Populistas en cuarentena

7 de abril, 2020

Por Augusto Salvatto  Experto Asociado del CEI de la UCA

 

El concepto populista es tan complejo y controvertido que su utilización muchas veces confunde más de lo que aclara. Siguiendo algunos conceptos básicos, podemos entenderlo como una estrategia política a través de la cual un líder personalista ejerce el poder basado en un apoyo no institucionalizado, mediante una narrativa maniquea. Es decir, dividiendo a la realidad entre buenos y malos.

 

El discurso populista puede ser de gran utilidad para ganar elecciones y administrar la abundancia, o tomar medidas que –acertadas o no– den un golpe de timón sobre la economía. Pero definitivamente demuestran sus flaquezas a la hora de gestionar una crisis de semejante magnitud como una pandemia global.

 

Cuando el adversario político es un ser humano, la construcción de narrativas falsas es mucho más sencilla. La verdad pasa a un segundo plano, y lo importante es construir un discurso verosímil y convincente para nuestros potenciales votantes. Sin embargo, cuando el enemigo no es de carne y hueso, la verdad adquiere una renovada importancia. Las fake news duran poco y los relatos se desmoronan como castillos de naipes frente a la frialdad matemática de un virus.

 

Los relatos: primeros en infectarse

 

Los relatos han demostrado ser de las víctimas más vulnerables frente al Covid-19. Y eso ha golpeado también a los líderes populistas que abusan de ellos.

 

“Los brasileños no se infectan ni saltando en aguas cloacales”, afirmó Jair Bolsonaro hacia fines de marzo, reflotando la épica nacionalista que lo llevó al Palacio del Planalto. Unos días antes, al otro lado del espectro político, el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, usó una de sus típicas conferencias matutinas para mostrar sus “escudos protectores” frente al coronavirus: escapularios y amuletos cristianos, con la leyenda que rezaba “Detente enemigo, el corazón de Jesús está conmigo”.

 

Pero el relato y la minimización de los efectos del virus no fueron patrimonio exclusivo de América Latina. Donald Trump pasó por diversas etapas en sus muchas alocuciones sobre la cuestión. Comenzando con un certero “lo tenemos controlado” y defendiendo su necesidad de darle la mano a la gente, más allá de las recomendaciones sanitarias, contradiciendo a los expertos en salud, y luego hablando de “virus chino”, para reforzar el discurso nacionalista e identitario que lo depositó en la Casa Blanca.

 

La realidad y la rápida reproducción del virus, han puesto en jaque este tipo de discursos.

 

Populistas, a cuarentena

 

Ante esta situación, en los tres países mencionados, dirigentes políticos locales han tomado las riendas del asunto, contradiciendo al gobierno nacional, y provocando la pérdida de poder y el descrédito de los líderes populistas. Incluso, muchos miembros del propio gobierno se han enfrentado públicamente a las visiones presidenciales.

 

En las últimas semanas, los discursos de estos líderes han sido desplazados por los de especialistas y figuras más moderadas hacia dentro de los gobiernos. En México, AMLO tuvo que anunciar importantes medidas económicas para contener el impacto de la pandemia, y en EE.UU., Trump cambió radicalmente su discurso. Mientras tanto, en el caso brasileño, diversas fuentes especulan sobre la conformación de una especie de gabinete de crisis dirigido por el General Walter Braga Neto, para gestionar operacionalmente la pandemia, y donde Bolsonaro ha perdido una cuota considerable de poder. A punto tal de que algunos especialistas ya hablan de un golpe blando contra el Presidente.

 

Y es que, como decíamos, el discurso populista puede ser muy útil para ganar elecciones. Pero cuando el tema en cuestión es de vida o muerte, se opta por dejarlo en cuarentena.

 

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