El ruido externo vino a destiempo

9 de agosto, 2019

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Por Matías Carugati Economista Jefe M&F Consultora

 

  • A dos días de las elecciones primarias, el frente financiero trae algunas preocupaciones. La semana comenzó con la reacción de China a la decisión de Donald Trump de aumentar las tarifas a las importaciones procedentes de ese país a partir de septiembre. La depreciación de la moneda china, que quebró la barrera de los 7 yuanes por dólar desde 2008, y el freno a la compra de bienes agrícolas norteamericanos desataron una ola de temor a nivel global que, si bien se atenuó rápido, dejó en evidencia que el conflicto está lejos de resolverse. El modo “risk off” se tradujo una caída de las bolsas y un aumento en la demanda de activos de (relativo) bajo riesgo. Para los emergentes el golpe se sintió, principalmente, sobre las monedas y la cotización de las commodities.

 

  • La economía local no se desacopló de la ola internacional. Con datos hasta el jueves, el comportamiento del Merval mostró oscilaciones, manteniéndose algo por encima de los 40.000 puntos. El tipo de cambio (mayorista) subió 1,3%, continuando con la tendencia ascendente que lo devolvió a un valor similar al que mostró hacia fines de abril, cuando la libre intervención del BCRA en el mercado cambiario desató el “veranito financiero”. Y el riesgo país subió 63 puntos, para volver a acercarse a los 900 puntos, línea que había abandonado a fines de mayo.

 

  • La respuesta oficial al shock externo no fue evitar las correcciones de las variables, sino suavizar los movimientos. El BCRA subió la tasa de referencia hasta 63,38% (aunque ya venía con tendencia alcista), mientras que siguió operando activamente en el mercado de futuros, aprovechando la posición neta compradora que se había acumulado. Incluso se rumorea que hubo operaciones cambiarias por parte de bancos oficiales, como para evitar la intervención del Central en el mercado de contado.

 

  • Las turbulencias externas caen en un mal momento para el Gobierno. La semana previa a la votación suele ser importante en términos electorales, porque se entiende que muchas personas deciden su voto a último momento, de forma más emocional que racional. En una sociedad acostumbrada a seguir el minuto a minuto del dólar, la Bolsa y el riesgo país, el rebrote de la volatilidad financiera sólo puede generar intranquilidad. Y eso, para el Gobierno, son malas noticias. Particularmente, porque tiene origen en cuestiones que escapan a su control.

 

  • Las elecciones, en el centro de la escena política y financiera. El escenario incorporado en los activos financieros es uno en el cual la fórmula de los Fernández se impone por poca diferencia a la de Macri-Pichetto y que, además, no se acerca (demasiado) a la línea de 45%. Con dos meses hasta la primera vuelta, el Gobierno tendría tiempo para descontar la diferencia y, si no puede ganar en octubre, forzar una segunda vuelta en la que resultaría victorioso. Los riesgos a este escenario están más volcados al lado negativo. Es decir, hacia unas primarias que dejen mejor posicionado al kirchnerismo para octubre. Pocos realmente creen que Juntos por el Cambio podría imponerse. A esta altura de la semana, y con la veda de encuestas plenamente en vigencia, se trata de especulaciones. Habrá que esperar al domingo para que vote la gente y al lunes para que muevan los inversores.

 

  • El escenario que se abre a partir de este fin de semana es complejo. La dinámica económica va a estar condicionada por factores internos y externos. Estamos todos enfocados en los primeros. Principalmente (y con razón), en el tema electoral. El futuro es muy distinto según quién resulte ganador en las urnas. Sin embargo, al construir escenarios para la economía descuidamos un poco de riesgos externos importantes. El más evidente, como quedó bien en claro esta semana, es el de una escalada fuerte en las tensiones entre EE.UU. y China. También aparece la posibilidad de un Brexit desordenado en el horizonte. El flamante primer ministro Boris Johnson está tratando de forzar una reapertura de negociaciones, pero la UE no parece muy dispuesta a ceder lo acordado con Theresa May. Y, por si fuera poco, hay que tener en cuenta que la economía global podría desacelerarse más de lo anticipado. Todas estas cuestiones pueden, literalmente, sacudir los mercados. Algo para tener en cuenta por todos los candidatos que desean conducir el timón de un barco averiado y que se mueve demasiado cuando el mar se pone bravo.

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