Los costos persistentes del Covid-19

19 de mayo, 2020

Argentina coronavirus

 

Por Pablo Mira Docente e Investigador de la UBA

 

Cuando todo comenzó, el aislamiento debía restringir la actividad económica por un tiempo, para después retomarse normalmente. Pero a medida que pasan las semanas los riesgos de daños persistentes crecen. Las economías que “viven en desequilibrio” durante mucho tiempo enfrentan el serio peligro de deteriorar su capacidad productiva.

 

La capacidad productiva de una economía no refiere únicamente al funcionamiento de sus maquinarias. Hay también mucha productividad en “hacer al andar”. La organización de una firma, la lógica de su cadena productiva, la relación constante con proveedores y clientes es un activo que se robustece con la práctica. La mayoría de las empresas modernas no son una línea de montaje invariable con acciones repetitivas de sus operadores que un día se detienen y al otro día vuelven a comenzar. La productividad funciona en buena parte porque las relaciones económicas son permanentes. Los problemas y las soluciones se renuevan continuamente, lo que mantiene la capacidad productiva “en forma”. Así como un equipo debe calentar para rendir en la cancha, los negocios necesitan de la actividad diaria para ser eficaces. Cuando estas interacciones ceden, la capacidad productiva se deprecia, al menos temporalmente. Volver a operar no es gratis y seguramente lleve un tiempo.

 

El Covid-19 dejará otros daños duraderos. Uno tiene que ver con la redistribución de la riqueza. Es posible que muchos negocios quiebren, y otros cambien de manos. En el camino, serán los que tengan mayor liquidez los que podrán aprovechar estas oportunidades financieras. El resultado no puede ser otro que el de una mayor concentración del capital y del patrimonio.

 

En lo sectorial, algunos perjuicios tardarán en superarse. Los restaurantes y bares no solo habrán perdido durante este período, sino que deberán reacondicionarse y reorganizar el espacio de sus clientes por varios meses más. Los viajes internacionales aplazarán su reactivación y el turismo y la hotelería deberá redefinirse si quieren sobrevivir. El transporte público tiene un problema similar al de los restaurantes, pero además transmite a otras actividades las dificultades para trasladarse.

 

Del lado de los ingresos, algunos empleos informales son especialmente vulnerables porque dependen de las aglomeraciones de gente, y por eso los vendedores ambulantes y los “buscavidas” sufrirán por mucho tiempo los costos de la pandemia. En un nivel agregado, es posible que la pobreza crezca como consecuencia del parate económico: según Cepal, los efectos dejarán no menos de 6 puntos porcentuales adicionales hacia fin de año. Es de esperar que el gobierno responda ante esta situación, pero si la recuperación del empleo y los ingresos es lenta, la capacidad de responder con política social puede chocarse con un presupuesto fiscal debilitado.

 

Tras la pandemia, varias provincias y ciertos sectores específicos presentarán hojas de balance deterioradas, y no sería raro que los reclamos se atiborren en las ventanillas del Gobierno Nacional. Las organizaciones sociales, comunitarias y deportivas, por caso, inevitablemente presentarán sus reclamos. Administrar esta suerte de “puja distributiva” será esencial para dar tiempo a la recuperación y evitar los desequilibrios nominales en el futuro inmediato.

 

Todos estos efectos sugieren que la chance de que la economía experimente una recuperación en forma de “V” sea una ilusión. Del lado de la oferta, la economía deberá reasignar capital, reacomodar su oferta de trabajo e invertir en nueva infraestructura para cuidar la salud de los usuarios. La demanda saldrá con más cuidado a la calle, las colas en los negocios pueden desestimular parcialmente la demanda presencial, y las familias con ingresos afectados retrasarán consumo hasta mejorar su situación financiera. Las políticas expansivas en marcha, mientras tanto, deberán restringir su acción para ordenarse justo cuando todos estos impactos den lugar.

 

Afortunadamente, estos impactos son duraderos pero no permanentes. Tarde o temprano, la economía recobrará su potencial, pero es posible que esto tarde más que la vacuna para prevenir o curar el virus.

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