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“El Gobierno fue cambiando los motores elegidos para crecer”

18 noviembre de 2016

Entrevista a Fabio Rodríguez, Economista y socio director de M&R Asociados. Por Mariano Cúparo Ortíz

El socio director de la consultora M&R Asociados, Fabio Rodríguez, analizó en diálogo con El Economista la coyuntura económica y dio sus opiniones acerca de las dificultades que está encontrando la actividad para lograr la reactivación, la lucha contra la inflación y el ritmo de endeudamiento del sector público.

¿Cómo analiza esta coyuntura en la que parecía que se recuperaba la economía y ahora los indicadores lo desmienten?

La realidad de septiembre y octubre lo que terminó de corroborar es que ya no hay ninguna expectativa de tener un escenario de reactivación este año. Uno tiene que analizar en qué se basaba el argumento de que había indicios de recuperación, cosa que yo no suscribía de ninguna manera. La realidad objetiva en ningún momento dio señales de que la economía empezaba a recuperarse. La ansiedad le ganó al análisis. Si uno busca crear un clima que no está justificado en ningún indicador objetivo de la realidad, sobreviene esta recaída que lo que termina haciendo es golpear también las expectativas.

Algunas encuestas, como las de la UTDT, muestran buenas expectativas, a pesar de los datos coyunturales?

Depende de qué estudios uno mire. Nosotros tenemos indicadores propios que muestran que noviembre no ha dado bien. Hay una caída en la imagen del Gobierno y la gestión y también en las expectativas. A la encuesta la realizamos desde marzo y nos sorprendió esta última, que está por ser publicada, porque hay un ajuste importante. Tampoco en la encuesta de la UTDT se está marcando una salida y estás en niveles muy bajos respecto a comienzos de año o del año anterior. Como sea, efectivamente los niveles de aprobación que tiene el Gobierno son muy buenos para la realidad de lo que está pasando. Y ahí pesa la expectativa de que el futuro sea mejor. Pero eso no quita que no había ningún indicador objetivo de que los brotes verdes se iban a generalizar.

¿Y qué fue lo que pasó para que esto sea así?

Una explicación más de fondo es que el Gobierno ha ido virando en términos de qué motor elige para crecer. Arrancó como muy proinversión y cuando vio que eso no iba a suceder, allá por junio o fines de mayo, empezó con una política para alentar al consumo, mejorando alguna cuestión de la política de ingreso. Pero eso no tuvo la contundencia necesaria como para que la economía arranque. Y a la vez lleva una política fiscal de sesgo más expansivo, que es favorable a una recuperación más rápida del nivel de actividad, pero con una política monetaria muy contractiva, que de alguna manera neutraliza esas señales. Y ahí obviamente está priorizando un objetivo unidireccional, que es la inflación.

Ahora parecería que comenzó a bajar la tasa más rápidamente?

Pero eso es reciente. Lo mío es la descripción de qué ha pasado en estos tres meses y también es una explicación de por qué la economía amaga con arrancar y no lo hace. Creo que la política no tiene la coordinación ni la contundencia que debe que tener para decidir con cuál motor se busca la recuperación más rápida. Y obviamente tiene que ser el consumo si uno quiere la recuperación rápida, por el peso y la importancia que tiene agregada en el producto. De alguna manera estas políticas se neutralizaron entre sí, entonces mientras el Gobierno decide ir por incentivar el consumo, pensando en clave electoral, sigue teniendo una política monetaria muy dura, tasa de interés muy elevada y una contracción monetaria muy importante, que claramente era consistente con dar una señal de que la inflación iba en un camino convergente a la pauta que ha puesto el Gobierno para sus metas. Y empezó a dar señales de que eso podía ocurrir con los registros de inflación de agosto, septiembre y octubre, aunque hubo rebote por el ajuste de las tarifas, pero incluso noviembre quizás también venga en torno a 1,5%. Ahora, tiene un costo en nivel de actividad cuando uno elige bajar la inflación de manera tan abrupta, por lo menos en el corto plazo. Por el lado del crédito, por el lado de la tasa de interés y por el lado de que también termina dejando en wait-and-see a la inversión, especialmente la de corto plazo que requiere también ver el dinamismo del mercado interno para decidir si invertir o no. Entonces finalmente quedás atrapado en ese círculo vicioso.

