La Gran Depresión está en marcha

10 de abril, 2020

Por Héctor Rubini Economista de la Universidad del Salvador (USAL)

 

 

Cuesta en este momento discernir el final de la caída económica provocada por el Covid-19. La reacción tardía y algo confiada de casi todos los gobiernos del mundo favoreció su difusión. Una vez instalado y diseminado por simple contacto físico, sólo la prevención puede salvar a la raza humana de este virus. Distanciamiento físico e higiene son las únicas armas hasta que se disponga de una vacuna. Mientras tanto (y el mientras tanto podría extenderse al segundo semestre de 2021), no hay otra forma de enfrenarlo.

 

Por segunda vez, el Gobierno de Argentina se apresta a alargar oficialmente la cuarentena. Una trabajosa estrategia que se ha visto perforada más que ostensiblemente en varios grandes centros urbanos, y no solamente el Gran Buenos Aires. La curva de ascenso de contagiados y muertos no debe prestarse a engaño. Argentina todavía está lejos de la masividad de los tests como los ha aplicado Corea del Norte y, tardíamente, el Véneto y otras regiones de Italia. De todas formas, y más allá de no contarse con información completa, es claro que no ha colapsado la estructura hospitalaria, pero los contagios continúan. No se sabe a ciencia cierta cuál es la evolución de la cantidad de contagiados asintomáticos. A su vez la estructura de defensa sigue endeble.  La extensión de la cuarentena y probablemente mayor rigor en el transporte de personas es la única estrategia disponible para evitar contagios y muertes masivas, y concentradas en pocas semanas, haciendo colapsar hospitales, morgues y la vida de la sociedad en buena parte del país.

 

Como hemos advertido desde hace varias semanas, el alargamiento de las cuarentenas asoma como única arma defensiva frente a la muerte (no improbable) de millones de ciudadanos. Pero a mayor extensión, mayor daño a la economía, no sólo presente sino futuro. La rigidez de los mercados permite postergar e incluso evitar quiebras masivas o despidos súbitos como los que empiezan a acumularse en Estados Unidos. Pero también se tornará más dificultosa la recuperación cuando se cuente con la vacuna esperada contra este virus.

 

Mientras tanto, el corto plazo es negativo por donde se lo mire. La República Popular China podrá gradualmente retomar el ritmo de actividad interna pero, por el lado del sector externo, seguirá frenada debido al rezago con el que sus principales socios comerciales comenzaron a padecer la pandemia en curso. Estos, a su vez, requieren semanas de cuarentena para evitar la estampida de contagios y muertes que liquide a buena parte de sus poblaciones. La única forma de subsistir es preservar poder de compra y stocks de alimentos, medicamentos, productos de limpieza, vestimenta adecuada y vivienda. Las familias y las empresas requieren dinero, liquidez de corto plazo para sostenerse. Si la actividad y el empleo se contraen, la cadena de pagos implosiona en pocos días. La supervivencia y el mantenimiento de un piso de flujos de comercio, actividad y vida (no sólo económica) bajo cuarentenas rigurosas se torna inviable sin fuentes extra de liquidez.

 

Al igual que en la salida de la Gran Depresión, la emisión monetaria emerge como única tabla de salvación. En caso de ser insuficiente y/o tardía, la emisión de deuda como medio cancelatorio de pagos y medio de cambio es inevitable. La provincia de Córdoba ya anunció esta semana la emisión de una cuasimoneda de circulación limitada. Aunque no lo quieran llamar con ese nombre, así lo es. Y probablemente su ejemplo sea seguido por decenas de otras jurisdicciones, inclusive municipales, con las finanzas muy golpeadas por las crisis cambiarias de 2018 y 2019 y ahora por una caída abrupta (“sudden fall”, más bien que “sudden stop”) de la actividad económica.

 

Algo que no es nuevo, dados los antecedentes del Lecop y las cuasimonedas provinciales emitidas desde julio de 2001 y extinguidas en marzo de 2004. O los bonos provinciales de las provincias de Salta, Tucumán, Jujuy y La Rioja entre principios de 1984 y mediados de 1991.

 

Si nos remontamos a los años de la Gran Depresión, tampoco pasaron desapercibidas las emisiones (más efímeras) de monedas regionales de Alemania y otros países europeos, como los bonos Wära, de Erfurt, impulsados por Hans Timm, amigo de Silvio Gesell, cuya circulación fue finalmente prohibida por el Ministro de Finanzas en octubre de 1931.

 

Otro casos fueron las monedas locales de principios de los años ’30 utilizados en varios pueblos de Austria, Dinamarca, norte de EE.UU. y Canadá. Común denominador: paliativos para sostener cierto mínimo de liquidez a empresas y familias con una situación financiera insostenible. En unas por destrucción de ingresos por ventas y por capital de trabajo, en otras, por destrucción de vacantes laborales y no apertura de otras nuevas. En ningún caso desplazaron a las monedas nacionales emitidas por los bancos centrales, pero aportaron cierto alivio.

 

El “paisaje” económico que se viene en la economía mundial asoma con peligrosas semejanzas (salvo en materia bancaria) al período 1929-31. La titular del FMI, Kristalina Georgieva, reconoció ayer que caerá el PIB de más de 170 países em 2020. La magnitud y generalidad de este desplome económico torna difícil pronosticar una gran recuperación para 2021. Averiadas las economías de China, EE.UU., Europa y los mayores países emergentes, el efecto impacto sobre el resto del mundo no será transitorio ni fácil de revertir. Como lo advirtió Georgieva, los más vulnerables son los más altamente endeudados, los de sistemas de salud menos equipados y los que cuentan con ciudades densamente pobladas “y barrios marginales donde el distanciamiento social no es una opción”.

 

Tampoco es una opción reducir el gasto público, el déficit fiscal y la emisión monetaria. Pero lo que se viene es un mundo más selectivo, con mayor aversión al riesgo y que va a dificultar la aceptación de la deuda de países emergentes. Entonces, una contracción de demanda de exportaciones, y de papeles de deuda de países percibidos como riesgosos, es un escenario por demás complicado para nuestra región. Escenario que se tornará más dificultosa la recuperación, cuanto mayor sea la persistencia de las cuarentenas y las dificultades para derrotar esta enfermedad.

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