El Plan Argentina Contra el Hambre: ¿cuál es el foco?

20 de enero, 2020

Por Jorge Paz 

 

El Plan Argentina contra el Hambre (PACH) es una de las acciones del Programa Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional. Propende a facilitar el acceso de la población vulnerable a la Canasta Básica de Alimentos. Para prever su impacto propongo revisar su diseño.

 

Pueden recibir el PACH las madres y padres con hijos de hasta 6 años, y embarazadas a partir de los 3 meses, beneficiarias/os de la Asignación Universal por Hijo (AUH). La identificación para habilitar el cobro surge del cruce de dos bases de datos: ANSES y AUH, por lo que no requiere ningún trámite extra para acceder al beneficio. Así, cuando una mujer está en el tercer mes de embarazo ingresa a la “población elegible” y cuando su hija/o cumple siete años, sale del sistema de manera automática.

 

A esa población beneficiaria se les entrega una tarjeta bancaria que no requiere la acción de intermediarios ni gestores. El tercer viernes de cada mes se recarga y está disponible para adquirir bienes que conforman la Canasta Básica Alimentaria (CBA).

 

Como todo plan o programa, el PACH se asienta sobre determinados supuestos o hipótesis que no se formulan explícitamente en su presentación. Si bien no es necesario explicitarlas para el lanzamiento, tenerlas en cuenta es muy útil para prever lo que se puede esperar en términos de resultados. Entre tales hipótesis son fundamentalmente los siguientes.

 

  • La población beneficiaria de la AUH es la vulnerable.
  • Dicho sector de la población es, a la vez, es el que está enfrentando los problemas mayores relacionados con el estancamiento económico, la falta de empleo y la inflación.
  • El sector más vulnerable, dentro de la población vulnerable, es el integrado por mujeres embarazadas, y niñas y niños menores de 7 años, es decir, niñas y niños que aún no iniciaron la escolaridad formal y los que están en primer año de dicho nivel.
  • Que una vez adquiridos los alimentos sean utilizados para mejorar la nutrición de los miembros de la familia.

 

Aceptando que estos supuestos reflejan la realidad de manera correcta, el PACH puede asemejarse a una mejora en el ingreso proveniente de la AUH. Un fortalecimiento del beneficio de la AUH, con una condicionalidad estricta: que ese aumento sea gastado en alimentos.

 

¿Hasta qué punto esos supuestos se aproximan a la realidad de Argentina hoy? En el cuadro se presentan algunos indicadores de pobreza, de ingresos y de desigualdad de ingresos, que surgen de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) de 2019, los últimos disponibles para el procesamiento.

 

 

Dado que no contamos con datos de embarazos en la EPH, la primera fila del cuadro (sombreada) muestra los indicadores para el grupo hacia el cual estaría dirigido el PACH: el de la población menor de 7 años. Se trata de un grupo con pobreza muy elevada (51,4% vive en hogares pobres), con indigencia elevada (12,2%), con un ingreso familiar bajo ($8.900 por mes), ante un “ingreso necesario” para no ser pobre muy alto (más de $38.000 y más de $40.000 para no ser indigente) y con un nivel de desigualdad bajo (un Gini de 0,242).

 

Pero la información del cuadro nos ilustra la situación comparativa de grupos similares a los beneficiarios del PACH: las niñas y niños de 7 a 11 años tienen más pobreza, un ingreso más bajo y un nivel de desigualdad con sus pares (hogares pobres) similar al del grupo beneficiario. Sin embargo, este grupo, como el siguiente, el de 12 a 17 años, similar a las otras niñas y niños, queda fuera de esta acción del Estado.

 

Sin duda el PACH va a impactar positivamente en el primer grupo, aumentan el ingreso familiar y reduciendo la tasa de pobreza e indigencia, pero no se logra visualizar las razones por las cuales excluir a grupos de alta vulnerabilidad como las/os vecinas/os en términos de edad: es decir, las/os que tienen entre 7 y 12 años y que tienen carencias iguales o más elevadas.

 

El problema, claro está, es económico: los recursos no alcanzan para favorecer a toda la población vulnerable, pero la escasez de recursos públicos no resulta a mi juicio suficiente para favorecer a un grupo y no a otro que está igual o peor que el primero. Quizá (especulo) la razón está en los así llamados “primeros 1.000 días”, argumento que pone el acento en las enormes consecuencias de la mal nutrición en las primeras etapas de la vida de una persona sobre su desarrollo futuro. Pero aún razonando de esa manera no logro explicarme por qué una niña o niño muy pobre de 7 años recibe $0 y otro igualmente pobre, pero de 6, una CBA completa.

 

El plan impactará positivamente en los niños de 0 a 6 años porque aumenta el ingreso familiar y reducirá la pobreza e indigencia, pero no se explica por qué se excluye a grupos de alta vulnerabilidad, como los de 7 a 12 años, que sufren carencias iguales o más graves.

 

Aun bajo el paraguas de los primeros 1.000 días, quedan cuestiones por resolver. Algunas fundamentales, como la manera en que se distribuyen los recursos dentro del hogar, son imposibles de controlar, como así también el comercio clandestino (cambiar verduras por cerveza, por ejemplo), o la actitud de ciertos negocios de cobrar sobreprecios por el pago con tarjetas PACH.

 

Estas consideraciones pretenden simplemente generar una reflexión sobre una acción muy necesaria y pertinente en la Argentina actual. Además, es de destacar que el plan utiliza recursos informativos del Estado (bases de información de ANSES y AUH) para focalizar, una idea muy apropiada y eficiente. Pero hay que tener en cuenta que el éxito del PACH depende efectivamente del supuesto distributivo intra-hogar (dado que se basa en la presunción de los primeros 1.000 días) y que mejora sólo a ese grupo frente a otro muy cercano (7-17 años), igualmente (o más) vulnerable que aquél, y que no recibe nada.

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