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“El Gobierno se equivocó en sacrificar el mercado interno”

"¿Cómo van a haber inversiones si el mercado local se encoge y el mercado externo está obstruido por el tipo de cambio?", se pregunta el economista Larriqueta

04 abril de 2017

Entrevista a Daniel Larriqueta Economista e historiador

Con un tono crítico, Daniel Larriqueta, economista e historiador, analiza los primeros quince meses de Cambiemos desde una óptica económica. En diálogo con El Economista, señala los errores cometidos por el Gobierno, dice que es poco optimista con el corto plazo y se ilusiona con una actualización de la dirigencia política en 2017-2019.

¿Cómo está viendo el rumbo de la política económica?

El Gobierno decidió sacrificar el mercado interno para bajar los costos argentinos y facilitar el ingreso de capitales extranjeros, pero estos nunca han sido importantes en la historia económica argentina y jamás han jugado un rol clave en el desarrollo. Uno de los atributos que tiene la economía argentina es su mercado interno, a pesar de tener una población relativamente pequeña. Siempre dije que las políticas de promoción de las exportaciones necesitan buenas ganancias en el mercado local para que las empresas puedan exportar con pocas utilidades hacia afuera y ser competitivas. ¿Se refiere a la devaluación de más de 50% de diciembre de 2015 y alguna cuestión más? Me refiero a eso, que siempre tiene las mismas características. Por un lado, aumentan 100% el precio de dos productos básicos de la dieta argentina: el trigo y el maíz. Y, en el caso de este último, como consumo indirecto para otros productos, como el pollo o la carne, que se van para arriba. También se generan otros hechos, que son todos del mismo color, como pasa con la política de los precios de los combustibles y la espantosa, incluso demoníaca, política de aumento de las tarifas sin ninguna racionalidad. Hay una concepción de que la gente pobre puede aguantar cualquier cosa. Es una transferencia de recursos gigantesca cuyas consecuencias estamos viendo ahora con el achicamiento dramático del mercado interno.

Me pongo en abogado del Gobierno: en diciembre de 2015 el tipo de cambio estaba atrasado y casi no quedaban reservas en el BCRA para defender la paridad y, por otro lado, las tarifas estaban congeladas desde 2001?

Comparto ese diagnóstico, pero el remedio que se aplicó es tan brutal que generó consecuencias negativas enormes. Se podía modificar el tipo de cambio, por ejemplo, pero no había necesidad de sacar las retenciones simultáneamente, algo que nunca se había hecho en la historia económica reciente. Siempre las devaluaciones se acompañaron con la imposición de retenciones. Además, también sabemos ahora que los aumentos planteados para las tarifas, que había que aumentar indudablemente, eran irracionales.

¿Tomó nota el Gobierno de que había que ser más gradual con el proceso de ajuste o no incorporó eso?

No, el Gobierno no incorporó eso. Lo hizo por las restricciones políticas y judiciales. La política económica es como un cigüeñal y no tiene forma. Además, está la política monetaria del BCRA. Sabemos que Federico Sturzenegger es un ortodoxo y también que las ortodoxias absolutas en Argentina han sido las de J. A. Martínez de Hoz y D. Cavallo y cómo han terminado.

Volvamos a la cuestión del mercado interno. Todos dicen que el salario real va a crecer y vemos que el empleo, aunque poco, está creciendo. ¿No va a recuperar el mercado interno la pujanza de 2015?

“Todos dicen” no es un dato económico. Recordemos lo del segundo semestre. El otro día, el ministro de Hacienda dijo que la recuperación se iba a sentir plenamente en dos o tres años. A mí me da risa.

¿El Gobierno está equivocado con los instrumentos o está haciendo lo que tiene pensado?

Uno observa que a las empresas de los ministros les va muy bien. Y hay sectores a los que les va bien, no les va mal a todos. La transferencia de ingresos que mencionaba antes fue a parar a algún lado.

¿A dónde?

A los sectores más concentrados y al negocio del endeudamiento, que me aflige mucho. El endeudamiento siempre sirvió para hacer negocios y para que después el país, con una enorme deuda, se quedara atado a su pago y, sobre todo, a los consejos de los acreedores. Pasó con Martínez de Hoz y con Cavallo. Tengo miedo que eso vuelva a pasar en dos tres años.

Pero la alternativa a tomar deuda era un ajuste fiscal draconiano?

No, era algún tipo ajuste fiscal. No hay nada de eso. La masa de funcionarios públicos sigue siendo enorme y el Gobierno tiene 22 ministerios, un record absoluto. Asimismo, no hay un mensaje de austeridad desde la cúpula y puede pasar cualquier cosa. Los ministros viajan con comitivas extraordinarias hacia el exterior y lucen más preocupados por pasarla bien que por las cuentas públicas. Eso es algo muy perjudicial y es un problema operativo más que moral.

Además hablamos de un rojo fiscal más cercano a 5-6 puntos del PIB que a 2-3?

Claro. Y con sectores muy desabastecidos porque algunos ministerios críticos subejecutan partidas.

¿Cómo estás viendo el panorama electoral para Cambiemos?

Me animo a pronosticar que el Gobierno repetirá la elección de la primera vuelta de 2015. Si le va bien, sacará entre 30% y 34% y mantendrá la misma estructura legislativa. Pero se habrá roto la magia del milagro amarillo y el Presidente deberá gobernar con un poder más acotado. Además, me preocupa que el olor de un eventual cambio hacia atrás no agrave la pereza en la Justicia. Sabemos que los jueces tienen muy buen olfato. Si no hay avance en la causas sobre las corrupciones del pasado antes de agosto, hay un riesgo serio de que después se paralicen o retrocedan.

¿Qué viene luego de las elecciones?

Creo, y espero, que empiece un cambio en la clase política luego de las elecciones de octubre. Ahí está el cambio. No soy fanático de lo generacional, y no me conviene, pero tengo la expectativa de que haya una renovación de figuras que traigan un enfoque distinto. Algo similar a lo que está pasando hoy en todo el mundo. En la democracia, hay que tener mucha confianza en la gente a la hora de generar cambios y la sociedad argentina está profundamente cultivada en la democracia. Sabe que su voto puede generar cambios y no es una sociedad trancada y obstruida. No creo que la política económica actual sea apoyada. La gente sabe que las políticas que proponen sufrir hoy para tener una eventual mejora más adelante han fracasado y son una mentira vieja.

Más allá de eso, ¿cómo imagina el futuro de la economía de Cambiemos hacia 2019? ¿Cómo se puede pensar que van a aumentar las inversiones si el mercado interno se encoge y el mercado externo está obstruido por el tipo de cambio? ¿Para qué invertir?

También sabemos que las inversiones representan cerca de 17% del PIB. Decir que vamos a resolver todo con inversión es no saber aritmética. Sin embargo, creo que la sociedad tiene muchos recursos propios que entran a jugar una vez que se habilitan ciertas reglas normales. No soy pesimista en el mediano plazo, aunque sí en el corto plazo.

¿A qué periodo asemeja la actual coyuntura?

Miro mucho la evolución de la deuda externa, y es un indicador que se parece a lo que pasaba en el final del menemismo y Martínez de Hoz, que convivían con una destrucción del aparato productivo. Me preocupa la ineficiencia del Estado, y no sólo su déficit. Además, el endeudamiento externo, que está avanzando muy rápidamente para financiar gastos corrientes. Es muy poco responsable: todo eso se puede venir encima, y muy rápido. También me preocupa la incapacidad para generar una corriente exportadora. Lo más triste es que no hubo un aprendizaje colectivo: son daños que ya pasaron hace diez o veinte años.

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