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Temblor mundial

Si Argentina le gana a México y luego a Polonia, pasará de fase. Creer o reventar, el futuro mundialista sigue en manos albicelestes.

La cosa mejoró un poco cuando ingresaron Enzo Fernández y Julián Alvarez
La cosa mejoró un poco cuando ingresaron Enzo Fernández y Julián Alvarez
23 noviembre de 2022

Por Nicolás Piñón.

Incredulidad. El 2-1 que Arabia Saudita le propinó a Argentina en el debut mundialista de Qatar 2022 dejó a todo un país perplejo, boquiabierto. Difícil de digerir lo sucedido en el mediodía qatarí tras un resultado que coloca al equipo conducido por Lionel Scaloni en una posición incómoda como nadie imaginaba.

De antemano, era un debut casi ideal: ante el rival más débil del grupo, con un equipo argentino que venía mostrando un funcionamiento elevado previo inicio mundialista y un Lionel Messi sin la pesada mochila de tener que ganar algo con la Selección

Todas a favor. 

La única mancha podía asociarse a la lesión de Giovanni Lo Celso y de los marginados de la lista de convocados el pasado jueves. Por eso el optimismo que rondaba alrededor del predio de la Universidad de Qatar, donde se aloja la Scaloneta, estaba justificado. Y por eso la decepción fue tan grande terminados los 90 minutos.

La selección empezó el partido como protagonista. Quizás sin mucha iniciativa propia y más por pasividad de Arabia Saudita, que en ningún momento presionó la salida albiceleste y dejaba jugar, la selección se mostraba activa, jugando en corto por el medio, probando al arquero saudí. Sin embargo, tras un córner ofensivo donde Leandro Paredes fue tomado por la defensa árabe y consiguiente intervención del VAR, Messi marcó su gol 92 en la Selección y le aportó tranquilidad a un partido que así se transformaba en el trámite que todos queríamos que feura

El team de Scaloni no arrollaba a su rival ni mucho menos: si avanzaba era más que nada mediante la búsqueda de algún pase largo al espacio y no mucho más. Las paredes, triangulaciones y las gambetas albicelestes brillaban por su ausencia pero con lo que hacía parecía suficiente para inclinar la balanza. Con ese método de ataque, simple pero eficaz, la Scalonetta no amplió la ventaja nomás por intevención del VAR en tres oportunidades. Es que la tecnología impidió que Lautaro Martínez estire la ventaja en una oportunidad y Messi en otra. 

Sin embargo, en el caluroso mediodía del Lusail Stadium de Doha, no había más que una tensa calma. Si bien Messi logró el 1-0 casi desde el vestuario, algunas pérdidas de posesión en zonas delicadas preocupaban. La Scalonetta nos había acostumbrado a un juego casi infalible, de alto voltaje. Así las cosas, sin despeinarse demasiado, el primer tiempo se diluyó sin peligro saudí y con el logro del objetivo prioritario por parte de Argentina: el 1-0 parcial.

Argentina salió plantada igual para el segundo tiempo, donde los primeros minutos eran un reflejo del final del primero. Pero su rival empezó a apretar el acelerador un poco más, notando que el equipo de Scaloni jugaba con cierta liviandad. Y ahí fue que desnudó una fallas defensivas tan inesperadas como alarmantes en la albiceleste. 

Cristian Romero, estandarte de la era Scaloni, dudó en una jugada donde no suele fallar: prefirió dejar que el delantero árabe reciba en lugar de salir a cortarlo, y a partir de tal maniobra llegó el empate árabe con un zurdazo de manual pegado al palo lejano del Dibu Martínez. 

La lectura, más allá del mérito rival, es mucho más compleja que la del simple análisis que la acción dejó: Romero era uno de los que, junto a Paredes, llegaba al debut recuperándose de una lesión. ¿Hizo bien Scaloni en ponerlo de titular? ¿Pecó de imprudente? 

El empate, tras un primer tiempo argentino aceptable, enmudeció a la hinchada y revivió a los saudíes. Y minutos más tarde, la algarabía verde fue tan grande como el desconcierto de la defensa argentina en el 2-1. Tras un despeje corto del Emiliano Martínez que quedó cerca del 10 saudí dentro del área, ni Nahuel Molina ni Rodrigo De Paul se animaron a molestar al 10 rival, lo dejaron dominar con demasiada libertad y después ese golazo inalcanzable para el 2-1. 

La posterior decisión de Scaloni de cambiar a Romero por Lisandro Martínez, acertada, no logró maquillar que incluirlo de titular pareció erróneo. Pero más allá de ese punto bajo, De Paul y Paredes tampoco se parecieron a sus mejores versiones: imprecisos, demasiado pasivos y poco claros durante todo el partido.

La cosa mejoró un poco cuando ingresaron Enzo Fernández y Julián Alvarez. Un poco, nomás, porque en la desesperación por empatar la Argentina abusó de tirar centros al área rival, donde los únicos de cierta altura tenían remera verde. Otro punto donde la estrategia de Scaloni falló. 

Messi, autor del penal también pareció sentir el simbronazo y lució errático. Increíble pero real. Pero falta, y mucho.

La buena noticia, si se quiere, llegó horas más tarde cuando México y Polonia, los otros integrantes del grupo C, empataron 0-0. Así, si Argentina le gana a México y luego a Polonia, pasará de fase. Creer o reventar, el futuro mundialista sigue en manos albicelestes. 

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