Edad de merecer

30 de abril, 2020

 

Por Federico Recagno Presidente Fundación Éforo y Secretario General de la Organización de Trabajadores Radicales (OTR CABA)

 

La pandemia (no podía faltar esta palabra) volvió a poner el tema de la edad en discusión. La edad que tenemos, además de ser un hecho inevitable, cierto, puede ser un conflicto personal y/o grupal. Hay muchas edades, la tercera edad, la del pavo, la edad media, la crítica, la de piedra, la edad biológica, la que aparentamos, la del crecimiento.

 

¿Qué vas a ser cuando seas grande? ¿A qué edad se es grande? Adolescentes que adulteran o piden prestados documentos para poder entrar a un boliche o comprar alcohol. Adultos que se impactan o se ofenden si los tratan de usted.

 

En la Argentina se puede votar, optativamente, desde los 16 años, a los 18 ya es obligatorio y vuelve a ser potestativo a partir de los 70. Se puede obtener licencia para manejar a los 17 años (con permiso paterno/materno) y a los 18 libremente, mientras que para arriba no hay límite, se pueden tener 100 años y conducir.

 

Está prohibido el trabajo de los menores de 16 años (aunque no se cumpla) y para algunas tareas se precisa ser mayor de 18. La jubilación es posible desde los 60 años para las mujeres, en cambio los varones deben tener 65. Los trabajadores agrarios, por ejemplo, se pueden jubilar a los 57 años mientras que en la rama de la construcción la edad baja a 55 tanto para mujeres como para hombres. Las docentes desde los 57 años y los docentes con 60. Hay más de 35 regímenes diferenciales que posibilitan jubilarse con menor edad.

 

La mayoría de edad es a los 18 años. En las obras sociales, para los hijos de un grupo familiar, la cobertura es obligatoria hasta los 21 años con posibilidad de extensión hasta los 25 inclusive si el hijo/a continúa a cargo, estudia y no trabaja. Las cuotas de los seguros y empresas prepagas pueden aumentar según la edad.

 

Para ser diputado nacional se requiere tener, al menos, 25 años y 30 para ser senador, pero para ser Legislador en CABA 18 años. La edad mínima para casarse es de 18, sin embargo, según el censo de 2010, hay más de 300.000 menores en convivencias de hecho (30% hombres 70% mujeres).

 

Cada tanto se discute el mínimo de imputabilidad penal, que es de 16 años, y la prisión domiciliaria es para mayores de 70. Pero esto último cae ante la realidad que nos dice, en un acto más de pijamada que de cuarentena, que el arresto domiciliario puede ser para cualquiera, en otra prueba de políticas públicas abandonadas al azar y tapadas por la improvisación.

 

Con el aislamiento obligatorio se polemiza sobre la salida a la calle de los mayores de 70, y están exceptuados de trabajar, por riesgo, los que superan los 60. El último decreto dice que las salidas por esparcimiento (ya frustradas) de los niños de hasta 12 años deben hacerlo acompañados por sus padres.

 

Mañana es 1° de mayo, llega inoportuno este Día del Trabajador, y la edad también tiene algo para decir en este caso. Las ofertas de empleo tienen cláusulas, mal disimuladas, para impedir ingresos de los de más de 40 o 50 años. Algo inverso, pero similar, le ocurre a los/as jóvenes con el requisito de la experiencia que los invalida sin chance. Para las actrices y algunas profesiones afines también juega la edad, mezclada con el género. Al respecto, Susan Sontag decía que “los hombres maduran, las mujeres envejecen”.

 

Es lo que se llama “edadismo”, la discriminación basada en prejuicios y estereotipos de edad. Por un lado, la productividad y la cultura del valor “juventud-belleza” parecen poner en situación desventajosa a los derechos laborales de los mayores y, por otro, la precariedad, la informalidad, la escasez de trabajo preexistente, sumada a la crisis inminente, colocan en peligro previo los derechos laborales de los que buscan su primer empleo.

 

La pandemia no tiene que hacernos concluir, erróneamente, que los ancianos van a dejar de existir. Aunque se los vuelva a invisibilizar, según la ONU, en 2018, por primera vez los mayores de 65 años superaron en número a los menores de 5. El coronavirus viene sin Photoshop, no disimula las arrugas, ni cambia la edad que va alcanzando la humanidad.

 

El Covid-19, sin dudar, está generando nuevas conductas laborales, sociales y económicas. Argentina puede ser como “el curioso caso de Benjamin Button” que nace viejo y, poco a poco, rejuvenece hasta hacerse niño. Pasa de la madurez a la más absoluta precariedad del recién nacido.

 

En medio de esta cuarentena, por supuesto, está en juego nuestra salud, pero también en la mesa están nuestros proyectos personales y de país. ¿Hay alguna edad en la que se dejan de tener sueños, ideales, utopías? No importan los años que cada uno tenga, el ser personas nos dice que siempre estamos, por dignidad, en edad de merecer.

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