquisición de bienes de capital. Las exportaciones también están mostrando un buen dinamismo, que posiblemente se mantenga. Si la situación en Brasil mejora habrá margen para ampliar las exportaciones industriales. Por el lado del agro, las perspectivas de una buena cosecha se traducen en mayores despachos al exterior. En efecto, las declaraciones juradas de exportación de febrero anticipan un crecimiento en los envíos de productos agrícolas y sus derivados.

La discusión que viene será una verdadera “sopa de letras”.

Como no pueden (podrán) negar que lo peor, en materia de actividad, quedó detrás, los más pesimistas suponen que el nivel de actividad se moverá como si fuera una “L” (caída seguida por estancamiento). Otros, acaso menos peleados con la realidad, se aferran a la “U” (caída seguida de lenta recuperación). Los más optimistas hablan de una dinámica en “V” (recuperación rápida tras la recesión). Hay otros, los menos y acaso más raros, que profetizan una “W” (caída, recuperación y nueva recesión) sin demasiada precisión. Nuestra postura es de moderado optimismo, proyectando hoy una expansión apenas por encima de la del consenso de los analistas (3,4% vs 3% del REM), que continuará en los próximos años si las elecciones son favorables al oficialismo.

Lo importante (más allá del abecedario) pasará por el mercado laboral.

Primero, porque la evolución del empleo y del salario real impactarán sobre la dinámica económica, vía el consumo. Segundo, y ligado a lo anterior, porque las perspectivas electorales del Gobierno dependen, en gran medida, de lo que ocurra con estas variables, que son las que “siente” la sociedad. Por ahora, hay buenas noticias. El salario real de a poco se está recuperando y la falta de empleo parece haberse frenado. El camino por delante aún es incierto. Si el Gobierno logra alinear las paritarias con la meta de inflación, posiblemente cumpla con su objetivo de precios pero el magro aumento del salario real y del empleo restará fuerza a la recuperación. En el caso contrario (salarios ganando la carrera a la inflación por un margen un poco más amplio y algo más de empleo) habría más estímulo al consumo pero el BCRA sufrirá algún daño a su credibilidad. Creemos que éste será el camino a tomar por el Gobierno si se ve forzado por las circunstancias.

Lo anterior no es más que una síntesis de lo que pasó y algunas conjeturas respecto a lo que puede pasar en 2017.

Algunos analistas esquivan (o desdeñan) el debate sobre la reactivación escudándose en que no ven razones para ser optimistas a largo plazo. Excesivamente fiscalistas y/o agoreros de la sobrevaluación cambiaria, estudian la economía como una hoja de cálculo en la que el hacedor de política modifica algunos parámetros y llega a un equilibrio (malo, según su mirada). La realidad, como siempre, es más compleja. Para empezar, el hacedor de política no es una sola persona sino varias, cada una con sus propios sesgos, que deciden de forma simultánea y no 100% coordinadas. Además, un gobierno en minoría enfrenta restricciones políticas vinculantes, que limitan lo que puede (y no puede) hacer. Desentenderse de estas cuestiones es simplificar en exceso y sesgar la mirada. Pensar en el largo plazo no está mal, pero que el bosque no tape el árbol. No hay futuro sin presente, y en un año electoral, la política y el corto plazo mandan. El debate sobre la “piña y la recuperación” (al decir de un colega) está más vigente que nunca. Y con razón. (*) Economista jefe de Management & Fit

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