El argumento de Federico Sturzenegger es que la baja de inflación, al mejorar el salario real, va a incrementar el consumo.

Yo coincido, pero eso es una visión más de mediano plazo. Y también va a mejorar la inversión, la más genuina y de mediano plazo. El inversor va a los países con contextos de estabilidad nominal de precios porque puede hacer sus planes de negocios sin nada borroso en el horizonte. Pero cuando uno está discutiendo, como hacemos todos, periodistas, analistas, funcionarios, en el semana a semana, viendo dónde aparece la reactivación y ya teniendo una motivación muy importante como la elección de medio término, ahí las cosas se ven distintas. Fijate que para empezar a recuperar salario real, si lo miramos desde este año, vas a arrancar con 6 o 7 puntos abajo en términos de caída promedio del poder adquisitivo. Y tampoco está asegurado, aunque es probable, que la inflación el año que viene esté por debajo de los salarios, es decir, que los salarios empiecen a recuperar terreno. En el mejor de los casos empiezan a recuperar el año que viene pero hay que ver cómo quedan respecto a la pérdida de este año. Entonces esa es una visión que yo comparto, pero es muy gradual y los resultados quizás no se alcancen a ver, no sólo en este trimestre sino tampoco en los que vienen.

Usted no coincidía con la idea de un agosto como punto de inflexión para la actividad. ¿Ahora cómo lo ve?

Nosotros estamos viendo que las proyecciones se hicieron levemente más negativas para el cierre de este año. Y seguramente van a empezar a ser un poco menos optimistas para el año que viene. Esto en función de que uno va corriendo cada vez más el punto donde empezaremos a recuperarnos. Nosotros estamos previendo que vamos a caer más del 2% en 2016, cuando al empezar a discutirlo se preveía entre 1,5% y 2%. Y ahora se está corriendo a entre 2% y 2,5%. Para nosotros la caída va a ser 2,2% en 2016 y en torno a 3% el rebote, pues no lo llamaría crecimiento, de 2017. Y ahí va a ser recuperar el terreno perdido en el 2016, pero para estar no mejor que en 2015.

¿Está descontrolado el endeudamiento como mucho dicen?

No creo que sea para poner señales de alarma, aunque me parece que ha sido sano este debate que se ha dado en los últimos 60 o 90 días, donde es bienvenido que gran parte de la profesión, el periodismo, los funcionarios y el público en general tenga reparos acerca de cómo va la dinámica del endeudamiento. Porque esto ha sido muy caro a los intereses de nuestro país. Y se ve que hemos aprendido. Es cierto que el Gobierno tomó una decisión de descansar en recursos externos y de factores que no manejás. Por ejemplo, un mundo que puede empezar a cambiar, como estamos viendo. Veremos qué intensidad tiene, pero ya podemos hablar de mínima de que vas a pagar un poco más caro el endeudamiento que necesitás. Y en segundo lugar, cuando te metés en un sendero de crecimiento donde necesitás tener el canal de la cuenta capital permanentemente abierto, tenés que saber que hay que crecer lo antes posible. Y eso también forma parte de esta ansiedad por empezar a ver que el crecimiento arrancó. Porque la única manera genuina en la que uno puede demostrar que esta estrategia es sostenible es si empieza a crecer. Es la única manera en la que uno puede garantizar un aumento de la expansión del volumen total de la economía, con eso un aumento de la recaudación y con eso un aumento de los recursos para destinar al repago genuino de esa deuda, sin empezar a provocar un efecto bola de nieve y empezar a patear para adelante todos los compromisos. Eso tiene mucho que ver también con la percepción de cómo nos van a ver de afuera para decir “a ver hasta cuándo puede seguir esta estrategia”.

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