La batalla por el BID: con Argentina a la cabeza, avanza reclamo de postergar elección

28 de agosto, 2020

Por Alejandro Radonjic

El rechazo a la posibilidad de que Mauricio Claver-Carone asuma la presidencia del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) cuando concluya el mandato del colombiano Luis Alberto Moreno es cada día más potente y excede largamente a Argentina, tal como quiso instalar el hombre de Donald Trump.

El problema no es Claver-Carone (o no sólo eso) sino el hecho de que un estadounidense ocupe la presidencia del organismo (algo inédito) y, además, que la Casa Blanca haya querido alterar esa regla no escrita “de prepo”, como en otras épocas. Sobre ese mal arranque, surgen otros cuestionamientos adicionales que han tonificado los rechazos.

Los últimos en poner el grito en el cielo fueron seis exmandatarios de peso en la región: Juan Manuel Santos (Colombia), Ernesto Zedillo (México), Felipe González (España), Fernando Henrique Cardoso (Brasil), Ricardo Lagos (Chile) y Julio María Sanguinetti (Uruguay). “Ha llegado la hora de reiterar con vehemencia la importancia de posponer la elección del próximo presidente del BID porque, tal como se ha procedido con la candidatura de un ciudadano estadounidense, estamos no solo frente a la ruptura de una práctica que ha acompañado la historia de la institución sino ante una gravísima violación del acuerdo político fundamental con el cual nació”, dijeron en una misiva el miércoles. Si prospera la “imposición arbitraria”, agregaron, “el daño para el BID será irreparable”.

Los expresidentes recuerdan que el pasado 10 de marzo, elBIDpospuso su asamblea anual, prevista en la colombiana Barranquilla, por “las extraordinarias circunstancias de salud pública generadas por la respuesta global al coronavirus”. “Si esa fue la razón a mediados de marzo”, dice la carta, “mucho más lo es ahora con 180.000 muertos en Estados Unidos, 115.000 en Brasil y 60.000 en México”. Si se realiza, la elección “carecería de legitimidad y más pronto que tarde debiera considerarse nula”, dicen los ex. La celebración en marzo de 2020, sostienen, sería la mejor opción. Es exactamente lo que defienden varios Gobiernos de la región y la Comisión Europea (CE) a través de Josep Borrell, que no vota pero influye.

La postergación busca que se caiga la candidatura de Claver-Carone, ya sea porque Trump pierda contra Joe Biden el 3 de noviembre (el demócrata no bancará a Claver-Carone) y/o algunos de los apoyos latinoamericanos se diluyan. Si eso ocurre, la elección se decidiría, se presume, entre los otros dos latinoamericanos en danza: la expresidenta costarricense Laura Chinchilla y Gustavo Béliz, quien ya conoce muy bien el organismo.

Todo esto ocurre a días de las elecciones del organismo, pactadas para el 12-12 de septiembre en una reunión virtual. La tensión está aumentando, pero el abogado nacido en Florida y conocido por su prédica anticastrista, no afloja y hace oídos sordos.

Otra duda que hay en la región es qué pasará si se impone, pero Trump pierde. ¿Biden fondeará el organismo o le hará un vacío? También se puede argumentar lo contrario: que Biden, si gana, estará interesado en un BID fuerte que compita con el financiamiento heterodoxo de China.

“En el mejor de los casos, producirá parálisis y marginalización, y con eso ya estará haciendo de lado a la institución más importante en el momento más crítico”, comentó Michael Camilleri del centro Diálogo Interamericano, para referirse a la candidatura de Claver-Carone.

“En el peor de los casos, el banco se convertirá en el vehículo de una agenda de derecha bastante radical que dividirá más al hemisferio”, dijo ante The New York Times.

Los países que rechazan a Claver-Carone precisan sumar 25% de los votos para bloquear el quórum y postergar la elección. El hombre de Trump, algo exagerado, se refirió a eso como un intento “subversivo” que solo busca “secuestrar” las elecciones. Curioso uso de palabras.

