Una nueva oportunidad para crear empleo industrial

2 de septiembre, 2019

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Por Marcelo Capello Director de IERAL

 

Hace varios años que la economía argentina crea poco empleo formal, y en algunos sectores los destruye. Por caso, entre 2015 y 2019 la caída del empleo formal en el sector industrial fue de cerca de 150.000 puestos de trabajo. En ese lapso, el resto del empleo formal privado creció cerca de 100 mil puestos de trabajo, y el empleo público lo hizo con 170 mil empleos.

 

En realidad, la escasa creación de empleo en el sector privado comienza en el año 2008, pues entre ese año y 2019 la industria perdió alrededor de 60.000 empleos formales, y el resto del sector privado creó 400.000 puestos de trabajo formales, mientras el sector público incorporaba cerca de 1.200.000 agentes.

 

El último período de fuerte creación de empleo se dio entre 2002 y 2008, cuando el empleo industrial registrado aumentó en 470.000 puestos de trabajo y el resto del sector privado proveyó 1.800.000 de empleos formales extras. ¿Por qué la economía creó mucho empleo industrial en ese período? Las razones son conocidas: se venía de la gran crisis de 2001 – 2002, con altas tasas iniciales de desempleo, gran capacidad ociosa en la economía, y un salario muy bajo cuando se lo medía en moneda dura, pues había pasado de alrededor de US$ 1.000 en 2001 a cerca de US$ 370 en 2002. El bajo costo laboral inicial impulsó sustitución de importaciones y mayores exportaciones, aprovechando el capital existente, a lo que se sumó luego la suba de los precios internacionales de las commodities, impulsos que incentivaron una fuerte creación de empleo hasta el año 2008.

 

Para ese año, los salarios industriales medidos en dólares se ubicaron nuevamente en torno a los niveles de 2001. Y a partir de entonces –con una economía más inflacionaria y cada vez más intervenida, con un gasto público descontrolado y costos laborales crecientes– la creación de empleo formal en la industria resultó marginal. Sólo se creó empleo en los sectores no transables de la economía, a resguardo de la competencia externa, y en el sector público, claro.

 

Una nueva oportunidad para crear empleo industrial

 

Es muy probable que, desde diciembre de 2019, al que le toque administrar el gobierno encontrará nuevamente una situación de tipo de cambio real muy alto (salarios bajos en dólares) y mucha capacidad sin utilizar en la industria. Si durante estas semanas que corren hasta diciembre no se producen hechos económicos que agraven la situación inicial, la nueva administración –si logra generar confianza y aplica un programa económico razonable, con un equipo económico razonable– podrá lograr una recuperación de la actividad industrial y económica en general desde los niveles muy bajos actuales, y tendrá nuevamente la oportunidad de concretar una economía competitiva y exportadora, no sólo de bienes primarios, sino también
industriales y de servicios.

 

Para ello deberá ir concretando reformas que agreguen competitividad estructural a la economía a medida que el tipo de cambio se vaya apreciando desde los bajos niveles iniciales. A la vez, necesitará reducir el déficit fiscal hasta el equilibrio (después de pagar intereses de la deuda), e integrarse progresivamente a la economía mundial, aprovechando la oportunidad que brindará el acuerdo con la Unión Europea. En ese devenir, deberá evitar caer en el problema recurrente de las últimas décadas en Argentina: el de intentar crecer sólo por consumo público y privado, enfocado sólo en el mercado interno. Este camino conduce a una economía inflacionaria y propensa a caer en crisis por escasez de divisas y, finalmente, al fracaso económico.

 

Para evitar las crisis recurrentes del stop and go se necesita un modelo económico que genere un aumento sostenido de las exportaciones y la inversión, por arriba del crecimiento del consumo público y privado. Requiere un sector público ordenado, eficiente y no deficitario, y una economía privada competitiva, tanto desde el punto de vista cambiario como estructural (impuestos, infraestructura, regulaciones laborales, etcétera).

 

Sólo así se logrará crear empleo de calidad, mejorar los salarios en forma sostenida y bajar la pobreza a largo plazo, aunque el camino inicial de ese proceso no resulte tan atractivo desde el punto de vista de la generación de votos. Precisamente por este último motivo es que no logra prosperar en muchas décadas.