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El Mercosur ante el TPP

La política comercial regional requiere nuevos horizontes

13-11-2015
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En las últimas semanas se conoció el acuerdo de libre comercio alcanzado por doce países de la zona de Asia-Pacífico (incluyendo a Estados Unidos y Japón), el cual se transformó en uno de los tratados comerciales más ambiciosos que se han alcanzado en los últimos años porque nuclea al 40% de la economía mundial y propone ampliar la frontera de intercambio y la inversión hacia nuevos ámbitos.

Mientras organismos internacionales y analistas del mercado califican de muy positivo el acuerdo y celebran las enormes ventajas que surgirán de esta gran zona económica, las consecuencias para los países latinoamericanos que no forman parte del tratado no parecen positivas, y los efectos se presentan incluso peores para los países que integran el Mercosur. La razón detrás de esto es que el acuerdo alcanzado entre los Estados que tienen costas sobre el Pacífico otorgará privilegios arancelarios a países que compiten en casi todos los rubros que conforman la oferta exportable del bloque sudamericano. De esta manera, los países que conforman el Mercosur corren el riesgo de ver afectada su competitividad relativa, aumentando la posibilidad de pérdida de mercados internacionales ya captados y/o afectando las posibilidades de expansión a otros nuevos destinos.

Dicho de otro modo, es muy probable que el tratado suscripto tienda a aislar a los países que conforman el Mercosur, especialmente respecto de los restantes países de América Latina que tienen mayores acuerdos de liberalización de su comercio. Y es que cuando el Tratado de Asociación Transpacífico (TTP, por sus siglas en inglés) sea ratificado y entre en vigencia, se acelerarán otras negociaciones ante la necesidad de los países de atraer inversiones y mantener las condiciones de acceso para sus exportaciones.

A diferencia de lo que fue la década anterior, el crecimiento del comercio en los próximos diez años no estará relacionado con el crecimiento de los precios. Los precios internacionales se mantendrán estancados en el corto/mediano plazo, por lo que la dinámica del crecimiento comercial deberá provenir necesariamente de una ampliación del horizonte comercial. En este contexto, el problema es que el bloque formado por Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y Venezuela se encuentra cada vez más cerrado. Así, mientras que los Estados miembro del TTP absorben el 27,5% de las importaciones en el mundo, efectúan el 23% de las exportaciones globales y tienen acuerdos comerciales con países que, conjuntamente, representan casi el 70% del PIB mundial, el Mercosur sólo ha realizado acuerdos de preferencia comercial con mercados que representan menos del 10% del PIB mundial.

La situación se presenta incluso más desafiante para Argentina, que en los últimos años ha tenido una política comercial relativamente cerrada. Dicha política dificulta las conversaciones sobre posibles acuerdos con nuevos bloques y, al mismo tiempo, choca con la alta dependencia que generó el propio sistema respecto de aquellos productos que se negocian a partir de acuerdos especiales ?como sucede con Brasil, cuya desaceleración ha provocado una importante merma en las exportaciones locales del sector automotor?.

La realidad actual hace que Argentina deba repensar su estrategia de integración y apertura a las inversiones y, al mismo tiempo, ampliar el horizonte comercial. Abandonar el Mercosur no es necesariamente la solución del problema. Como primer paso, Argentina deberá plantear una nueva política de relación financiera y comercial con los países de la región, en particular, y con el mundo, en general, reconociendo que la negociación de acuerdos comerciales bilaterales con otras naciones es una oportunidad y no un costo a pagar.

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