Claver-Carone ya tiene la mitad más uno necesaria para ganar. EE.UU. tiene el 30% de los votos, más Brasil (11,39%), Colombia (3%) y otros de América Central ya lo ubican arriba del número mágico. Una curiosidad polémica del conteo personal es que incluye a Venezuela. ¿Se dio vuelta el régimen? No, el voto lo controla el opositor Juan Guaidó.

Desde la Cancillería de Argentina dicen ante El Economista: “Estamos muy cerquita del 25%. En rigor, estamos en 22,69% y conversando con otros países”. Más allá de los decimales que faltan, no hay certeza ni demasiado optimismo sobre si llegarán al 25% el Día-D. Por eso, el canciller está dialogando con sus pares de la región, Europa y hasta Japón para sumar voluntades. Cerca de Felipe Solá consideran que la candidatura de Claver-Carone ha perdido algo de fuerza (las elecciones del BID suelen ser consensuadas) y que no se visualiza una gran presión de la Casa Blanca para que los países indecisos se encolumnen detrás de él. Trump, por ejemplo, no se ha referido públicamente al tema ni acudió a la red del pajarito y solo hubo menciones ligeras del secretario del Tesoro, Steve Mnunchin.

“La figura de Claver-Carone no es cuestionada desde el punto de vista técnico, es cuestionada desde el punto de vista político”, declaró Solá ante NYT el martes pasado. “Porque expresa el ala más dura de la ideologización de la política de Estados Unidos de su mirada hacia América”, agregó.

Según el politólogo Julio Burdman, “la discusión sobre la sucesión en el BID está sobredimensionada”. Agrega: “Es un síntoma de algo que subyace, que tiene que ver con las expectativas latinoamericanas sobre las elecciones en EE.UU. y la forma en que impactará eso en su competencia estratégica con China en nuestra región. Hay una lectura obsesiva sobre las novedades desde EE.UU. y China para con la región, desde la donación de barbijos que llegan desde Pekín o la presión de Trump de tener un presidente de EE.UU. en el BID, rompiendo la costumbre histórica. Es un síntoma del clima en que estamos viviendo más que un tema gravitante en sí”.

“A diferencia de otras iniciativas en el plano internacional que ha tenido el Gobierno, lo del BID no puede decirse que sea un capricho ideológico o una actitud de estudiantina”, argumenta el analista Federico Zinni ante El Economista. “La actitud si se quiere caprichosa es de Trump, que rompe con un equilibrio básico al querer imponer un norteamericano en el organismo contra lo que es tradición. El BID es una institución que se ha mantenido bastante ajena de las tensiones regionales, se logró preservar como imparcial durante todos los años en donde hubo momentos de polarización mucho más seros. El riesgo de que ese balance se rompa y pase a ser un instrumento de presión política es muy grande para todos los países, pero especialmente para Argentina”, agrega Zinni.

“Nuestro país no puede quedar a merced de la discrecionalidad del financiamiento, sobre todo cuando tiene otros frentes que van a requerir concesiones, como la negociación con el FMI. Como se detalló en el Informe de Avance del Presupuesto que envió el Ejecutivo en junio, Argentina apuesta a obtener en 2021 financiamiento de los organismos internacionales de crédito por más de US$ 4.000 millones. Para países como el nuestro, que no van a tener acceso al mercado internacional de crédito, se está jugando una de las pocas canillas que con las que se van a contar para realizar obras de infraestructura de alguna escala, que apuntalen la recuperación pos pandemia”, dice Zinni y concluye: “Argentina hizo bien en ponerse al frente del pedido de postergar la elección. No sólo eso, también lo ha hecho hasta ahora de manera bastante eficiente. Sumó a México, condujo la oposición pero sin exponerse de una manera exagerada e instaló una eventual alternativa seria. En efecto, Béliz es un hombre del organismo y que no puede ser visto como una opción ideológica. Eso no significa que alcance, pero tampoco está claro que se pudiera hacer mucho más”.

En pocos días más se sabrá si la coalición, mínima y a las apuradas, que capitanean Argentina y México logra poner un muro y conservar el BID para los latinoamericanos. El encuentro virtual será seguido de cerca desde Olivos (y Pekín).

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